Gastroenterólogo del Hospital Metropolitano de Santiago explica cuándo ayudan y cuándo no
Consumir probióticos se ha convertido en una recomendación frecuente en redes sociales, supermercados y conversaciones sobre salud intestinal. Sin embargo, no todas las personas los necesitan ni existe una fórmula universal. El gastroenterólogo Miguel Contreras Jorge, del Hospital Metropolitano de Santiago (HOMS), advierte que su uso debe responder a una condición concreta y a las características de cada paciente.
Durante el programa Bienestar al Día, conducido por Yadira Pimentel, el especialista explicó que antes de hablar de probióticos es necesario comprender la microbiota intestinal, integrada por bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que conviven de manera natural en el organismo.
Cada persona posee una composición particular, por lo que el abordaje no debe ser igual para todos.
“Muchas de las informaciones que recibimos de manera comercial nos hacen ver que todo el mundo necesita probióticos, lo cual no es cierto”, indicó Contreras Jorge.
¿Qué son realmente los probióticos?
El gastroenterólogo los definió como microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, pueden aportar beneficios a la salud.
Pero insistió en que la elección depende de factores como la edad, la condición clínica, el momento en que se administran y las cepas incluidas en cada preparación.
“No es un tratamiento universal”, puntualizó.
El especialista señaló que pueden considerarse especialmente en personas cuya microbiota ha sido alterada después de determinadas infecciones o tratamientos, aunque su utilización debe evaluarse de manera individual.
Entre los ejemplos mencionó pacientes que han recibido antibióticos durante períodos prolongados o que atraviesan ciertos tratamientos médicos capaces de modificar el equilibrio intestinal.
También destacó su posible utilidad durante la recuperación de algunas diarreas de origen infeccioso, siempre dentro de una evaluación profesional.
Probióticos, prebióticos y simbióticos: no son lo mismo
Aunque los términos suelen confundirse, tienen funciones diferentes.
Los probióticos son microorganismos vivos.
Los prebióticos, en cambio, son componentes presentes en ciertos alimentos que favorecen el ambiente intestinal y sirven de sustrato para microorganismos beneficiosos. Entre ellos se encuentran determinados tipos de fibra.
Contreras Jorge puso como ejemplo el guineo y otros alimentos ricos en fibras.
Los simbióticos combinan probióticos y prebióticos en una misma preparación.
El médico explicó que una alimentación equilibrada, rica en productos frescos y naturales, puede proporcionar componentes que favorecen una microbiota saludable sin que una persona necesariamente tenga que recurrir a suplementos.
“Siempre y cuando consumamos productos y naturales, no necesariamente tenemos que consumir probióticos”, afirmó.
Uno de los escenarios abordados fue el uso prolongado de antibióticos.
Contreras Jorge explicó que estos medicamentos pueden alterar la población bacteriana intestinal, por lo que determinados pacientes pueden experimentar cambios digestivos posteriormente.
También señaló que modificaciones importantes en el estilo de vida como cambios de dieta, horarios, actividad física o mudanzas pueden acompañarse de síntomas como gases, diarrea o alteraciones en el ritmo intestinal.
Esto no significa que cualquier molestia gastrointestinal requiera automáticamente un probiótico.
El especialista insistió en identificar primero la causa y determinar si realmente existe una indicación para utilizarlo.
Kéfir y yogur: ¿hay que tomarlos en ayunas?
El auge de los probióticos también ha impulsado el consumo de productos fermentados como el kéfir y el yogur.
El gastroenterólogo explicó que estos alimentos pueden formar parte de una dieta saludable y contener microorganismos derivados de la fermentación.
Sin embargo, aclaró que no todos los yogures contienen necesariamente las mismas cepas como tampoco ofrecen idénticos efectos.
Asimismo no se considera indispensable consumirlos en ayunas.
“El horario de consumo y este tipo de cosas son costumbres que no necesariamente están vinculadas con un beneficio”, indicó.
Para el especialista, consumir moderadamente yogur o kéfir puede formar parte de una alimentación habitual, pero eso es distinto a utilizar un suplemento probiótico con fines terapéuticos.
Contreras Jorge advirtió que el hecho de que un producto se venda libremente no significa que deba utilizarse indiscriminadamente.
Según explicó, deben tomarse precauciones particulares en personas con condiciones graves, especialmente pacientes hospitalizados en cuidados intensivos, con cuadros sépticos o determinadas alteraciones importantes del sistema inmunitario.
En estos casos, el uso de microorganismos vivos debe ser evaluado directamente por el equipo médico.
“Tenemos que ser cautos con la administración y la prescripción de probióticos y no dejarnos llevar de la moda”, sostuvo.
La microbiota comienza a construirse desde etapas tempranas
Durante la conversación, el gastroenterólogo también abordó los factores que influyen en el desarrollo de la microbiota.
Señaló que la alimentación materna, las primeras etapas de vida, el tipo de parto, la lactancia, la dieta y la exposición al entorno participan en la formación y transformación de ese ecosistema intestinal.
Contreras Jorge explicó que diversos estudios han encontrado diferencias en la composición inicial de la microbiota según el tipo de nacimiento y alimentación del bebé, aunque esto no significa que un niño nacido por cesárea o alimentado con fórmula necesariamente desarrollará enfermedades.
La microbiota, además, continúa modificándose a lo largo de la vida según alimentación, ambiente, medicamentos, enfermedades y hábitos.
El especialista también comentó investigaciones sobre la relación entre exposición ambiental, microbiota y enfermedades inmunológicas. Estas asociaciones continúan siendo un campo activo de investigación y no significan que se recomiende exponer deliberadamente a niños a suciedad, parásitos o agentes potencialmente peligrosos.
La alimentación sigue siendo la base
Más allá del auge comercial de suplementos y productos fermentados, el mensaje del gastroenterólogo del HOMS fue priorizar una alimentación equilibrada.
Proteínas, grasas y carbohidratos de buena calidad, junto con una dieta rica en fibras y alimentos frescos, contribuyen al mantenimiento de la salud intestinal.
Los probióticos pueden ser útiles en determinados escenarios, pero no sustituyen una buena alimentación ni deben consumirse automáticamente porque estén de moda.
La recomendación es sencilla: antes de incorporarlos como tratamiento, conviene determinar para qué se necesitan, qué producto corresponde y durante cuánto tiempo debe utilizarse.
