Santiago. En el mercado de pulgas de que hace cuatro años crearon tres dajaboneras, la comunidad haitiana y la dominicana conviven como si se tratara de una hermandad.
Lo que empezó en un pequeño puesto hace ya 40 años, en el mercado de Pueblo Nuevo, con la venta de ropas usadas, hoy día es un espacio que acoge 150 vendedores haitianos y 800 dominicanos en terrenos ubicados en la avenida Joaquín Balaguer. De ser desalojados del mercado de Pueblo Nuevo por el entonces alcalde Abel Martínez en el año 2016, los vendedores fueron llevados a un solar ubicado en la avenida Mirador Yaque, en el sector el Ingenio.
En enero del 2017 también fueron sacados, tras la junta de vecinos del residencial elevar una acción de amparo y terminaron en el terreno en la autopista Joaquín Balaguer.
Sin embargo, las difíciles situaciones fueron enfrentadas juntas entre vendedores dominicanos y haitianos.

Entendimiento
Luis Alberto Jiménez (Bozo) lleva 24 años al frente del mercado de pulgas y asegura que en ese tiempo no ha habido el más mínimo inconveniente entre los vendedores dominicanos haitianos.
“Entre nosotros se ha dado una hermandad. Los dominicanos cuidamos de los negocios de los haitianos y ellos los de nosotros. El respeto es tal, que hace un tiempo hubo un inconveniente y desde Haití obligaron a la persona que faltó al dominicano, a que regresara a la República Dominicana y volviera al mercado a pedir perdón”, expresó Jiménez, al hablar con reporteros de elCaribe.
El administrador del mercado de pulgas, refirió que en ocasiones, una persona haitiana se enferma y son los dominicanos quienes acuden primero en su auxilio. Jiménez asegura que la comunidad haitiana que tiene sus negocios en el mercado de pulga, todos están en condición migratoria regular.
Destacan la armonía que predomina en mercado
Desde vender ropa usada, tenis, hasta puestos de comida, son operados por los mercaderes de la vecina nación. Otros llegan de manera irregular y se dedican a la venta de limoncillos y otro tipo de mercancías.
Vendedores haitianos destacan la hermandad en que operan los dueños de espacios de ambas naciones. Creen que es posible pueda aplicarse en la sociedad.
