Recoger botellas y largas caminatas por falta de dinero no dejaron que su sueño se truncara
María Magdalena Almánzar recorrió años las calles de Santiago de los Caballeros con una escoba en una mano y un recogedor en la otra, bajo el sol, la lluvia y las dificultades económicas, limpiando la ciudad mientras alimentaba un sueño que para muchos parecía imposible: convertirse en profesional.
Esa mujer que barría calles y recogía desperdicios es licenciada en Derecho, analista jurídica de la Dirección Regional Cibao Norte del programa Supérate, y se convirtió en una de las historias de superación y resiliencia.
Su trayectoria es un testimonio vivo de que la pobreza no necesariamente determina el destino de una persona y de que la educación sigue siendo una de las herramientas más poderosas para transformar vidas.
Su historia comenzó a trascender más allá de su círculo familiar y laboral, cuando el Ayuntamiento de Santiago decidió reconocer su ejemplo de perseverancia durante los actos del Día Internacional de la Mujer, el pasado 8 de marzo recibió la distinción al Mérito de la Mujer en una ceremonia encabezada por la vicepresidenta Raquel Peña, aquella mañana cambiaría nuevamente su vida.
“Cuando escuché a la vicepresidenta mencionar mi nombre me quedé helada, no podía creerlo”, expresa con alegría María Magdalena Almánzar.
A los pocos días recibió una invitación para visitar el Palacio Nacional.
“Eso te hace sentir que no pasaste desapercibida, que valoraron tu esfuerzo”, aduce la dama. Durante el encuentro compartió con Raquel Peña detalles de su historia personal, los obstáculos que enfrentó y las lecciones aprendidas en el camino.
“Hoy cambio la escoba por la toga, pero llevo conmigo el orgullo de cada trabajo que realicé para llegar hasta aquí”, afirma con emoción.
Una promesa frente a una universidad
La historia de María Magdalena también llegó hasta la directora general de Supérate, Mayra Jiménez, impresionada por su perseverancia, decidió integrarla al equipo de la institución, y actualmente se desempeña como analista jurídica en la Dirección Regional Cibao Norte. Paara ella, el nuevo puesto representa mucho más que un empleo.
Nacida y criada en la calle La Muñeca, del municipio cabecera de Santiago de los Caballeros, María Magdalena creció en una familia humilde donde el trabajo era una obligación y la educación un anhelo difícil de alcanzar.
Almánzar es madre de dos hijos, dedicó gran parte de su vida laboral a barrer calles para el Ayuntamiento de Santiago de los Caballeros, empleo que consiguió gracias a una oportunidad que surgió durante una actividad política. Sin embargo, la rutina diaria nunca logró apagar su deseo de estudiar.
Un día, mientras llegaba a su trabajo en el cabildo, observó el edificio de la Universidad de la Tercera Edad (UTE), ubicado frente al Ayuntamiento, aquella imagen marcó su vida.
Lo que en principio le parecía una ilusión terminó convirtiéndose en una promesa personal.
La mujer que recogía botellas para pagar la universidad y alcanzar su meta tuvo que enfrentar obstáculos que habrían hecho desistir a muchas personas. Primero tuvo que terminar el bachillerato, luego se inscribió en la carrera de Derecho, pero estudiar no era suficiente, también debía encontrar cómo pagar cada mensualidad.

Largas caminatas ante falta dinero para pasaje
Mientras trabajaba en las mañanas limpiando calles, junto a su hija mayor instalaba un pequeño puesto de comida en el Hospedaje Yaque para generar ingresos adicionales.
Sabía que los sacrificios eran constantes, y muchas veces caminaba largas distancias desde La Muñeca hasta Los Jardines Metropolitanos para asistir a clases.
“Me iba a pie, caminaba desde mi casa hasta la universidad porque no siempre tenía dinero para el transporte”, relata. Aun así, jamás pensó en abandonar. No todo fueron muestras de apoyo, a medida que avanzaba en sus estudios también tuvo que enfrentar comentarios desalentadores, algunas personas cuestionaban que continuara barriendo calles mientras estudiaba Derecho.
Orgullo
Lejos de avergonzarse de su oficio, convirtió la escoba en un símbolo de orgullo.
