Redacción.- Las alergias suelen asociarse con síntomas leves como estornudos, picazón o erupciones en la piel. Sin embargo, en algunos casos pueden desencadenar una reacción extrema que pone en peligro la vida en cuestión de minutos. Se trata de la anafilaxia, una emergencia médica que requiere una actuación inmediata para evitar consecuencias fatales.
La anafilaxia es una reacción alérgica grave que se produce cuando el sistema inmunitario responde de forma exagerada ante una sustancia a la que la persona es alérgica. Entre los desencadenantes más frecuentes se encuentran determinados alimentos, como los frutos secos, el marisco, la leche, los huevos o el trigo; algunos medicamentos, el látex y las picaduras de insectos como abejas o avispas.
Aunque cualquier persona puede sufrir una anafilaxia, los especialistas advierten de que quienes padecen asma o ya han experimentado una reacción alérgica grave tienen un riesgo significativamente mayor.
A diferencia de una alergia común, cuyos síntomas suelen limitarse a molestias localizadas como picazón, urticaria o congestión nasal, la anafilaxia afecta a varios órganos al mismo tiempo y evoluciona con gran rapidez. En la mayoría de los casos, los primeros síntomas aparecen entre cinco y treinta minutos después del contacto con el alérgeno, aunque en algunas ocasiones pueden manifestarse más tarde.
Le recomendamos leer
Signos de alarma
Los signos de alarma incluyen hinchazón de los labios, la lengua o la garganta, dificultad para respirar o tragar, sibilancias, sensación de opresión en el pecho, urticaria generalizada, dolor abdominal, vómitos, diarrea y mareos. Cuando la reacción progresa, la presión arterial puede descender de forma brusca, provocando debilidad intensa, confusión, pérdida de conocimiento e incluso un paro cardíaco. En estos casos se habla de shock anafiláctico, una situación crítica que requiere atención médica urgente.
Los expertos insisten en que reconocer la diferencia entre una reacción alérgica leve y una anafilaxia puede salvar vidas. Mientras que una alergia común suele afectar a una sola parte del cuerpo y no compromete la respiración ni la circulación, la anafilaxia implica una afectación generalizada y un deterioro rápido del estado de la persona.
Ante la sospecha de una anafilaxia, el tratamiento de elección es la administración inmediata de epinefrina mediante un autoinyector, aplicado en la parte externa del muslo. Este medicamento es el único capaz de revertir la reacción grave y debe utilizarse sin demora. Los antihistamínicos, aunque útiles para aliviar reacciones alérgicas leves, no sustituyen a la epinefrina en estos casos.
Mientras llega la asistencia sanitaria, es fundamental llamar de inmediato al servicio de emergencias y mantener a la persona bajo observación constante. Si no presenta dificultad para respirar, se recomienda colocarla tumbada boca arriba con las piernas elevadas para favorecer la circulación. Si está inconsciente, debe situarse de lado para mantener despejada la vía aérea. En caso de que la respiración se detenga, será necesario iniciar maniobras de reanimación cardiopulmonar si se cuenta con la formación adecuada.
Los especialistas recuerdan que incluso si la persona mejora tras administrarse la epinefrina, debe acudir siempre a un servicio de urgencias, ya que existe el riesgo de que aparezca una segunda reacción horas después, conocida como anafilaxia bifásica.
La prevención sigue siendo la mejor herramienta para quienes conviven con alergias graves. Identificar los desencadenantes, evitar la exposición, informar al entorno sobre la alergia y llevar siempre consigo un autoinyector de epinefrina son medidas que pueden marcar la diferencia entre una recuperación completa y una emergencia con consecuencias irreversibles. En una anafilaxia, cada minuto cuenta y actuar con rapidez puede salvar una vida.
