¿Por qué el colesterol alto puede dañar el corazón sin dar síntomas?

Especialista del Hospital Metropolitano de Santiago explica cómo detectarlo

El colesterol elevado puede avanzar durante años sin provocar síntomas y, mientras tanto, favorecer la formación de placas en las arterias que aumentan el riesgo de infarto y otras enfermedades cardiovasculares. La doctora Dra. Liz Mary De la Nuez, internista intensivista del Hospital Metropolitano de Santiago (HOMS), advierte que sentirse bien no significa necesariamente tener niveles adecuados.

Durante el programa Bienestar al Día, conducido por Yadira Pimentel, la especialista explicó que el colesterol no es, por naturaleza, una sustancia perjudicial. El organismo lo necesita para numerosas funciones, entre ellas la formación de las membranas celulares y procesos relacionados con hormonas, sales biliares y vitamina D.

El problema aparece cuando determinados tipos de colesterol circulan en cantidades superiores a las recomendadas para el riesgo cardiovascular de cada paciente. “Si está en niveles óptimos, el colesterol no es malo, es necesario”, explicó la doctora.

¿Cuál es el colesterol “bueno” y cuál es el “malo”?

De la Nuez explicó que cuando popularmente se habla de colesterol “malo” se hace referencia al LDL, mientras que el denominado colesterol “bueno” corresponde al HDL.

El LDL elevado puede favorecer la acumulación de colesterol en las paredes de las arterias y contribuir al desarrollo de aterosclerosis, aumentando el riesgo de complicaciones cardiovasculares. El HDL, por su parte, participa en el transporte del colesterol hacia el hígado para su posterior procesamiento.

Pero la doctora hizo una precisión importante: no existe un número ideal idéntico para todas las personas. Según explicó, la meta de LDL depende del riesgo cardiovascular.

Una persona joven, sin enfermedades asociadas ni antecedentes importantes, no necesariamente tendrá el mismo objetivo que un paciente con diabetes, hipertensión, enfermedad renal o antecedentes de infarto.

A modo de referencia, la especialista mencionó objetivos de LDL inferiores a 100 mg/dL en determinados pacientes de menor riesgo, por debajo de 70 mg/dL cuando el riesgo cardiovascular es alto y metas incluso inferiores a 55 mg/dL en personas consideradas de muy alto riesgo.

Por eso recomendó evitar interpretar los análisis únicamente comparando el resultado con las flechas o rangos impresos por el laboratorio. “Cada paciente se debe individualizar”, sostuvo.

Puedes ser delgado y tener colesterol alto

Uno de los mitos abordados durante la conversación fue asociar automáticamente colesterol elevado con sobrepeso. La especialista explicó que una persona delgada, físicamente activa y con hábitos saludables también puede presentar niveles elevados debido a factores hereditarios.

Entre las causas primarias mencionó la dislipidemia familiar, mientras que dentro de los factores secundarios citó enfermedades y condiciones como diabetes, hipotiroidismo y obesidad, además del tabaquismo y el consumo elevado de alcohol.

Por eso, cuando una persona mantiene cifras altas pese a llevar un estilo de vida saludable, la historia familiar adquiere especial importancia. Antecedentes de padres o familiares cercanos con colesterol elevado, infartos u otros eventos cardiovasculares pueden orientar al médico hacia una posible causa hereditaria.

El peligro: generalmente no produce síntomas

Una de las características que convierten al colesterol alto en un problema de salud relevante es que puede permanecer silencioso. “Es asintomático”, explicó De la Nuez.

La persona puede sentirse perfectamente bien y desconocer que presenta una alteración hasta que se realiza una analítica de rutina. Los síntomas suelen aparecer cuando ya existe una complicación asociada.

La doctora mencionó, por ejemplo, enfermedades cardiovasculares que pueden manifestarse con dolor de pecho y otros signos. También explicó que elevaciones importantes de los triglicéridos pueden relacionarse con pancreatitis, que puede ocasionar dolor abdominal, náuseas y vómitos. De ahí la importancia de los chequeos preventivos, particularmente en quienes presentan factores de riesgo.

¿Se puede prevenir y cómo se trata?

El tratamiento depende nuevamente del perfil del paciente. En personas jóvenes, sin otras enfermedades y con un riesgo cardiovascular bajo, los cambios de estilo de vida pueden desempeñar un papel central.

Estos incluyen una alimentación adecuada, actividad física, control del peso, eliminación del tabaquismo y moderación del consumo de alcohol. En pacientes con mayor riesgo o con determinadas enfermedades cardiovasculares, pueden ser necesarios medicamentos.

La doctora destacó a las estatinas entre los fármacos más utilizados para reducir el colesterol LDL. Mencionó como ejemplos atorvastatina y rosuvastatina.

Cuando no se alcanza el objetivo planteado, el médico puede reevaluar el tratamiento y considerar otras alternativas farmacológicas dependiendo de cada caso. La especialista insistió en que estos medicamentos no deben iniciarse, suspenderse o modificarse porque otra persona tenga cifras similares. La decisión depende del riesgo individual y debe realizarla un profesional de salud.

El colesterol alto no debe tratarse solo cuando aparecen molestias

Para De la Nuez, uno de los mayores desafíos es que el paciente comprenda la importancia de controlar una condición que no necesariamente siente. Una reducción en los análisis tampoco significa automáticamente que el objetivo ya se alcanzó. “Muchas veces los pacientes se llevan de los valores: ‘Doctora, ha bajado el colesterol’. Pero no está en el nivel que necesitamos”, comentó.

La meta no es simplemente conseguir que el número descienda, sino llevarlo al rango que corresponda según el riesgo de la persona. La especialista recordó que la dislipidemia no tratada puede contribuir con el tiempo al desarrollo de enfermedades ateroscleróticas y eventos cardiovasculares.

Por eso, el mensaje principal de la entrevista fue no esperar a presentar síntomas para conocer los niveles de colesterol. Una analítica puede descubrir lo que el cuerpo todavía no ha comenzado a manifestar.

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