Santo Domingo.- Las altas temperaturas registradas en República Dominicana han llevado a las autoridades a advertir sobre los riesgos del calor extremo, debido a que la sensación térmica podría superar los 40 grados Celsius, una condición que puede provocar golpes de calor, calambres, agotamiento y deshidratación, especialmente entre quienes realizan actividades físicas prolongadas bajo el sol.
En estas condiciones, el organismo enfrenta un esfuerzo extraordinario para mantener una temperatura corporal estable, lo que aumenta el riesgo de deshidratación, golpe de calor y complicaciones cardiovasculares, según coinciden organismos de salud y especialistas.
Aunque con frecuencia se utilizan como sinónimos, la temperatura del aire y la sensación térmica no son lo mismo. La temperatura corresponde al valor registrado por los instrumentos meteorológicos, mientras que la sensación térmica refleja cómo percibe el cuerpo el calor al combinarse factores como la humedad relativa y, en algunos casos, el viento. Cuando la humedad es elevada, el sudor se evapora con mayor dificultad, reduciendo la capacidad natural del organismo para enfriarse.
De acuerdo con meteorólogos, una sensación térmica superior a los 40 grados representa un nivel de peligro para la salud, ya que el cuerpo puede perder progresivamente su capacidad de regular la temperatura interna.
Uno de los cuadros más graves asociados al calor extremo es el golpe de calor, considerado una emergencia médica. La Organización Mundial de la Salud explica que esta condición ocurre cuando la temperatura corporal supera los 40 grados y los mecanismos de enfriamiento dejan de funcionar adecuadamente.
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Entre los síntomas se encuentran piel caliente y seca o muy húmeda, confusión, mareos, dolor de cabeza intenso, náuseas, pulso acelerado y, en casos severos, pérdida del conocimiento o convulsiones.
La exposición prolongada a temperaturas extremas también favorece la deshidratación. Al intentar disipar el calor, el organismo produce más sudor, lo que provoca una importante pérdida de agua y electrolitos. Si estos líquidos no se reponen, pueden aparecer sed intensa, boca seca, fatiga, debilidad, disminución de la producción de orina y calambres musculares. En niños y adultos mayores, la deshidratación puede desarrollarse con mayor rapidez.
El sistema cardiovascular también se ve sometido a una mayor exigencia durante las olas de calor. Para disipar la temperatura, los vasos sanguíneos se dilatan y el corazón debe bombear con mayor intensidad para mantener el flujo de sangre hacia la piel.
Según investigaciones publicadas por la revista científica The Lancet Planetary Health, estas condiciones incrementan el riesgo de descompensaciones en personas con enfermedades cardíacas, hipertensión o insuficiencia cardíaca, además de aumentar la probabilidad de eventos cardiovasculares durante episodios de calor extremo.
Las autoridades sanitarias advierten que algunas personas son especialmente vulnerables. Entre ellas se encuentran los adultos mayores, los bebés y niños pequeños, las mujeres embarazadas, quienes padecen enfermedades crónicas como diabetes o afecciones cardíacas y respiratorias, así como quienes trabajan o realizan actividad física al aire libre durante las horas de mayor calor. También corren mayor riesgo las personas que viven solas o tienen acceso limitado a ambientes refrigerados.
Ante temperaturas extremas, los especialistas recomiendan mantenerse bien hidratado, incluso sin sentir sed; evitar la exposición directa al sol entre el mediodía y la tarde; utilizar ropa ligera y de colores claros; permanecer en lugares ventilados o con aire acondicionado; y evitar bebidas alcohólicas o con alto contenido de cafeína, ya que pueden favorecer la pérdida de líquidos.
Los expertos subrayan que debe buscarse atención médica inmediata si una persona presenta confusión, dificultad para hablar, pérdida del conocimiento, convulsiones, dificultad para respirar, temperatura corporal muy elevada o deja de sudar pese al intenso calor. Estos signos pueden indicar un golpe de calor, una condición potencialmente mortal que requiere tratamiento urgente para evitar daños en órganos vitales.
