Lamar Odom siempre ha sido un jugador muy frágil emocionalmente.
Recuerdo que el dirigente Phil Jackson, antiguo estratega de los Lakers de Los Ángeles, constantemente le motivaba con resultados muchas veces favorables para el laureado recién retirado estratega del baloncesto de la NBA.
Odom ha sido uno de los pocos jugadores, por no decir el único, a quien cuyo dirigente le invitaba a hacer más disparos al canasto, a tener mayor protagonismo en la ofensiva de un equipo. Eso es algo que no se ve a menudo en este deporte.
Son de estos jugadores que se quitan y se ponen con suma facilidad y su más reciente movida me ha confirmado que su carrera está viva por el gran talento que posee, más que por su ética de trabajo o por su actitud para el juego de baloncesto.
Odom y los Mavericks de Dallas llegaron a un acuerdo que le permite al jugador estar inactivo por el resto de la temporada, algo así como una especie de vacaciones. Está con Dallas, pero no puede ser cambiado, al menos durante esta temporada.
Todo comenzó a mediados de diciembre cuando un cambio desde Los Ángeles lo llevó a Dallas.
Él, como si los Lakers fueran de su patrimonio, no vio con buenos ojos esa movida y más nunca jugó baloncesto de alto nivel, más bien fue como una especie de distracción para los actuales campeones de la NBA.
No sé cuál es el “melao” que tiene Los Ángeles, pero no creo que a estas alturas un jugador de la NBA no tenga claro que se trata de un negocio, que un día puede estar aquí y al otro allá y que, por vía de consecuencia, debe estar preparado para lo peor en ese sentido.
Lo que ha dejado claro el señor Odom es que solo con los Lakers funciona, un craso error porque se cierra las puertas en 29 equipos de la liga estadounidense, que seguro lo pensarán dos veces para hacer una negociación que lo involucre.
Me pregunto si otro equipo, que no sean los Lakers será atractivo para él, pues ni siquiera el campeón le enamoró.
