La fiebre mala está en la frontera

Nadie en su sano juicio  puede cuestionar  la regularización de extranjeros  en la República Dominicana ni en ningún país del mundo.

Nadie en su sano juicio  puede cuestionar  la regularización de extranjeros  en la República Dominicana ni en ningún país del mundo. Eso es ejercicio pleno de la soberanía nacional. Tarde estamos buscando remedio. Negocios limpios y legítimos con la contratación de mano de obra barata, tanto en la construcción como en la agricultura. Pero también negocios ilícitos con la compra y venta de indocumentados, y el narcotráfico de drogas, armas, utilizando narcotraficantes colombianos, mexicanos y de otras nacionalidades. Como se ve entonces, la temática es de alta seguridad nacional. Hace tiempo que la soberanía y la independencia nacional están hipotecadas desde la frontera con Haití. Apenas lo estamos descubriendo. Aparte de la frontera están los aeropuertos donde aterrizan a diario  aeronaves que transportan grandes cargamentos de drogas. Cielo, mar  y tierra necesitan vigilancia extrema.

Reglamentar la presencia extranjera con sabiduría. Es más urgente aún por el peligro que representa el narcotráfico que ya permea toda la sociedad a sus niveles altos, medios y bajos. Carteles del narcotráfico internacional que han tomado el país como eje de grandes operaciones desafían la muy disminuida capacidad de las autoridades para controlar la presencia de extranjeros en el país, por aire, mar y tierra. Mencionar al puertorriqueño José Figueroa Agosto y sus diez años anclado en territorio nacional, con múltiples identidades falsas, aviones, vehículos blindados y  con  fuertes vínculos militares, es una sola muestra de lo extraordinariamente peligroso que es no tener controlada la presencia de extranjeros en el país. Y otra prueba más de que el problema traspasa las fronteras de los haitianos. El caso Paya, de los narcotraficantes colombianos muertos en Baní, es otro ejemplo. Lo de Puerto Plata y los alemanes ni qué decir.

Con los haitianos, el problema grave está en la frontera. Sin poner una fuerte seguridad fronteriza, todo seguirá igual. Urge la creación de una guardia fronteriza  debidamente entrenada para enfrentarse al multibandalismo y la presencia masiva de haitianos ilegales provenientes de esta zona del país. Faltan oficiales del Ejército que dirijan sus tropas sin permitir que sean sobornadas por las mafias que controlan el narcotráfico desde el exterior. Es impostergable la regularización estricta, organizada y justa de los extranjeros. Y de aquellos que sólo entran y salen. Pero nada de eso implica aplicar leyes que atropellen los derechos humanos. Ese trujillismo es inaceptable. Al formular la propuesta del nuevo Plan Nacional para la Regularización de los Extranjeros, el presidente Danilo Medina da en el clavo. Con Haití es vital. Dos Estados en un mismo territorio sólo pueden convivir tranquilos  hablando. Ese es el camino correcto.

Sin confrontación diplomática estúpida, innecesaria e inoportuna. La fiebre mala está en la frontera. Comencemos por  detectarla y controlarla. Suspender a la República Dominicana del Caricom es una medida extrema, solo  profundiza más la disputa y causa mayor fricción. Se sabe que hay sectores instigados por las grandes potencias (Francia, Estados Unidos, Canadá y España) que están interesados en atizar el fuego y la discrepancia. Algunos por competencia desleal con el negocio del turismo, y otros con el propósito de  imponer el anhelado proyecto de la fusión. El cuerpo diplomático y consular de la República Dominicana necesita ponerse a la vanguardia. Una condena en la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos sería fatal en este momento.  Pero hace falta que se eche a un lado el  proyecto de mandar al pelotón del fusilamiento la nacionalidad dominicana de los que ya nacieron en el país y que no tienen  por qué pagar las culpas de sus padres ilegales. Ese drama humano  tiene que remediarse. De lo contrario al país puede costarle bastante caro.

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