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Importancia del contrato con Barrick

El contrato entre el Estado y la minera Barrick Gold es un tema tremendamente relevante al menos por tres razones.

El contrato entre el Estado y la minera Barrick Gold es un tema tremendamente relevante al menos por tres razones. Primero, porque se trata de una inversión mayúscula para una economía del tamaño de la dominicana. La inversión es de cerca de US$4 mil millones y los rendimientos netos totales a lo largo de los 25 años del contrato alcanzan más de US$20 mil millones. Esto equivale a incrementar las exportaciones nacionales, en promedio, en 30%. A su vez, el contrato estipula que cerca de la mitad de los ingresos netos vayan a las arcas gubernamentales en ese período. Es como si se incrementaran los ingresos públicos en más de un 5% todos los años, pero podría ser mucho más que eso en los primeros años.

Segundo, por las potenciales implicaciones ambientales. Son ampliamente conocidos los riesgos de las explotaciones mineras a cielo abierto. La anterior dejó severos daños ambientales con importantes implicaciones económicas, especialmente en materia de agua. El contrato con la Barrick estipula que la empresa se hará cargo de ese daño, pero los costos de la reparación fueron incluidos en la inversión, la cual el mismo contrato y los precios actuales del oro garantizan que será pagada en un plazo corto.

La empresa argumenta que la tecnología del nuevo proyecto entraña un impacto ambiental mínimo, pero entendidos dudan por la enorme cantidad de agua que usará el procesamiento del material extraído y porque el uso de cianuro, un material altamente contaminante, es ineludible. La empresa asegura un manejo responsable, siguiendo el código internacional en la materia. Pero la verdad es que debido a la debilidad del Estado y a su falta de determinación, nadie tiene garantías de ello. La palabra de Barrick es claramente insuficiente y el riesgo inmenso.

Tercero, porque debido a sus proporciones, los términos finales de ese contrato seguramente marcarán la pauta de un nuevo modelo de economía extractiva en la República Dominicana. Lastimosamente, la minería es la única fuerza visible que cambiará el relieve económico en el futuro inmediato. Si el contrato termina beneficiando en exceso a la corporación, sería seguro apostar por la repetición de una nueva forma de expansión económica con exclusión, sin que aprovechemos, especialmente para beneficio de quienes el país le ha ofrecido menos oportunidades, una riqueza que se va y no vuelve.

Hay que evitar que lo que quede sea un gran hoyo humeante, y eso pasa por un contrato fiscalmente provechoso y que asegure la protección del entorno y sus aguas.

En materia de recursos para el Estado, el contrato estipula tres fuentes de ingresos: el retorno neto de fundición o regalía de un 3.2% del valor de las ventas; un 25% por concepto de impuesto sobre la renta, y un 28.75% de las utilidades netas del proyecto. En conjunto, estos tres valores se acercan al 50% del rendimiento del proyecto.

Dos cosas llaman la atención. Primero, que el impuesto sobre la renta forme parte del 50% del Estado. Las obligaciones impositivas no forman parte de los rendimientos de un proyecto, sino que los gravan. Por ello, no es cierto que los beneficios se repartirían en partes iguales. Un 30% para el Estado y el resto para la Barrick parecen más aproximados. Es difícil ver justeza en eso para con quien pone el mineral y se expone a los riesgos ambientales. En contraste, en este momento, los riesgos para la Barrick son casi nulos.

Segundo, que de esas tres fuentes, sólo la regalía sea recibida por el Estado desde el inicio de las exportaciones. Es a ese 3.2% al que se refirió el Presidente en su discurso. El resto se recibiría sólo después que la inversión haya sido totalmente pagada a los bancos que prestaron los recursos y a la Barrick. Al precio actual del oro, eso podría ser en algo más de tres años.

El Presidente tiene incentivos para buscar ingresos ahora y no dejarlos para después que entregue el mando, pero la sociedad también los tiene para unirse al reclamo, simplemente porque aunque es la misma cantidad nominal la que se recibiría a lo largo de la vida del proyecto, un peso hoy vale mucho más que un peso mañana. En este caso, adelantar los flujos del Estado es sinónimo de incrementarlos.

Por lo anterior, cambiar los términos del contrato para que el Estado empiece a recibir más recursos prontamente implica inclinar la balanza a favor del país. El resto es hacer que el Estado los invierta bien, pero esa es otra batalla.

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