Las cárceles dominicanas (1 de 2)

    La historia penitenciaria dominicana se inició en el período de 1502-1507 con la construcción de la Fortaleza Ozama, erigida como un edificio militar.

    Es la más antigua y completa construcción militar de la isla, desde la cual se inició la conquista de las Américas. La edificación fue iniciada por Fray Nicolás de Ovando en el 1502, en piedra coralina extraída del mar, de un color ocre.

    Su construcción, bajo la responsabilidad del Maestro Mayor Gómez García Varela, fue realizada en varias etapas y conservó su uso militar hasta la década del 1970, cuando se liberó de elementos añadidos dándole la configuración original. Como todo recinto militar, no pueden faltar los lugares destinados para privar de libertad a determinadas personas. Por eso, la Fortaleza Ozama, fue provista de diversas mazmorras y calabozos, donde, entre otras personalidades, estuvieron presos Cristóbal Colón y sus hermanos Diego y Bartolomé, por orden del comendador Francisco de Bobadilla.

    No podemos dejar de citar que entre los presos notables que fueron encerrados en la Fortaleza Ozama se destaca Juan Pablo Duarte, el forjador de la República Dominicana, junto a Juan Isidro Pérez de la Paz, Pedro Alejandrino Pina, Ramón Mella, Francisco del Rosario Sánchez, Juan Evangelista Jiménez, Gregorio Delvalle y J. J. Illas. La Fortaleza Ozama fue construida con la forma de un castillo medieval europeo, también fue un lugar de castigo para los negros esclavos que incurrían en faltas o que simplemente intentaban sublevarse por los malos tratos y los fuertes trabajos a que eran sometidos.

    El principal fin al construir la Fortaleza Ozama fue el de defender la ciudad contra los ataques de piratas y corsarios, pero como todo recinto militar, fue provista de las mazmorras ya mencionadas para encerrar a las personas que atentaban contra el sano desarrollo de las actividades colonialistas.

    Allí también encerraban a los piratas que eran capturados en sus intentos por penetrar a la ciudad. Pero también estuvieron, en calidad de preso, destacadas figuras de la historia republicana, entre estos el expresidente Jacinto Peynado, que pasó allí varios años durante la dictadura de Buenaventura Báez.

    También Horacio Vásquez, luego de ser derrocado por el general Rafael Leonidas Trujillo, en 1930, por citar solo dos casos. Desde su construcción hasta mediados de los años de 1960, fue uno de los principales recintos carcelarios que tuvo la República Dominicana y fue la sede del Ejército Nacional, donde el dictador Rafael Leonidas Trujillo, en 1930, orquestó diversos planes para alzarse con el poder.

    Justamente en el 2010 la Fortaleza Ozama cumple 503 años de construida y fue el punto de partida para que las demás fortalezas que se construyeron en el país, sean utilizadas también como recintos carcelarios, lo cual se mantiene en la actualidad, pues la mayoría de las cárceles están en recintos militares y la custodia de los reclusos está bajo la responsabilidad del personal militar destacado en esos lugares.

    La Fortaleza Ozama tiene la distinción de no haber sido tomada por la fuerza de las armas, a pesar de todas las intervenciones militares que la ciudad soportó durante siglos. A la izquierda de la entrada de la fortaleza está la estatua de Gonzalo Fernández de Oviedo, que fue enviado desde Salamanca, España, hacia Santo Domingo para ocupar el cargo de capitán de la fortaleza y director de la prisión. Es decir, que buscando en la historia de las cárceles, además de ser el primer recinto carcelario, la Fortaleza Ozama trajo consigo al primer director de prisiones que tuvo la isla en la persona de Gonzalo Fernández de Oviedo, quien fue definido como un hombre de mucho talento.

    Fue un antropólogo, interesado en el estudio del hombre; fue etnólogo, interesado en el estudio de las razas; fue cronista e historiador, autor de la importante Historia Natural y General de las Indias y un naturalista que documentaba la flora y la fauna de las islas del Caribe.

    El Fuerte de San Felipe
    La segunda obra militar de importancia construida por la colonia española y que también sería utilizada como recinto carcelario es el Fuerte de San Felipe, ubicado en la costa de la isla del lado norte, en Puerto Plata, frente al océano Atlántico. Fue levantada como un fuerte básico de la defensa de la costa norte.
    Desde la época de Carlos V, en 1541, hubo intención de erigir una fortaleza defensiva de esa parte de la isla para protegerse de las acciones permanentes de piratas y saqueadores que intentaban saquear la colonia. Los trabajos se iniciaron en los años 1562-65, con la anuencia de Francisco Ceballos, importante personalidad de Puerto Plata, quien muere en 1572, cuando ya los trabajos de la fortaleza estaban iniciados. Durante ese período el contrabando fue elemento fundamental de las economías del norte de la isla. Ceballos fue sustituido por el segundo alcaide Pedro Rengifo y Angulo, quien concluye la obra en el año de 1577. En el frente de la obra se lee aún: “Dio fin a esta fortaleza el capitán don Pedro Rengifo, alcaide de ella, año 1577”.

    La fortaleza de San Felipe sufrió las violentas acometidas de numerosos piratas y corsarios. En 1605, durante el proceso de las devastaciones de Osorio, la ciudad fue totalmente asolada, sin que se tocara, a pesar de las órdenes de destruir la fortaleza. Durante las posteriores ocupaciones en el siglo XVIII, la fortaleza hubo de ser restaurada y el nombre de San Felipe fue dado en honor a Felipe V, entonces Rey de España. En ambos lados de la fortaleza se construyeron torres que dan al recinto una conformación medieval, con puente y fosos para evitar los ataques por tierra. Tiene un extenso camino de ronda con gran plaza de armas, siendo el elemento más importante el cubo o torreón central de ochenta pies de diámetro que más tarde sirviera como prisión durante la época de la República y de la lucha contra España a partir de 1863. Más adelante, veremos el uso que en la actualidad se le da a la Fortaleza de San Felipe, que aunque ya perdió su utilidad como punto de defensa ante eventuales ataques por mar, todavía es utilizada como recinto carcelario.

    Las cárceles a principios del siglo XX
    Para fijar una idea de las condiciones de las cárceles en los albores del siglo XX, más adelante presentamos un artículo publicado a principios del siglo pasado, en el cual se da cuenta de que el problema de las cárceles dominicanas y su mal estado, tales como hacinamiento, sobrepoblación e insalubridad, es algo que el país viene arrastrando desde hace más de 100 años.

    El interesante artículo publicado en la edición del 7 de febrero de 1901 en el periódico “El Nuevo Réjimen” bajo el título: “Nuestras Cárceles”, muestra que las inquietudes de ahora, en torno a las condiciones de las cárceles, son las mismas de hace 100 años atrás. Lo único que ha cambiado son los presos, las autoridades y los escenarios. Es bueno aclarar que el nombre del referido periódico se escribía con “J” y así aparecía en sus ediciones de principios de siglo XX: “Nuevo Réjimen”.

    Para la ocasión y con 100 años de atraso, se podría afirmar que las condiciones de las cárceles dominicanas iban acorde con la época. Los principales motivos de prisión tenían que ver mucho con la simpatía de los acusados con las autoridades de turno de los inestables gobiernos que se sucedían uno al otro, siempre bajo el poder de las armas.

    Para mandar una persona a la cárcel también se tomaban muy en cuenta las acciones que atentaban contra las buenas costumbres y las posiciones de periodistas e intelectuales expresadas en los artículos de opinión que aparecían en la prensa nacional.

    Pero las prisiones por razones políticas eran las principales causas de las privaciones de libertad a principios del siglo XX , y se mantuvieron hasta 1978 cuando el doctor Joaquín Balaguer fue derrotado por el Partido Revolucionario Dominicano con su candidato Don Silvestre Antonio Guzmán Fernández. Así lo hacían saber los numerosos periódicos que circulaban para la fecha, muchos semanalmente, otros quincenal y mensual. l

    Nuestras cárceles

    A continuación el artículo sin firma publicado en el país el día 7 de febrero del año 1901.
    “Las reformas que hay, loable intención, de llevar a cabo en nuestras cárceles si no son todas las que debieran hacerse ni las que están más en consonancia con los principios las prescripciones que la higiene indican, tienden a lo menos a corregir los capitales defectos que se notan en estos centros de corrección, focos de verdadera amenaza para la salud de los que allí son detenidos.

    La higiene, que es el elemento principal que se tiene hoy día en cuenta al emprender obra de esa naturaleza, falta en absoluto en ellas, haciéndose casi imposible la vida ante aquellos vetustos muros que causan grimas al ánimo más esforzado.

    Basta decir que el edificio que hoy se utiliza en esta ciudad como cárcel, fue construido en el siglo XVII, para que se saquen las lógicas consecuencias de la inmensa distancia que las separan de los hermosos palacios que se levantan en los modernos tiempos para servir de centros de enseñanzas y regeneración.

    Aspirar nosotros a suntuosas cárceles, sería pretender imposible, dado los escasos recursos con que cuenta la República. Pero pedir y hasta exigir en nombre de humano sentimiento de acondicionamiento de los salones y celdas que sirven naturalmente para los detenidos políticos o los que cumplen condenas, es cosa que no amerita ni remite dificultad insuperable.

    Reducido es el precio de costo que se pide para las principales Reparaciones, y si nos atenemos a los desembolsos y gastos que hace el Ejecutivo en otras atenciones que no revisten carácter de urgencia. Creemos y esperamos no lo detendrá la insignificante suma presupuesta para ordenar inmediatamente se lleven a cabo las reparaciones más indispensables. Nos consta el tesonero empeño desplegado por el gobernador de la provincia y el procurador general y el interés del celoso ministro de justicia, licenciado don Genaro Pérez.

    Cuanto hagan en ese orden, cuanto sacrificio se impongan en hacer menos dolorosa la actual situación de los desgraciados que cumplen condenas, será obra de bien y que perdurará no solo ya en la conciencia de la sociedad la que sabrá tributar justiciosos aplausos a los que saben cumplir con los deberes de sus cargos. Manos a la obra, sin entorpecimiento ni desmayo que den cabida a las dudas”.

     

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