Las obras públicas

Los anteriores gobiernos, y en especial los de Leonel Fernández, acostumbraron a los dominicanos a una política de obras públicas…

Los anteriores gobiernos, y en especial los de Leonel Fernández, acostumbraron a los dominicanos a una política de obras públicas fundamentada en grandes obras de infraestructura y en los megaproyectos como buque insignia. Entre elevados, túneles y líneas del metro dichas gestiones gubernamentales dejaron sin dudas un legado muy visible.

Sería mezquino decir que estas obras eran innecesarias o que no han resuelto problemas importantes como el congestionamiento del tránsito en ciertas rutas y sus naturales consecuencias como el gasto excesivo de combustible y la pérdida de tiempo productivo. A pesar de sus indiscutibles ventajas, empero, siempre será cuestionable la ubicación de estas obras en la jerarquía de prioridades de los previos jefes del Ministerio de Obras Públicas en un país con necesidades tan básicas como, por ejemplo, la simple y poco onerosa reparación de cañadas.

Es entendible, sin embargo, que en un Estado permeado por tanto tiempo por la corrupción que hasta convirtió en rutina el “grado a grado” y el otorgamiento de “comisiones”, los grandes proyectos resultaron siempre más interesantes y jugosos para los funcionarios que obras pequeñas que quizás eran prioritarias pero que no dejaban espacio para amplios márgenes de “ganancias”.

Es por esto que sorprende positivamente el enfoque del nuevo Gobierno en esta materia y la actitud asumida al respecto por Gonzalo Castillo, actual ministro de Obras Públicas, quien, sin minimizar la importancia de los proyectos citados, se ha concentrado en resolver situaciones más urgentes para numerosas comunidades del país como la creación y reparación de cientos de kilómetros de caminos vecinales o la reconstrucción de puentes destruidos por tormentas.

Bien lo dijo el presidente Danilo Medina cuando estaba en campaña, visitando un barrio de una provincia sureña y palpando las elementales necesidades de sus moradores: “Para estas personas, un camino vecinal es su metro”.

Si bien somos muchos los que nos beneficiamos de la existencia de mega obras como los elevados, por ejemplo, son más los dominicanos que ni siquiera han tenido la oportunidad de utilizarlos porque en los lugares remotos donde viven sus graves problemas requieren de soluciones más básicas. Y esto parece que ha sido claramente comprendido por las actuales autoridades, que ya han dado muestras de ello en menos de cuatro meses de gobierno.

Ojalá esa visión gubernamental de “priorizar a los chiquitos” (mayoría irrefutable en el país) perdure. El inicio con buen pie es muy prometedor.

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