“El arte es como los hijos, unos salen buenos y algunos salen regulares”

A sus doce años, a Pedro Oviedo le gustaba el arte, las manualidades, la artesanía, dibujar objetos, fabricar alcancías de bambú y hacer “monitos” con las semillas de cajuil, a los cuales les ponía “ojitos” brillantes y los vendía como&#8230

A sus doce años, a Pedro Oviedo le gustaba el arte, las manualidades, la artesanía, dibujar objetos, fabricar alcancías de bambú y hacer “monitos” con las semillas de cajuil, a los cuales les ponía “ojitos” brillantes y los vendía como suvenir. Recuerda las malas notas que obtenía en las asignaturas y en conducta por ponerse a dibujar en horas de clases, pero al mismo tiempo recuerda con agrado la admiración que le profesaban profesores y compañeros de estudios por su destreza al dibujar los personajes de los paquitos. Aunque su trabajo como artista empezó temprano, y a pesar de pertenecer a la familia Oviedo, su temor a hacer cuadros siempre estuvo presente en él, por lo que se inclinó por otras facetas del arte como el baile, peluquería, maquillaje, decoración de eventos, diseño de modas, entre otros estilos. “Siempre tuve temor de hacer cuadros, porque no quería ser reconocido como el sobrino de Ramón Oviedo, y aunque Ramón y yo estamos estrechamente ligados, mi temeridad de convertirme en pintor me llevó a buscar el arte en otras vertientes”, señaló el artista.

¿Cómo se inicia usted en el arte?
Vine a la capital a temprana edad con mi madre por los años 48/49. En la adolescencia mis padres me enviaron a Puerto Rico, a estudiar en una academia militar, y fue a partir de ahí que arranqué con todo. Luego, fui a Nueva York a estudiar peluquería; regresé a Santo Domingo por un tiempo, siempre con mi vena artística, trabajando coreografía, maquillaja, peluquería… Estudié pintura en Altos de Chavón con Carlos Montesí, y en la Universidad Pedro Henríquez Ureña estudié “Perspectiva”. Después, fui a Londres a estudiar peluquería con Vidal Sasum, luego a Alemania con Esteban Martínez, a una feria de modas, y allá fue donde vi los trabajos de pintura decorativa sobre superficies y los tratamientos a las paredes. En una feria, en Igueldo, vi unas muchachas trabajando paredes, algo que nunca había visto, y me quedé allá para ver ese trabajo.

¿Existe relación entre un artista plástico y la decoración?
Sí, porque tú sabes que en realidad me defino como un artista del color y de las formas. Ahí relaciono todo. Porque, de nada vale hacer una decoración o una pintura fabulosa con el color equivocado. El color tiene mucho que ver. Después que vine de Igueldo, donde vi eso de acabado decorativo, quedé muy entusiasmado. Entonces, viajé a Miami, donde visité librerías en busca de libros que me hablaran sobre esa técnica, hasta que encontré uno que tenía la dirección de la escuela en Long Island; me fui para allá y me inscribí, siempre contando con el apoyo de mis padres. Como ya tenía el conocimiento de la pintura decorativa, empecé a hacer eso en paredes. Pero qué pasa, que cuando limpiaba las brochas, sacudía y sacudía sobre un papel, y luego las pasaba para limpiarlas, se mezclaban uno y otro color, entonces fui viendo las formas que se formaban, y empecé a hacer arte en lienzo, que es una fusión de acabado decorativo con sus texturas y materiales con el arte plástico.

¿Qué opina del arte en RD?
El arte aquí es increíble. El arte aquí va hacia adelante. Hay una gran cantidad de talentos en todas sus vertientes. Va lejos sí, ha llegado lejos hasta ahora, porque Ramón tiene el mural en las Naciones Unidas y en París tiene otro. Tenemos personas como Guillo Pérez, fallecido, Cándido Bidó… El arte tiene aquí mucho futuro. Los artistas que vienen subiendo ahora vienen con texturas fabulosas.

¿Cómo definiría usted su trabajo?
Mi familia me dice artista, jaja jaja… Hago tantas vertientes que podría decirte que soy un artista amante de la vida y la expreso en todas mis manifestaciones. En cuestiones de artes plásticas que estoy incurriendo ahora, me considero bastante innovador, porque estoy haciendo algo que no se había hecho, que es el arte decorativo con el arte plástico. Yo vivo la vida, yo vivo un arte. Y… ¿cómo me definiría? un artista de la vida.

¿Ha realizado algún trabajo que le haya conmovido?
Me conmovió mucho cuando me llamaron para que restableciera el Palacio Nacional, ya que me sentí un Miguel Ángel dominicano. Me he sentido muy bien con algunos trabajos que he realizado para empresas privadas, empresarios y personalidades del país. Otra gran obra que realicé fue la remodelación de la Glorieta del Parque Enriquillo. Hicimos un trabajo espectacular, eso me llenó de satisfacción y orgullo.

¿Qué piensa de la crítica de arte?
Hay unos maestros críticos de arte que no se pueden tocar, que son buenos, lo que pasa es que hay algunos que quieren inventar, sin ser críticos de arte. Hay algunos que critican exposiciones sin ni siquiera asistir a ellas. Las ven en el periódico para luego criticar. Otros quieren lucirse, inventar criticando, pero no, no, no… Una vez le llevé a Ramón una pieza mía y le pregunté que si estaba bonita, y él me dijo que el arte no tiene que ser bonito, o es bueno o es malo. Nunca olvido eso.

¿A qué otras facetas se dedica?
En estos momentos estoy escribiendo una novela, porque mi padre, Tomás Oviedo, fue poeta, pensador y trabajó para la Academia de la Historia. Él fue maestro y se dedicó a escribir, hizo un libro: “Memorias del maestro Camilo”. Era una tremenda persona, muy artístico. Los Oviedo son personas artistas. Mi mamá, Luisa Caminero, era maestra de escuela y visitadora social, una mujer con mucho sentimiento, una educadora muy querida en el pueblo de Azua. La novela ya está terminada, lo que me falta es darle unos toques, se llama “Ángeles en Constanza” y trata sobre la vida, el amor, la tristeza; sobre las personas, la felicidad y sobre dónde está Dios. Muchas personas preguntan dónde está Dios y miran para arriba. No, Dios está en el corazón, está en todas partes, en todo lo que está vivo, sobre todo dentro de nosotros mismos. Es una pieza muy bonita, muy poética.

Herencia
Mantengo un Oviedismo, pero no quiero parecerme a él. Quiero que se sienta que fue un Oviedo que hizo la obra, que vengo de su escuela, pero no quiero imitarlo”.

Maestro
Aprendí color con Guillo Pérez y estuve mucho tiempo en el taller de Ramón, el cual considero padre de la pintura dominicana”.

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