Los bubíes y flamencos se alejan de Manzanillo

    MANZANILLO, MONTECRISTI.- Ya los bubíes no vuelan como antes lo hacían en los manglares de la bahía, ni tampoco los flamencos emigran durante el invierno desde La Florida para reproducirse en los cayos del litoral atlántico. Apenas dispersos en pequeños grupos se observan los pelícanos en algunos cayos, ignorando tal vez el peligro de extinción en ciernes que les amenaza desde hace varios años.

    ¿Qué pasó con estas aves migratorias que poblaban la costa atlántica de Monte Cristi y la Bahía de las Águilas, en Pedernales?

    Los responsables de toda esta barbarie son pescadores, haitianos y dominicanos, que impunemente cazan estas especies protegidas, burlando la vigilancia de los guardaparques del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

    Y, aunque en ocasiones, los depredadores son apresados, sometidos y encarcelados, como afirman los funcionarios de la dependencia, asombra la facilidad con que salen de la cárcel y vuelven a reincidir en las acciones criminales tipificadas y sancionadas por la legislación vigente.

    Desde los cayos Siete Hermanos, frente a Fort Liberté, hasta Punta Burén, en el extremo de la bahía, las aves marinas han sido víctimas de traficantes que las cazan para  comercializarlas clandestinamente.

    El inmenso refugio de vida silvestre, donde los manglares se aplastan por efecto de los vientos alisios que pasan por la isla de este a oeste, ha dejado de ser el anidamiento de millares de bubíes que durante la estación de invierno se constituían en colonias reproductivas de estas especies de gaviotas, científicamente conocidas como Sterna fuscata.

    Los bubíes no son sólo cazados, sino que les son destruidos sus anidamientos en las costas, acabando de esa manera con el ciclo de reproducción.
    Ante el acoso y el exterminio, estas especies no tienen otra opción, para subsistir, que la de emigrar para siempre del hábitat, privando a la isla de su maravilloso encanto.

    Olga Lobetty Morel, directora de Medio Ambiente y Recursos Humanos de la provincia de Monte Cristi, reconoce los efectos de la caza de las especies protegidas.

    “Son acciones criminales a las que le damos seguimiento. Los guardabosques tienen instrucciones precisas de perseguir y apresar a los pescadores que son sorprendidos depredando estas especies para comercializarlas”, asegura.

    De hecho, en la relación de sometimientos judiciales hechos en los últimos meses figuran siete casos de pescadores apresados, “aunque sólo duran dos o tres días en prisión, pagan una multa, y no se sabe cómo vuelven a sus andanzas a los pocos días de haber sido aprehendido”, se lamenta.

    Morel también hace hincapié en las vedas que periódicamente se hace con los crustáceos, principalmente cangrejos, con el objetivo de que haya un equilibrio entre la conservación y la pesca.

    Los flamencos

    Con la caza indiscriminada de flamencos el crimen es peor. Estas aves, que también dejaron de visitar al lago Enriquillo por los efectos de las inundaciones y que daban un espectáculo único a los nativos y visitantes de la zona, sufrieron los rigores extremos de la caza a lo largo y ancho de la bahía.

    “Ahora, nuevamente están volviendo, aunque en la cantidad de unos años atrás. Los flamencos eran cazados y vendidos a traficantes de aves exóticas”, comenta la funcionaria.

    Los flamencos venían en manadas de distintas islas caribeñas. Después del invierno volvían a emigrar. Estas aves, cuando son heridas en sus patas, fácilmente son atrapadas debido a la delicadeza de sus extremedidades, lo que les dificulta la movilidad.

    La pesca

    Después de la sal marina, la pesca constituye la principal actividad económica de la provincia de Monte Criti, cuya bahía es una cantera en especies acuáticas. La pesca en la Bahía de Manzanillo, aunque con algunos controles dispuestos por las autoridades del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, es una actividad muy generalizada, pues Monte Cristi abastece el mercado de casi todo el Cibao y una gran parte del Distrito Nacional. La Marina de Guerra tiene registrado 1,856 pescadores de pequeñas embarcaciones (botes y yolas) y 7 barcos destinados a la actividad en los bancos pesqueros que exiten en el litoral.

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