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El mismo dilema

Acabo de leer un excelente libro sobre Jesús de Nazaret escrito por Reza Aslan, donde se analiza el contexto histórico de la vida de Jesús. El análisis desde una perspectiva histórica, pone de relieve la compleja relación entre la vida pública&#823

Acabo de leer un excelente libro sobre Jesús de Nazaret escrito por Reza Aslan, donde se analiza el contexto histórico de la vida de Jesús. El análisis desde una perspectiva histórica, pone de relieve la compleja relación entre la vida pública y política, y la religión. Naturalmente la salida fácil para algunos está en la respuesta : “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. No obstante, esta respuesta sencilla resulta compleja, pues fue formulada para eludir una trampa.

Y las evidencias resultan abundantes…La crucifixión era la muerte reservada por Roma a los sediciosos. Muerte calculada para dar un escarmiento público tan cruel que sirviera de advertencia, a quienes osaran cuestionar la autoridad imperial. En un mundo sin internet, aquel pavoroso espectáculo debía quedar grabado en la memoria colectiva, para ser divulgado de manera dramática, para producir terror. Algunos eruditos señalan que es inexacto llamar “ladrones” a quienes murieron junto a Cristo, y que la traducción exacta es “bandidos,” designación utilizada por tantos regímenes para denigrar a sus adversarios.

Cristo recibió un castigo reservado a los sediciosos porque su mensaje cuestionó radicalmente al estatus quo social, político y religioso de su época. El Nuevo Testamento narra el conflicto de Jesús con los sacerdotes del Templo de Jerusalén, ejemplarizado por un Pilato que se lava las manos. (Aunque la evidencia histórica apunta a que Pilato, enviado a mantener el orden en una provincia conflictiva, no andaba “lavándose las manos”) Y es que el Templo era el centro de la vida religiosa, cultural, política y hasta financiera del pueblo judío. Los romanos, como expertos imperialistas, entendieron que para controlar al pueblo judío se hacia necesario colaborar con los sacerdotes del Templo, pertenecientes a las clases privilegiadas.

El gesto de rebeldía de Cristo de tumbar las mesas con dinero, fue una reacción a las actividades mercantiles dentro del Templo, indispensables para su funcionamiento, pues los judíos peregrinaban para presentar un sacrificio de un animal purificado, que debía ser adquirido en una de sus plazas interiores, y para ello debían cambiar dinero, y hasta tomar prestado. ( Dada la inapetencia de los dioses, las partes más nobles terminaban siendo consumidas por los sacerdotes, y el resto por el pueblo.) Con esta acción, Jesús cuestionó la institución que era parte fundamental del entramado del poder de la sociedad judía.

Recientemente, hemos sido testigos de personas enterradas vivas en una fosa, para robarles sus vehículos, vendidos a bandas de Haití. Muchos han recibido indiferentemente este nuevo acto de barbarie. ¿Nos estamos acostumbrando a lo anómalo? ¿ O debemos actuar responsablemente para enfrentar este creciente deterioro social? El dilema que enfrentamos no es diferente al que enfrentó Jesús de Nazaret hace más de 2,000 años…

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