Tendremos PLD para rato

Otra vez se puso de manifiesto la marcada división del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) cuando ayer, de manera absurda, se produjeron…

Otra vez se puso de manifiesto la marcada división del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) cuando ayer, de manera absurda, se produjeron dos discursos sobre la reforma fiscal, uno del presidente del PRD, Miguel Vargas Maldonado, a las 5:00 de la tarde, y otro del excandidato presidencial Hipólito Mejía a las 7:00 de la noche.

Tan común se ha vuelto esto que ya parece ser aceptado de manera generalizada que existen dos o más PRD y que la verdadera oposición de los líderes de ese partido está más dirigida a sus contrincantes internos que al partido de Gobierno.

Y por ello resulta insoportable conversar sobre el tema con la mayoría de los dirigentes perredeístas (de cualquiera de las “corrientes”), porque lejos de hablar de unión, del futuro del partido o de propuestas de equilibrio y consenso, se dedican a denostar a la cabeza de la parcela contraria y a teorizar sobre por qué tal o cual tuvo la culpa de las derrotas electorales.

Mientras los miembros del PRD pierden tiempo en estos asuntos bizantinos, en comportarse como títeres perfectos de un brillante titiritero que los maneja a su antojo y en ejecutar a la perfección un guión diseñado con mucha antelación para debilitarlos de caras a las elecciones del 2016, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se fortalece y como inteligentemente “lava sus trapos sucios en la casa” proyecta una imagen de unidad que, aunque algunos sabemos que no es real, para la mayoría de los dominicanos es la percepción que impera.

Sorprende que personas inteligentes y hombres maduros actúen de esta manera. Que las emociones opaquen la razón y que las ganas de “desquitarse” sean más fuertes que el deseo de llegar al poder. Y no hay que ser analista para ver todo esto con pasmosa claridad como lo hace cualquiera, excepto muchos de los que están dentro de un partido al que parece haberle caído algún maleficio de ceguera e irracionalidad.

Y lo triste es que no importan las maneras en que la situación del PRD se hace evidente, en que es cada vez más claro (para todo el mundo menos para los perredeístas) que de continuar el camino actual dirigen al partido a un derricadero, siguen en las mismas sin darse cuenta de que somos muchos los que no queremos nada con ellos mientras sigan priorizando sus pugnas personales por encima de los intereses del colectivo.

La conclusión a fin de cuentas es simple: si el PRD no se pone seriamente las pilas, tendremos PLD para rato.

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