Turismo sostenible en Bahía de las Águilas

El anuncio del Gobierno de iniciar el desarrollo turístico de bahía de Las Águilas chocó frontalmente con la ilegalidad de la titularidad de unas tierras agrestes que desde el 11 de agosto de 1983 pertenecen al Parque Nacional Jaragua, pero que…

El anuncio del Gobierno de iniciar el desarrollo turístico de bahía de Las Águilas chocó frontalmente con la ilegalidad de la titularidad de unas tierras agrestes que desde el 11 de agosto de 1983 pertenecen al Parque Nacional Jaragua, pero que en el 1994 quisieron ser traspasadas para absurdos asentamientos agrarios sobre un lapiaz desarrollado en la roca caliza desnuda, sin suelos agrícolas, y que se han convertido en 1491 títulos de propiedad irregular, la mayoría de ellos con más de 31 hectáreas.

Y es que la prisa gubernamental en anunciar el proyecto turístico no consideró que el Poder Judicial no ha resuelto el problema legal de la sustracción de unas tierras que al pertenecer al parque nacional no pueden ser comercializadas ni asentadas.

Bahía de las Águilas es la única zona del país donde 20 minutos son suficientes para que, a través de la súper carretera minera de la Alcoa, usted pase del calor tropical de la hermosa playa de arenas blancas al frío invernal de El Aceitillar y El Charco de la Paloma, en el tope de la antigua isla de Bahoruco, pasando por las rojas minas de bauxita, fuentes del aluminio.

Bañarse en las aguas más cálidas del mar Caribe tropical, almorzar en una impresionante cueva que fue habitada por los primeros aborígenes de la isla, pasar la tarde con las hermosas aves de la virgen isla Alto Velo, cenar en una antigua mina de bauxita, disfrutar de una noche inolvidable bajo la luz de las estrellas y en medio de pinus occidentalis, y dormir placenteramente en altas montañas con bajas temperaturas naturales, es un privilegio que sólo el Suroeste puede ofrecer.

Recorrer el lago Enriquillo, remanente endorréico de un antiguo canal marino formado por grandes fallas geológicas, permite conocer el más grande y enigmático lago de agua hiper salina de toda la región del Caribe, situado muy por debajo del nivel del mar, y habitado por una fauna prehistórica representada por cocodrilus acutus, iguanas rinocerontes (cyclura cornuta) e iguanas de ricord (cyclura ricordi) y donde la gente se pregunta ¿porqué si toda el agua que le entra es dulce, el lago es tres veces más salado que el mar? Y la respuesta es la alta evaporación que concentra las sales en el lago.

Visitar las antiguas minas de sal gema, las que eran explotadas por los primeros aborígenes de la isla, quienes venían desde grandes distancias a buscar estas sales medicinales de sodio y potasio, permite aprovechar para conocer las minas de yeso, las minas de larimar y los corales que marcan el antiguo nivel del mar Caribe cuando la sierra de Bahoruco era una escarpada isla calcárea.

Subir hasta el “polo magnético” de la comunidad de Polo, es disfrutar de la mejor ilusión óptica que al bajar la pendiente le hace creer a su cerebro que todo sube atraído por un campo magnético inexistente, y usted nunca sabe si lo vivió o lo soñó.

Escalar la ladera sur de la sierra de Neiba, próximo a La Descubierta, permite observar los petroglifos tallados por los aborígenes en la roca caliza miocénica emergida del fondo oceánico, y disfrutar del mejor baño en los grandes manantiales de aguas dulces y frías de Las Marías, Las Barías, Boca de Cachón, La Zurza, Los Patos y San Rafael son experiencias inolvidables, y envidiables para otros polos turísticos.

El problema del turismo del Suroeste es que no puede estar condicionado a legalizar unos títulos de tierras de origen ilegal por estar dentro de un parque nacional.

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