Adiós a un personaje de La Brega

En su natal San Rafael del Yuma, segundo municipio de la oriental provincia de La Altagracia, expiró el pasado martes un luchador de toda la vida que por sus peripecias por la supervivencia de sol a sol, en mares y bosques, valles y montañas, desafiando en ocasiones los tiburones del canal de la Mona y los fieros jabalíes de Juanillo, Saona, Palmilla y Granchorra, ganó méritos suficientes para convertirse en personaje de novela, exponente como lo describiera el escritor Aquiles Julián, de nuestra más acendrada picaresca.

Eladio Hernández, Lalo, el mismo Eulalio Güílamo de La Brega, novela que publicáramos en 1994, fue el hermano mayor de Malaquías Güílamo, el intrépido pionero en la organización de viajes ilegales desde la región Este a Puerto Rico conocido como Pedro Hernández, El Ciego, cuya vida oscilaba muchas veces entre los desenfrenos de las parrandas y el recogimiento espiritual de la Iglesia Evangélica.

El seno familiar de los protagonistas de La Brega, con padres como el diestro decimero Edelmiro Beltré, quien no era otro que Eusebio Rosario alias Capitán, de la numerosa prosapia de Los Bojucos, cónyuge de la abnegada Remigia Güílamo (Nieves), lo completaban además de Lalo y El Ciego, la hermana Ramona Hernández (Brígida), recientemente fallecida, y los sobrevivientes Isidro (Fredesvindo) y Miguelito (Lépido), muy bien reconocidos en el paraje de Los Atajadizos, de la imaginaria aldea de La Guarapa.

Manuel Mora Serrano, Bruno Rosario Candelier, José Rafael Lantigua, Francisco Comarazamy, Lil Despradel, Emilia Pereyra, Federico Henríquez Gratereaux, Vivian Jiménez y todos los críticos que dentro y fuera del país quedaron intrigados por la identidad de los perfiles humanos de La Brega siempre se preguntaban si eran auténticos o mero producto de la imaginación. Ahora que muere el hermano y consejero de Malaquías Güílamo, debo decir que las vivencias de las personas noveladas superaban con creces lo narrado.

No podíamos obviar este adiós a un digno representante de los humildes, los del montón salidos, como cantara el gran Federico Bermúdez.