“Yo no concibo mi vida sin Jesús”

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Juan Francisco Puello tiene una larga trayectoria tanto en el béisbol como en derecho.
Juan Francisco expresa que “estoy en un desapego total y absoluto de esta tierra; claro, con los pies en la tierra, pero con la mirada fija allá arriba en Jesús”

Juan Francisco Puello Herrera heredó de su padre su inclinación por el béisbol, hasta tal punto que en la actualidad se encuentra inmerso en diversas actividades deportivas, que incluyen ligas de beisbol y softball. Aunque nació en la Capital, su niñez transcurrió entre Puerto Plata, Azua y Salcedo, ya que como su padre era doctor en Derecho, se desempeñó como fiscal en dichas provincias, a donde se trasladaba junto con su familia.

Proveniente de una familia de San Juan de la Maguana, Juan Francisco nos comenta que cuando tenía cuatro años su madre le enseñó a leer. “Ella me contaba que la halaba por la falda del vestido y le decía que quería aprender a leer para así poder leer los muñequitos que salían precisamente en elCaribe.

Recuerda que viviendo en Salcedo, su padre tuvo problemas con Petán Trujillo, lo que le obligó a volver de nuevo con su familia a San Juan de la Maguana. Allí inició sus estudios primarios a la edad de cinco años en el Colegio Parroquial de las Monjas Dominicas y luego realizó el bachillerato en el liceo público, recibiendo su título de bachiller a los 17 años, cuando vino a estudiar a la universidad.

1. Núcleo familiar
Nací en la capital, que para entonces era Ciudad Trujillo. Nací en la Clínica Doctor Betances circunstancialmente, porque mi padre, José Puello Rodríguez, luego de pasar un tiempo largo en la frontera como maestro de primera enseñanza y después inspector, vino a la capital con mi madre Sarah María Herrera Lagrange a estudiar Derecho. Tengo dos hermanos, José Joaquín y María Luisa Puello Herrera, soy el menor de los tres. Cuando tenía dos años, mi padre empezó un periplo como fiscal en distintos pueblos del país, como Salcedo y Puerto Plata. Después a mi padre lo trasladaron a Salcedo, allí él me enseñó a jugar beisbol; aunque soy derecho, me enseñó también a batear a lo izquierdo, tenía cinco años. Luego, mi padre tuvo un problema con Petán Trujillo, lo cancelaron de su puesto y nos fuimos de nuevo a San Juan de la Maguana, donde mi vida transcurrió hasta los 17 años cuando vine a la capital a estudiar a la universidad”.

2. Sus padres
Mi madre era una mujer de un temperamento muy fuerte, era una líder en San Juan. Allá le decían “La generala”, incluso cuando la gente iba a la oficina de mi padre, nunca preguntaban por él, sino por ella, que aunque no era abogada, manejaba, además de la casa, la oficina. Mi padre era de temperamento más apacible, y por eso realmente era que había esa química de ellos llevarse tan bien. Cuando mi padre estudiaba Derecho, como tenía que trabajar, mi madre le ayudaba a repasar las materias que tenía que examinar; así mi mamá se fue empapando de las nociones de Derecho, y se hizo abogada, no por correspondencia, sino ayudando a mi papá en sus estudios. Una vez, mis padres iban en una caravana haciendo labor política por las calles de San Juan y fueron abucheados, a partir de ahí nunca más él se metió en política. De hecho, yo quedé curado para siempre cuando vi que las mismas personas del pueblo con las cuales uno compartía, porque eran amigos, comenzaron a abuchearlos por cuestiones políticas. Eso me llevó a mí a jamás meterme en política”.

3. Rodeado de ángeles
Mi reencuentro con Jesús no tuvo nada que ver con ninguna tragedia, porque en mi vida siempre han estado presentes los ángeles. Era un muchacho muy tremendo en San Juan de la Maguana, no era fácil. En distintos momentos de mi vida creo que he estado rodeado de ángeles, porque estuve al perder la vida en más de cuatro oportunidades siendo muchacho: caídas de árboles de bastantes metros de altura; en una piscina en San Juan quedé con la cabeza atrapada en unos tubos, cuando intentaba pasar por debajo del agua de la parte pequeña a la grande, y gracias a Dios pude salir; recibí pelotazos y pedradas en la cabeza. También, yo fui boxeador amateur en un lugar aquí, donde se practicaba por entretención, y recuerdo que una vez tuve una fractura en el dedo pequeño producto de una pelea, fui mal enyesado y eso ocasionó que mi dedo quedara torcido”.

4. Reencuentro con Jesús
Mi reencuentro con Jesús ha sido uno de los momentos más importantes de mi vida. Nuestra familia es muy católica, pero la fe no se hereda. En 1987 tengo un reencuentro con Jesús que cambió mi vida. Doy un giro de 180 grados, no de 360, porque me hubiera quedado en el mismo sitio. Esos 180 grados me hacen ser una persona muy diferente y empieza lo que llamo la vida eucarística. Desde 1987 hasta la hecha escucho la eucaristía y comulgo diariamente sin fallar, y cuando salgo del país, que lo hago con alguna frecuencia por asunto de beisbol, de trabajo, lo primero que hago es buscar un templo para recibir el cuerpo de nuestro Señor. He escrito nueve libros de carácter espiritual, y estoy escribiendo uno de sociedades comerciales, sobre Libertad Religiosa y otro que tiene que ver con Introducción al Derecho y Derecho Comercial. En ellos transmito mis vivencias espirituales, y todos esos artículos salen de la eucaristía, de mi encuentro personal y diario con Jesús, Él ha llenado mi vida, me ha enseñado algo muy importante en la vida que es que lo material no vale nada, absolutamente nada”.

5. De familia antitrujillista
Después de que mataron a Trujillo, mi casa en la calle Trinitaria numero 33 sirvió de centro de acopio para recoger firmas y fondos para sacar a los Trujillo del país. Tenía once años. Recuerdo que junto a mi familia dormimos durante tres noches encima de una casa de zinc, porque Los Paleros nos iban a quemar la casa, que el jefe era Balá, quien luego murió en 1967, si mal no recuerdo, un comando se responsabilizó de eso. Con un tirapiedras y las canicas en las manos me pasé esas tres noches sin dormir. Gracias a Dios no sucedió nada, y finalmente los Trujillo se fueron del país”.

6. Momentos impactantes
Yo vi el cadáver del general Rodríguez Reyes cuando la matanza de Palma Sola. Lo vi en San Juan de la Maguana, frente a la Policía Nacional, estaba en una ambulancia, se lo iban a llevar para la capital, me subí encima de la ambulancia y lo vi. Recuerdo que estando en la Clínica Internacional, vi a Antonio Imbert Barrera llegar herido, eso fue cuando el atentado a Trujillo, yo había venido de San Juan para entrar a la universidad. Mis padres me había mandado donde una tía que vivía en la Juan Pablo Pina para que me quedara ahí y fuera a ver al doctor Luis Velázquez, que trabajaba en la Clínica Internacional, a ese lugar fue a donde llevaron a Pedro Livio Cedeño cuando el atentado a Trujillo, mi hermano fue uno de los que los recibió. Estando allí llegó Imbert Barrera con una ametralladora Thompson diciendo que no se le acercara nadie, lo vi cuando llegó herido. En ese momento, el doctor Velázquez me haló y me metió a su consultorio”.

7. Su esposa
Algo muy importante en mi vida ha sido el haberme casado con una mujer tan maravillosa como mi esposa Mirna Martínez Noboa, médico, nacida en Azua, cuando yo tenía 23 años. Vamos a cumplir 45 años de casados, tenemos cinco hijos, Paula Michel, Sara Patricia, Bernaliza, Juan Francisco y Pablo José Puello, todos casados; tenemos siete nietos. Lo digo en todas partes, no cambio a mi esposa por nada ni por nadie, eso no está en juego en mi vida, ella es una mujer que ha llenado mi vida, sin ella no podría vivir”.

8. Un milagro de Dios
Mi esposa no podía tener más hijos por problemas de várices, el médico le había dicho que no podía quedar embarazada, incluso ella estaba ligada, un procedimiento que se lo había hecho una amiga, la gineco obstetra Rosa América Martínez de Paredes, que fue su compañera de estudios. Anteriormente se atendía con el doctor Calventi, pero por su avanzada edad, ella recurrió a su amiga. Cuando mi esposa salió embarazada lloró mucho por lo complicado del caso, pero cuando dio a luz se le desaparecieron las várices, o sea que es un regalo de Dios y ese es el más pequeño de nuestros hijos, Pablo José, de casi 28 años y que gracias a Dios ha sido una felicidad para nosotros”.

9. Comisionado de béisbol
Estoy vinculado al béisbol desde muy pequeño, pero empiezo con una liga que se llamaba “La Liga del Sur”, que aglutinaba a los jugadores de las reservas de los equipos tradicionales de la época. Antes eran solo cuatro equipos: Las Águilas, Las Estrellas Orientales, Licey y Escogido, entonces habían unos jugadores reservas que los equipos les tenían que pagar aún no jugaran. Se jugaba en San Juan de la Maguana, Baní y en San Cristóbal, ahí fui presidente durante unos años; luego, en 1983 me llamaron para la vicepresidencia de la Liga de Béisbol de la República Dominicana. Entonces, en 1984, renunció su presidente, Plinio Jacobo, fenecido. En ese entonces, yo estaba en Panamá en un juego de exhibición de Las Águilas y El Escogido, y cuando regresé me nombraron presidente de la Liga. Luego, de 1984 a 1991, como presidente de la Liga, y de 1991 hasta la fecha como Comisionado del Caribe, que es el encargado de organizar la Serie del Caribe. Mis labores no solo son con el beisbol, sino también con mi oficina de abogados. Soy miembro de la Escuela Nacional de la Judicatura, el único miembro no juez; allí me desempeño como miembro de ese consejo”.

10. Fundación Ciriaco Sancha
En Los Alcarrizos tenemos una fundación, para enseñarles un oficio a esos muchachos y muchachas que deambulan por las calles, y un consultorio que maneja mi esposa. Ella inició debajo de un árbol a dar consultas y ahora va a un consultorio que hay allí. Es una fundación que tenemos hace bastante tiempo, sobre todo hemos combatido las drogas en ese lugar. Al inicio nos tiraban piedras, nos hacían la vida imposible, pero gracias a Dios, poco a poco, hemos hecho un trabajo allí, hemos logrado que muchos muchachos y muchachas puedan sostenerse con lo que han aprendido. Sor Fidelia, junto con mi esposa, fue quien creó eso”.

Asalto a la casa de Monseñor Reilly

Presencié cuando el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) asaltó la casa de Monseñor Thomas F. Reilly en San Juan, eso fue en 1961, un mes antes de que mataran a Trujillo. Tenía 10 años cuando Trujillo empezó los ataques contra la iglesia, a través del SIM. Él enviaba prostitutas a las misas, ahí diríamos que comenzó un ataque muy feroz a la iglesia.

Recuerdo que mi tío Juan Herrera Lagrange, hermano de mi mamá, estuvo en la cárcel de tortura La 40. Cuando veo que mi tío está encabezando la turba en contra de los sacerdotes, yo no lo entendía, me preguntaba el porqué mi tío estaba ahí, pero luego nos enteramos de que fue obligado por el SIM, entonces los seguí. Ellos fueron primero a la casa de Monseñor Reilly y le cayeron a pedradas, la destruyeron, luego fueron a la casa curial y por igual la vandalizaron, sacaron todo lo que había ahí, muebles, sillas, aparatos de proyectar películas que tenían los sacerdotes…

Vi todo eso, fui testigo de eso, no lo entendía en ese momento; realmente no entendía otras cosas. Por ejemplo, a Trujillo lo vi dos veces de cerca, una en los desfiles que nos obligaban a hacer, en ese entonces estaba en el Colegio Parroquial de San Juan de la Maguana, y la otra vez fue en el hotel Maguana, donde vi a mi tía Cristina Herrera LaGrange, hermana de mi madre, lanzarse arrodillada a los pies de Trujillo para que le soltara dos hijos que tenía presos en La 40, José Vetilio y Nelson Valenzuela Herrera. Gracias a Dios, Trujillo los liberó, luego de eso que hizo mi tía”.

Apodo
Cuando muchacho era muy travieso, por eso mis amigos me apodaron Juan Candela, precisamente por las tremendidades que como niño hacía”.

Felicidad
La llegada de mi primera hija, Paula Michel, fue un momento de mucha felicidad. Los hijos lo que hacen es darle estabilidad al matrimonio, de eso no tengo la menor duda”.