Los panfleteros y Abbes García en nuevas novelas

Tiempos recios, del Nobel peruano Mario Vargas Llosa y Aventuras y desventuras de un joven en la Era de Trujillo, del ingeniero vegano César Arturo Abréu Fernández obligan a desempolvar de nuestras bibliotecas obras publicadas en la primera década del siglo XXI, como La fiesta del chivo, del primero, junto Los panfleteros de Santiago y su desafío a Trujillo, de la Comisión Permanente de Efemérides Patrias. Son lecturas, indiscutiblemente, de continuidad y rescate.

El argumento central de Tiempos recios es el asesinato por órdenes del dictador dominicano Rafael Trujillo del presidente guatemalteco Carlos Castillo Armas en 1957, acción terrorista en la que jugó un papel protagónico el siniestro personaje Johnny Abbes García, pero debiera llamar la atención de los dominicanos la insistencia, puesta en boga últimamente, de que el hombre está “vivito y coleando” en Nueva York. Vargas Llosa, quien lo dio por muerto en La fiesta del chivo, sorprendido en una conspiración contra el tirano Francois Duvalier, ahora se desdice sumándose a los que aquí dicen que su “muerte” se trató de una vendetta.

Abréu Fernández, quien sufrió las cárceles infernales de la dictadura, rescata en su novela junto a otros mártires de la época, a los jóvenes santiagueros la Unión de Grupos Revolucionarios Independientes, quienes al ser llevados a La 40 se presentaron ante los allí encarcelados: “Estamos presos porque descubrieron que somos los autores y distribuidores de unos panfletos que decían, el primero: Viva la revolución. Abajo el tirano. Libertad o muerte”. La segunda consigna de “los panfeleteros” era más provocadora: “con perdón de la expresión, Trujillo es un mierda”. Se sabe que de 30, como los Caballeros, fueron asesinados 27.

De acuerdo con el historiador Juan Daniel Balcácer, el asesinato masivo se produjo el 29 de enero de 1960. Al año siguiente el dictador corrió la misma suerte, pero 58 años después los valientes muchachos no son reconocidos como héroes. En el 2007, santiagueros como Negro Veras, abogaban por una calle para Wenceslao Guillén, dirigente principal de Los Panfleteros.

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