“Empecé con el anhelo de escribir accidentalmente”

Marcia Castillo comenta que, aunque no ha escrito un libro sobre neurología, se mantiene redactando para revistas nacionales e internacionales, así como en constante participación en estudios científicos sobre esta rama de la medicina.

Además de ser neuróloga y presidenta de la Fundación Contra el Mal de Parkinson, Marcia Castillo es la autora del libro de cuentos “Sólo voy por Café” y de un segundo sobre poesías místicas que verá la luz en enero. Esta amante de la lectura, nació en Sánchez, Samaná, en el seno de una familia con devoción religiosa. Su madre, una mujer cristiana y maestra, fue cultivando en ella, desde muy temprano, el gusto por la lectura.Cuenta que en una galería “que parecía infinita” se oía un ‘crujir’ de pasos sobre el piso de madera , donde ella, sus primos y sus hermanos, azorados escuchaban las historias fantásticas que su abuela les contaba. Para Marcia, eran historias que viajaban de generación en generación, por caminos invisibles y, que en ese instante, develaban el misterio que llenaba la oscuridad de miedos, pero también de un encanto mágico.

Jessica Bonifacio
Foto Cedida por Marcia Castillo
l ¿Qué la motivó a escribir su primer libro y a querer redactar otros?
l Empecé con el anhelo de escribir accidentalmente. Todo comenzó cuando leí un fragmento del relato literario “Ágrafa musulmana en papiro de oxyrrinco”, de Juan José Arreola, que dice: “Te busqué a ras de tierras y no te vi. Tuve que cavar hasta el fondo para encontrarte”. Me encantó tanto, que pensé: “me hubiese gustado haber escrito eso”. Además, leí una entrevista que le realizaron a la periodista española Rosa Montero en la que ella decía: “Si hay algún libro que tú quieres que sea leído y no está escrito, escríbelo tú”.
l ¿Cuál fue la parte más difícil de
escribir su primer libro?
l La idea del libro y los cuentos que están en él, ya los venía ‘masticando’ hace algunos años. Cuando decidí hacerlo, la mayor dificultad fue elegir qué relatos iban en “Sólo voy por café “ y cuáles esperarían en el banquillo hasta el próximo libro.
l En su primera experiencia: ¿sintió algún temor al momento de culminar el libro y ponerlo en circulación?
l Sería insensato decir que no se teme cuando se narra. Supongo que es porque escribir se asemeja un poco a mostrar el interior de una casa, que aunque no sea tuya, tú vives ahí... eres parte de ella. Tenía miedo, incluso, el día de la puesta en circulación. Ese día, un amigo me dijo “tu obra deja de ser tuya cuando los otros la leen y entendí”.
l ¿Tiene esta primera obra un poco de Marcia Castillo?
l Esta pregunta genera mucho interés en las personas por razones que no logro entender… Claro que hay algo del autor en su obra, es imposible que no se permee lo que uno es en lo que se narra. No obstante, este libro no es una biografía novelada. Yo intenté que nada humano me fuera ajeno, precisamente, porque humana soy... no sé si lo logré.
l ¿Qué logró con su primer libro de cuentos y qué desea alcanzar con un segundo sobre poesía?
l Yo no puedo hablar como una erudita de las letras, pues no me siento que lo soy, pero rayaría en la hipocresía si no digo que tal vez se trata de conectar con el lector, de trascender en el tiempo y crear algo extraordinario. No se trata de un despliegue poético de narración, y Augusto Monterroso lo plasma bien cuando habla de la fecundidad del escritor: “Hoy me siento bien, un Balzac, ya estoy acabando esta línea”.
l ¿Qué valoración tiene sobre los
personajes de sus cuentos?
l Los personajes tienen vida desde que el autor los concibe. Galeano dijo en una entrevista que “las historias tocaban su hombro y les decían cuéntame”, entonces, decidía si merecían la pena ser contadas. Igualmente, decía que “las historias tienen piernas invisibles”. Supongo que el autor sólo decide cuándo y cómo mover los hilos, no obstante, hay personajes veleidosos que tumban el pulso de su creador.
l ¿Qué muestra al lector en su segunda obra?
l Recién acabamos de terminar un poemario nada pretencioso que titulamos “La poesía no sirve para nada”. En él, hay poemas místicos y metafísicos, sin alejarnos de lo humano. En carpeta está un tercer libro de narrativa. Cuentos, como siempre, que retratan la psiquis y la intrahistoria del ser humano.
l Esta segunda obra tiene un título controversial, ¿a qué se debe?
l Surgió durante una conversación que tuve con un amigo psiquiatra, con quien comparto mis cuentos. Un día al hablar de unos de esos cuentos mitológicos, me dijo que no le gustaba que estuviera hondando en la poesía porque al fin y al cabo: ¿Para qué sirve la poesía? No sirve para nada. Y así quise titularlo.
l ¿Por qué eligió poesía para su
segundo libro?
l Por amor a Luis Borges, Alejandra Pizarnik, Stéphane Mallarmé... Leo mucha poesía y narrativa. La poesía es un estado de ánimo. En ese momento de mi vida, mis sentimientos se prestaron y me obligaron a escribir. Ya esos poemas se estaban escribiendo en mí. Pero sin ser osada, no me involucraría otra vez en un poemario, debido a que el poeta es el escritor que está más cerca de la divinidad. Cada vez que escribes un poema algo de ti se queda en él. La narrativa es más la vida propia, es más lo cotidiano, por eso la prefiero. l

Sobre los poemas
No me involucraría otra vez en un poemario, debido a que el poeta es el escritor que está más cerca de la divinidad”.

Sentimiento
Sería insensato decir que no se teme cuando se narra. Tenía miedo, incluso el día de la puesta en circulación de mi primer libro”.

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