No estamos para ensalzar

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    La comunicación es un recurso esencial, determinante, en las campañas políticas y en su complejo tinglado necesariamente entran los medios convencionales o alternativos.

    Para su uso se elabora una estrategia con planes bien detallados, y se supone que previamente se realiza un levantamiento acerca de esos medios. Su naturaleza, los públicos, líneas de contenido y hasta las tendencias que pudieran seguir en la sociedad, según las visiones de sus ejecutivos y periodistas.

    Sobre estos últimos reservan un capítulo especial. Los analizan, desde una perspectiva profesional y a veces bajo sesgos, supuestos o infundados. Pero levantan un perfil de cada uno de ellos y los catalogan en una u otra dirección.

    En esa perspectiva, elaboran una determinada política de contacto según el perfil profesional, ideológico, político e incluso en los planos personales, gustos y preferencias.

    Todo eso puede comprenderse, y si los estrategas o mandaderos de estos resultan inteligentes, pueden establecer términos apropiados de comunicación para sus propósitos.

    Pero todo va a depender de las evaluaciones, que siempre incluyen al menos a quienes en los medios manejan los asuntos políticos.

    En la política de captura de información o búsqueda de contactos no descartan las vías indecentes, como el fisgoneo y la infiltración de agentes de todo tipo en los medios o la corrupción.

    Todo lo anterior aplica también para todos aquellos que manejan entes de poder público y que también participan en las campañas políticas.

    La parte más perversa en que incurren algunos estrategas es la estigmatización prejuiciada de periodistas fundada en la intolerancia. Se torna aguda cuando estos se resisten a ciertos manejos en atención a sus intereses.

    Los comunicadores entonces son vistos como tendenciosos o abiertamente enemigos, y como tales objetivos de descalificaciones.

    Ese tipo de conducta no es nueva. Sólo cambian los actores y los tiempos.

    Pero el buen periodismo persiste en sus propias visiones y resiste. Está para cuestionar, criticar, no para ensalzar.

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