Control y abasto

    Más allá de la suspensión de los servicios en 99 instituciones públicas, la paralización de las empresas comerciales y de servicios, ayer la vida cobró un ritmo muy dinámico en el Gran Santo Domingo y Santiago.
    Los mercados de abastos para el consumo alimenticio en la avenida Duarte y demás establecimientos de la gran ciudad, los supermercados y otros, recibieron una significativa concurrencia.

    Asimismo, los vendedores callejeros de alimentos y frutas circularon normalmente por los principales sectores de la Capital y la provincia de Santo Domingo.

    Los bancos comerciales igual se vieron abarrotados, y sus gerentes debieron organizar la entrada de los clientes, en filas y por grupos.

    El transporte interno de pasajeros, prohibido por decreto, en particular minibuses (voladoras) y carros del concho, trabajaron en diferentes rutas. Fue muy visible cómo las personas se agrupaban, hasta cuatro en el asiento trasero y dos delante, al lado del chofer. Sin guardar distancias y sin mascarillas. Lo mismo vimos repetirse en todos los sitios de alta concurrencia.

    Podría decirse que la gente se abasteció desde el miércoles y el jueves, pero ya ayer lunes no tuvo más alternativa que tomar calles para atender sus necesidades perentorias.

    El llamado “aislamiento domiciliario” no es tan fácil de cumplir, sobre todo entre familias carencias que sobreviven del día a día, y no pueden adquirir volúmenes de productos. Tampoco el Estado tiene medios para hacerlos llegar a la gente a sus hogares, más allá de aquellas familias de muy escasos recursos que entran en los programas solidarios.

    La cuestión esencial está en cómo evitar las aglomeraciones. Ayer ese propósito se vio quebrado. Es difícil construir un “plan de concurrencia” hacia los sitios de expendio, en determinado orden y siguiendo un rigor por registro de familias. Más allá de las sociedades que han alcanzado niveles de control social a través de las redes sociales o un complejísimo sistema recurriendo a inteligencia artificial, eso resulta inimaginable. Incluso, en los países más desarrollados del mundo occidental.

    Imagínese aquí.

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