Arquitectura Olímpica: el contexto urbanístico y económico de recibir los Juegos Olímpicos 2020

Las sedes que albergan las justas Olímpicas realizan un desarrollo forzoso de infraestructura que no siempre tiene resultados de inversión positivos

Las ciudades encargadas de organizar cada edición de unos Juegos Olímpicos se enfrentan al reto de asumir un gasto económico muy importante, con la esperanza de que este sea retribuido posteriormente en forma de proyección mundial.

Para lograr esto, cada sede debe transmitir una imagen específica de sí misma, que la posicione como capaz de respaldar grandes proyectos arquitectónicos y manufacturar planes de reurbanización de forma muy veloz.

Fuera de los estadios Olímpicos se encuentra toda una historia compleja, abarcando los desarrollos a gran escala que se usan para toda la logística del evento. 

En algunos casos, las historias no son de éxito, pues la gran inversión se deja a un lado una vez pasadas las Olimpiadas y, como consecuencia, algunos recintos quedan en el olvido.

Muchos gobiernos consideran la organización de unos juegos Olímpicos como una oportunidad para mejorar la infraestructura, crear oportunidades laborales, generar turismo y aumentar el emprendimiento de negocios. Otras opiniones de expertos categorizan esta situación como una inversión que genera pocos beneficios a las ciudades.

En el documento “Los costos y sobrecostos en los Juegos”, realizado por Bent Flyvbjerg, Allison Stewart y Alexander Budzier, de la universidad de Oxford, se revela que el promedio real de costo para los juegos de verano es de USD 5 mil 200 millones.

Con el constante aumento de la inversión necesaria, poco a poco se van reduciendo las ciudades capaces de aceptarla. Además, las recientes decepciones alejan cada vez más a los posibles prospectos. Para Atenas 2004 habían 11 competidores por llevarse la organización de la justa, y para los próximos juegos en Japón, únicamente se postularon cinco sedes.

Uno de los principales enfoques a tomarse en cuenta, es el uso limitado que tienen varias de las mega estructuras que se desarrollan a raíz de la planificación de las justas Olímpicas. Muchos de los recintos o estadios quedan olvidados después de las competencias, lo que significa la nula amortización. Por ello, es fundamental un plan de adaptabilidad y flexibilidad para el valor agregado a largo plazo de las Olimpiadas para la comunidad.

Un claro ejemplo de éxito en temas de arquitectura urbana se dio durante Barcelona 1992. La ciudad española se apoyó del evento para renovar gran parte de sus áreas y principales instalaciones. La estrategia se adaptó a reutilizar los cimientos históricos, potenciar el desarrollo de sus playas y la creación de un sistema de carreteras que hasta el día de hoy reduce significativamente el tráfico. También, decidieron no centralizar las sedes a un solo punto con la creación de un Parque Olímpico, sino que, crearon una premisa con sostenibilidad a largo plazo en varios edificios aledaños que posteriormente la ciudad heredó para su uso.

En el entorno de la arquitectura Olímpica se encuentran las instalaciones deportivas, que en muchas ocasiones se tornan en una especie de acertijo para su ciudad después de los JJOO. En Atenas 2004 y Pekín 2008 se construyeron conjuntos de edificios, de los cuales un gran porcentaje se encuentran abandonados en la actualidad. Eso se debe, principalmente, a sus funciones limitadas y altos costos de mantenimiento. En el caso de la ciudad griega la idea era únicamente conservar las sedes necesarias y convertir a lugares funcionales algunas otras. Sin embargo, el plan se interrumpió debido a la crisis económica del 2008.

Tomando en consideración los ejemplos pasados, durante las más recientes ediciones de los juegos, las ciudades sedes han optado por la estrategia de establecer únicamente temporalmente las instalaciones que tienen una alta probabilidad de no ser utilizadas después de la justa. En Londres 2012 únicamente se mantuvieron los recintos que podrían servir a la comunidad para fines sociales o económicos.

El tema particular de las Villas Olímpicas es otro de los casos de estudio que se pueden abordar con mayor detalle por todas sus variantes. Estos lugares son las principales instalaciones de alojamiento para los atletas y su personal. La primera se creó para las olimpiadas de Helsinki 1952. Su construcción estuvo diseñada para poder convertirse en una vivienda y ser habitada por la comunidad.

Hoy en día la organización de los juegos Olímpicos requiere albergar, aproximadamente, a 11 mil atletas y 5 mil asistentes o partes del staff. Todo esto significa estar completamente preparados para el alojamiento, temas médicos, campos de entrenamiento y una infraestructura de viaje apropiada para disminuir los tiempos de trayecto.

La arquitecta y economía van de la mano cuando se hablan de los Olímpicos y de sus sedes. Los casos de las grandes urbes que han albergado las justas han tenido resultados de éxito y de fracaso. Actualmente el evento se torna en una apuesta de inversión y debido a esto el COI ha intentado que los Juegos se conviertan en un evento sostenible. Sólo el tiempo dirá si Tokio saldrá beneficiado o perjudicado después del paso de los JJOO.

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