A pesar de que la hija de Martha no está consciente de lo que pasa a su alrededor, cuando tuvo a su hija en brazos por primera vez, no dejó de sonreír

En nuestro país, las violaciones sexuales son más comunes de lo que imaginamos. Son muchas las mujeres que han sido abusadas durante su niñez, adolescencia o siendo adultas y que, por no pasar por la “vergüenza” de contar su historia, prefieren callar, y en ocasiones, cuando acuden por ayuda, son ignoradas por nuestras autoridades.

Muchas de esas mujeres quedan embarazadas producto de la agresión, unas deciden quedarse con el bebé, otras llegan al final del embarazo para luego darlo en adopción y algunas deciden abortar.

Hace 17 años que Martha (nombre ficticio), tuvo que pasar por una de las peores experiencias para una madre, enterarse de que su hija, quien tiene discapacidad mental y sufre de epilepsia, había sido violada y que tenía cuatro meses de gestación.

“Me di cuenta de que mi hija estaba embarazada porque no le había llegado la menstruación, cuando la llevé al médico le hicieron una prueba de la orina y salió con cuatro meses de embarazo”, cuenta en medio de llanto.

El embarazo fue toda una odisea porque su hija no dejaba que los médicos la chequearan durante la consulta pero, a pesar de esto, los doctores le dieron el mejor de los tratos para que la criatura  que venía en camino, naciera sana.

A los ocho meses, nació su nieta, que por los malestares de su madre y las condiciones en la que venía a este mundo, tuvo problemas respiratorios por lo que le dieron el alta días después de nacer. A los 10 años, le fue diagnosticado escoliosis, una condición que no le permite tener la espalda recta, sino que forma una línea curva pero le realizaron la operación para mejorar su condición.

Cuando se la entregaron, los médicos llevaron a la recién nacida donde su madre. Martha expresa que a pesar de que su hija no está consciente de lo que pasa a su alrededor, cuando la tuvo en brazos por primera vez, no dejó de sonreír y no quería que se la llevaran.

Explica que su hija al tener esta discapacidad no sabe que trajo al mundo a un bebe pero que cuando dura algunos días sin verla, se pone inquieta.

“Yo cogí a mi muchacha y la crié, cuando la niña estaba en la casa, yo quería empezar a buscar en el patio a ver si el culpable estaba a nuestro alrededor, pero yo no tenía dinero para que alguien investigara y así conocer quien le hizo ese daño a mi hija”.

Martha cuenta que nunca en su vida imaginó que pasaría por esta situación. Indica que cuando su esposo, quien murió de cáncer, se enteró de lo ocurrido, no paraba de llorar en su habitación. Después de esta situación la salud de los padres de la joven empezó a empeorar debido a la angustia que sentían.

“Nosotros sabemos que la persona que hizo eso no está lejos de aquí, pero no conocemos  el tiempo que tenían cometiendo este delito o si fue en nuestra casa que lo hicieron. Mi hija no salía de aquí y lo más probable es que haya sido una persona de confianza, pero los vecinos tampoco saben nada”.

Al momento de su hija quedar embarazada tenia unos 18 años.

A pesar de los días de angustia que vivieron, aseguran que el aborto nunca fue una opción y que en las reuniones familiares llegaron a la conclusión de que practicarle un aborto sería un crimen.

“Ya eran cuatro meses de embarazo, sacarle el niño iba a ser un crimen. Si mañana yo falto, mi hija tendrá al menos quien la atienda y no pasará trabajo”.

Martha espera que ninguna madre pase por la situación que ella tuvo que atravesar, por lo que las invita a buscar ayuda en las autoridades para que el culpable no quede sin castigo.

Con relación a su nieta, dice que esta acudía a la psiquiatra cuando era más pequeña y que la condición de su madre no ha sido un impedimento para que ella acepte a su progenitora."Ella se casó, pero cuando viene aquí se hace fotos con su mamá, ella no siente vergüenza".

A pesar de esto, el dolor de no saber quien es su padre, la hace cuestionar a su abuela todos los días.

¡Yo no tengo papá! Es el clamor de esta joven de 17 años.