Algo interesante ha ocurrido en los últimos procesos electorales con relación al tercer lugar. El que queda en esa posición, se desploma poco antes de las elecciones. Así le ocurrió al PRSC en el 2004, cuando sacó un 8 por ciento de los votos y en el 2008, cuando tocó fondo, logrando apenas un 4 por ciento de los sufragios.

En ambos casos, las encuestas señalaban que a los rojos el tercer lugar no se lo despintaba nadie, pero esos sondeos le otorgaban porcentajes más altos que los que finalmente lograron cuando se contaron los votos.

El fenómeno tiene su explicación. En un sistema de doble vuelta, cuando a un partido lo etiquetan como el seguro dueño del tercer lugar, a última hora pierde una cantidad significativa de votantes, que se inclinan por dar el voto a una de las opciones con posibilidades de competir. Solo los muy fieles mantienen su apoyo al partido que está tercero, sobre todo si está muy distante del segundo.

El caso del PLD

Lo anterior es un fragmento de un comentario publicado en mayo del 2022 en este mismo espacio, como parte de una serie de artículos titulada “Los partidos y el tercer lugar”. En las elecciones de este año se confirmó el fenómeno, ya que el PLD llegó en el tercer lugar y apenas logró alcanzar los dos dígitos. Ya hacía mucho tiempo que los morados estaban en el tercer puesto, y peor aún, la gente lo ubicaba en esa posición, que es lo que verdaderamente provoca el daño en el último tramo, porque se pierde una parte de los votos.

Esa percepción no pudo ser cambiada ni siquiera con los resultados de febrero, cuando el PLD superó a la Fuerza del Pueblo. Había una leve esperanza de que en esta ocasión la estructura se impusiera, pero aquí lo que primó fue la fortaleza del liderazgo de Leonel Fernández.

La advertencia de Danilo Medina, sobre lo que le ocurriría al que quedara tercero no fue hecha para publicar, si no para dar ánimos a las tropas, pero ahora tiene un efecto totalmente contrario.

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