El fin de semana el éxito de taquillas fue para el manojo de monólogos “Sin pedir permiso”, con producción y guión de Tania Báez y dirección teatral de Waddys Jáquez, con funciones en Escenario 360 cada día a las 6:00 pm y 9:00 pm.
El género más difícil que hay en el teatro es el monólogo. Si no tienes apuntador, es difícil que puedas salir del momento más aterrador que pueda tener una actor teatral: el olvido de la letra. Por lo general en una obra común, si se te olvida, un compañero te la puede recordar de veinte maneras, y se salva la situación, casi siempre sin que el público se dé cuenta. Pero en un monólogo no tienes quien te “sople” o te dé el pie.
Por eso, respeto para cada una de las protagonistas de esta suite de situaciones femeninas que, al final, suena como una gran diatriba, no contra los hombres, sino contra todos los roles que las mujeres del mundo de hoy (y de siempre) han tenido qu asumir para mantener la familia.
Valentina
El desfile de personajes lo abre Carla Hernández, jovencísima, llena de frescura, de color (quiero decir de riqueza en la muestra de estados de ánimo que expone, no porque sea joven sino porque el personaje es así), y por lo tanto de transiciones en la actuación de su personaje, una joven mujer de 20 y pocos años. Su personaje Valentina se desarrolla desde las redes sociales y desde allí llegan la desilución, el enfrentamiento, la crisis.
Camila
El segundo personaje, Camila, por Rosmery Herrand, muestra el potencial de gran actriz -que será pronto, si sigue como va-, tras darse a conocer desde el humor con personajes variopintos llegados desde los barrios. Camila debió tener algo más de gradación en su enfado, de sutileza en su intensidad (casi siempre por allá arriba), donde mostrara más progresiones orgánicas en su estados de ánimo, que es harta de todo.
Laura
Laura, de Pamela Sued, fue de lo mejor de la noche. Su asunción del rol, que además de monologar se ejercita o juega al padel, demuestra el dominio que logra del cuerpo mientras fluyen los parlamentos. Cada uno (cuerpo y narración) en un plano narrativo diferente.
Lorena
Lorena, el personaje que reservó para sí la autora y productora Tania Báez, me resulta demasiado Tania. Me faltó más que en otros personajes la necesidad de un arco dramático más definido, más delineado.
Me hubiese gustado que su personaje, por ejemplo, cantara, o evolucionara hacia un cambio de sexo, o enfrentara un cáncer o asaltara un banco. Quiero decir, que retumbara más en este muestrario de mujeres valientes. Si bien no faltó la referencia al rifirrafe Luisín Jiménez, en su actuación, mostrar su cuerpazo, robaba atención sobre otras cosas. Aunque no faltan buenas frases: “Por primera vez no me asusta mi propia compañía”.
Patricia
Patricia de Milagros Germán, estupenda. Muestra una excelente transición del llanto al humor. Bien delineada, muestra su experiencia actoral, en plenitud y madurez como artista y mujer. Sus parlamentos son de mayor profundidad que otros, casi epigramáticos: “Las amigas no son un lujo, son una necesidad”.
Generalidades:
La escenografía en la puesta en escena es obviamente minimalista y cuenta con el buen apoyo de una pantalla digital. Excelentes vestuarios, maquillaje, peluquería, iluminación y sonido. El primer acercamiento de Tania Báez a la dramaturgia es aceptable, aunque los textos en ocasiones necesitaban arcos dramáticos más contundentes. Buen comienzo. ¿Habrá un Sin pedir permiso II? ¡Ojalá!
