Marino Berigüete planta poesía como vía de regreso al origen

«Donde empieza el hombre», el nuevo libro de Marino Berigüete convierte una pregunta elemental en una exploración sobre el yo, la memoria, el silencio y la crisis espiritual de nuestro tiempo.

Marino Berigüete, poeta dominicano autor de "Donde empieza el hombre"
Marino Berigüete, poeta dominicano autor de "Donde empieza el hombre"
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Donde empieza el hombre, de Marino Berigüete, pertenece a esa clase de obras que no se conforman con ofrecer poemas, sino que abren una zona de interrogación sobre el origen, el yo, la memoria, el lenguaje y la conciencia. La pregunta del título parece sencilla, pero en realidad contiene una de las preocupaciones más antiguas de la literatura: ¿qué somos antes de ser nombre, historia, cuerpo, país, oficio o recuerdo?

Publicado por Círculo de Poesía Ediciones en México, el libro confirma a Berigüete como una voz dominicana de respiración amplia. Círculo de Poesía lo presenta como poeta, escritor y diplomático nacido en Barahona en 1962, miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua, autor de libros de poesía, ensayo, cuentos, literatura infantil y novela. También recuerda su trayectoria como articulista y profesor universitario.

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La densidad de una pregunta

Pero el valor de Donde empieza el hombre no está solo en la trayectoria de su autor. Está en la densidad de su pregunta. El poema inicial no intenta definir al ser humano. Lo rodea, lo busca, lo sitúa en las manos, en el pensamiento, en el vientre, en la memoria, en el grito, en el silencio, en el otro. Esa insistencia convierte el libro en una exploración lírica sobre el comienzo de la conciencia.

En una época en la que todo parece exigir velocidad, exposición y respuesta inmediata, Berigüete escribe desde otro lugar. Su poesía pide pausa, no porque sea oscura, sino porque está construida para ser leída como se escuchan las preguntas importantes: con atención, con tiempo, con cierta disposición interior. Esa cualidad la vuelve especialmente actual. Frente al ruido digital, el libro propone una forma de resistencia: volver a la palabra como espacio de búsqueda.

Marino Berigüete planta poesía como vía de regreso al origen

Uno de los centros del poemario es el yo. No un yo narcisista ni puramente confesional, sino un yo quebrado, observado, multiplicado. La reseña de Adalberto García López sitúa el libro dentro de una tradición moderna que pregunta qué decimos cuando decimos “yo”, en diálogo con una sensibilidad que va de Rimbaud a Pessoa. En esa línea, Berigüete escribe: “Vivir como si fuera otro el que respira / desdoblar el alma en espejos infinitos”.

La imagen es poderosa porque toca una experiencia contemporánea: la sensación de vivir fragmentados. Somos el que trabaja, el que recuerda, el que se muestra, el que calla, el que vuelve a su infancia, el que no termina de reconocerse. Berigüete convierte esa fractura en materia poética. Su libro no busca una identidad cerrada; muestra el movimiento de una conciencia que se mira en muchos espejos.

La memoria de lo cotidiano

La memoria ocupa otro lugar esencial. Plinio Chahín, en Acento, observa que los poemas de Berigüete reflexionan sobre recuerdos, olvido, tiempo, vida, nada, plenitud, vacío, incertidumbre y ensoñación. También subraya la precisión de su lenguaje, libre de excesiva adjetivación y de retórica pomposa. Esa precisión impide que el libro caiga en solemnidad vacía. Aunque trabaja asuntos hondos, sus imágenes se apoyan en elementos concretos: manos, río, viento, árbol, sombra, luz, infancia, silencio.

La infancia aparece como una zona de revelación. “Mi niñez era un mundo antes del mundo”, escribe Berigüete en uno de los poemas divulgados por Círculo de Poesía. Esa línea resume una intuición profunda: antes del mundo social, antes de los papeles que nos asignan, existe una percepción primera, una forma de mirar que la vida adulta va cubriendo de ruido. El poeta no regresa a la niñez por nostalgia decorativa, sino porque allí busca una clave del origen.

Marino Berigüete planta poesía como vía de regreso al origen

También hay en el libro una dimensión filosófica. García López sostiene que la poesía de Berigüete piensa el ser, el yo y los conflictos contemporáneos, y que el poema se convierte en escenario de una reflexión íntima. Pero esta filosofía no aparece como tratado, parece como imagen: el hombre es río, retorno, rostro que se mira en el agua. El pensamiento se vuelve materia sensible.

La obra tampoco se encierra en la introspección. En el poema XLII, citado en la reseña de García López, la voz pregunta por la sangre, el humo y las manos que se sueltan de la vida. Allí la poesía mira la violencia del mundo. No ofrece soluciones políticas, pero preserva una conciencia ética: recuerda que el lenguaje todavía puede oponerse a la brutalidad cuando se niega a aceptar la oscuridad como costumbre.

La circulación del libro confirma además su proyección internacional. Donde empieza el hombre fue promovido por Círculo de Poesía en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde Berigüete realizó una lectura y sostuvo encuentros con figuras del mundo literario, entre ellas Luis García Montero.

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Donde empieza el hombre es, en suma, un libro de madurez. Su fuerza no está en la estridencia, sino en la intensidad de su silencio. No pretende responder de manera definitiva la pregunta que plantea, sino que la mantiene viva. Y en esa persistencia encuentra su verdad: el hombre empieza donde una voz se atreve a interrogarse, donde la memoria vuelve a respirar, donde el poema abre una ventana hacia lo que todavía no sabemos decir.

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