El comediante venezolano se echó el público al bolsillo en una puesta en escena donde fue de lo cotidiano a lo más trascendente, en un repleto Teatro La Fiesta del Hotel Jaragua.
Para sorpresa del ‘standupcomedista’, cuando pidió levantar las manos a los dominicanos, estos eran más que sus nacionales, lo cual habla de que ha sabido conquistar a uno de los públicos más difíciles que existen en Hipanoamérica y donde nada se puede dar por hecho. Hay estrellas de la música y el espectáculo que llenan estadios en otros confines, pero aquí pasan sin pena ni gloria, si es que logran llegar.
George Harris se había presentado en el país hace dos años, pero lo de este sábado sobrepasó, probablemente, sus espectativas.
Salvo un apagón y los fallos técnicos en la pantalla gigante, en los momentos en que dependía absolutamente de ellas y donde ya no podía seguir el show si no se arreglaban (breves minutos que le parecerían, seguramente, siglos); El Pueblo De Uno fue una viaje a los confines de la hilaridad que duró dos horas y media, que pudieron ser dos y punto.
Salta a la vista, en tiempos en que las redes han contaminado el mundo, las alfombras rojas y los escenarios de indecencias, malas palabras, mediocridad y vulgaridades, un humorista como George Harris sabe mantenerse siempre en el filo de lo decente y lo indecente. Eso, con gracia sobria y pícara, que puede dar la idea de que tiene ganas de subir el tono, pero sabe cómo sostenerse en la baranda del abismo. O mejor dicho: saber nadar por el borde de la piscina de la Guangxi China Resources Tower en Nanning, China, situada a 323 metros de altura en el nivel 71 -la más alta del mundo-, sin salirse, es un arte difícil, que está sembrado en esa zona especial del cerebelo que domina el equilibrio. Eso es George Harris, un mago de la palabra en equilibrio consigo mismo.
