Es justo felicitar al Ministerio de Cultura por la decisión de dedicar la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2026 al poeta y ensayista José Mármol. Los homenajes solo adquieren verdadero sentido cuando distinguen una obra capaz de enriquecer el patrimonio intelectual de un país. En esta ocasión, el reconocimiento honra a un escritor de sólida trayectoria y, al mismo tiempo, reivindica el lugar de la poesía dentro de una sociedad que necesita preservar el valor de la lectura, la reflexión y el pensamiento crítico y la palabra.
La Feria Internacional del Libro de Santo Domingo constituye el acontecimiento literario más importante de la República Dominicana y uno de los principales encuentros culturales del Caribe. La edición de 2026, prevista del 24 de septiembre al 4 de octubre en la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, ofrecerá el escenario propicio para celebrar una obra que ha enriquecido durante décadas la poesía, el ensayo y el pensamiento dominicanos. Allí volverán a encontrarse escritores, lectores, estudiantes, investigadores, editoriales y gestores culturales alrededor de aquello que justifica toda feria del libro: el intercambio de ideas, la formación de nuevos lectores y el fortalecimiento de la vida cultural.
La elección de José Mármol posee un significado que trasciende el reconocimiento personal. También representa una declaración de confianza en la literatura como una de las expresiones más altas del pensamiento. Su obra ha sido leída, estudiada y traducida más allá de las fronteras nacionales. Críticos, profesores y lectores de distintas generaciones han encontrado en sus libros una escritura rigurosa, exigente y profundamente reflexiva. Ese reconocimiento no responde a una circunstancia pasajera. Es el resultado de muchos años de trabajo silencioso y de una disciplina intelectual poco frecuente.
Desde sus primeros poemas hasta sus publicaciones más recientes en su obra completa “Donde todo triste ruido hace su habitación”, publicada por Visor, Mármol ha construido una voz propia dentro de la literatura dominicana contemporánea. Nunca ha perseguido la facilidad ni el aplauso inmediato. Su escritura invita a detenerse, a volver sobre una página y descubrir nuevos significados. Esa actitud frente al oficio explica el respeto que ha despertado entre escritores de distintas generaciones y la permanencia que ha alcanzado su obra en los estudios literarios.
Su aporte tampoco se limita a la poesía. Como ensayista ha desarrollado una reflexión constante sobre la filosofía, el lenguaje, la estética, la educación y la cultura. Su pensamiento ha contribuido a enriquecer debates que trascienden el ámbito estrictamente literario. Esa amplitud de intereses convierte su figura en un referente intelectual cuya influencia alcanza diversos espacios del conocimiento. Pocas trayectorias reúnen con tanta naturalidad la creación artística y la reflexión crítica.
Resulta especialmente significativo que el Ministerio de Cultura haya decidido dedicar la feria precisamente a un poeta. Durante los últimos años, las ferias del libro han debido adaptarse a las transformaciones del mercado editorial, al crecimiento de las plataformas digitales y a nuevas formas de consumo cultural. Todo ello forma parte de la realidad contemporánea y no debe ignorarse. Sin embargo, la poesía conserva una capacidad singular para invitar al lector a una experiencia distinta. Obliga a disminuir el ritmo, exige atención y devuelve profundidad a las palabras. En una época donde casi todo parece orientado hacia la inmediatez, esa invitación posee un valor cultural incuestionable.
La noticia llega además después de una edición especialmente exitosa de la Feria Internacional del Libro. La convocatoria de 2025 confirmó el creciente interés de la población por los libros y las actividades culturales. Miles de personas recorrieron los pabellones, asistieron a conferencias, adquirieron publicaciones y participaron en encuentros con autores nacionales e internacionales. Ese resultado convierte la edición de 2026 en una oportunidad excepcional para acercar la obra de José Mármol a nuevos lectores, especialmente a los jóvenes que apenas comienzan su formación literaria.
Las dedicatorias nunca deberían reducirse a un acto protocolar. Su verdadero alcance aparece cuando provocan nuevas lecturas e investigaciones. Las editoriales preparan reediciones, coloquios. Los investigadores revisan textos poco conocidos. Los profesores de literatura incorporan nuevas obras a sus programas académicos. Los medios de comunicación abren espacios para el análisis crítico. Todo ese movimiento fortalece el patrimonio intelectual del país y mantiene viva la conversación alrededor de la literatura.
También existe un valor simbólico que merece atención. Las sociedades expresan parte de sus prioridades mediante las personas que deciden reconocer. Cuando un país rinde homenaje a uno de sus escritores, afirma que la creación intelectual constituye un bien público y una fuente permanente de identidad cultural. Esa decisión adquiere una importancia especial en tiempos donde la atención suele concentrarse en asuntos efímeros y donde la discusión pública rara vez concede espacio suficiente al pensamiento.
La historia de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo demuestra que sus dedicatorias han contribuido a preservar la memoria de autores fundamentales. Gracias a esos reconocimientos, muchos lectores han descubierto libros que de otro modo quizá habrían permanecido fuera de su alcance. Cada homenaje establece un puente entre generaciones y permite que la tradición literaria continúe renovándose sin perder sus raíces.
En el caso de José Mármol, la distinción llega en un momento de plena madurez creadora. No se trata de un autor retirado de la vida intelectual ni de una figura convertida únicamente en referencia histórica. Continúa escribiendo, investigando y participando activamente en el debate cultural. Esa circunstancia concede al homenaje una dimensión especialmente valiosa, pues permitirá que los lectores dialoguen con una obra viva y con un pensamiento que sigue evolucionando.
Es previsible que conforme avance el año aumente el interés por las actividades programadas alrededor de su figura. Nuevas ediciones de sus libros, conferencias, exposiciones documentales, mesas de discusión, contribuirán a difundir una producción literaria que ha enriquecido la cultura dominicana durante varias décadas. Esa programación ofrecerá además la oportunidad de acercar su legado a públicos diversos, ampliando el alcance de una obra que merece seguir siendo leída y estudiada.
Cuando las puertas de la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2026 se abran, miles de personas recorrerán sus pabellones buscando novedades editoriales, autores favoritos y descubrimientos inesperados. Muchos asistirán por tradición. Otros lo harán por curiosidad o por motivos académicos. Todos encontrarán, sin embargo, la oportunidad de acercarse a una obra que ha defendido con coherencia el valor del pensamiento, la exigencia del lenguaje y la responsabilidad del escritor frente a su tiempo.
Por esa razón, la decisión del Ministerio de Cultura merece ser reconocida y celebrada. Honra a José Mármol, distingue a una generación de escritores y reafirma la confianza en la literatura como una de las expresiones más duraderas de la inteligencia humana. En una época en la que la velocidad parece imponer sus propias reglas, dedicar la Feria Internacional del Libro a un poeta constituye una invitación a recuperar el gusto por la lectura reflexiva y por aquellas palabras que, lejos de agotarse con el paso de los días, continúan iluminando la conciencia de quienes las leen.
Celebremos esta gran feria de la palabra con los lectores y el poeta José Mármol…
