La obra teatral que sigue en cartelera el fin de semana próximo en la Sala Ravelo del Teatro Nacional Eduardo Brito, es probablemente la mejor actuación de Orestes Amador, quien logra un excelente ‘one-two’ con Shalim Ortiz.
Probablemente pocas veces se ha planteado en una obra teatral el proceso de creación de un artista, la bisección de su genio, su manera de ser, los demonios que lo habitan, y a la vez su alma de maestro, el brillante modo de ver los fenómenos de la vida, desde los más nimios detalles hasta los temas trascendentales. Rojo es producido y dirigido por de Ramón Santana, con la coproducción de Madeleyn Velásquez.
Eso ha sido logrado gracias a un texto tan denso como intenso, de John Logan, autor de guiones de filmes como Un día cualquiera (Oliver Stone); Gladiator (Ridley Scot); La máquina del tiempo; Star Trek: Nemesis; Sinbad, leyenda de siete mares; El último samurai; Hugo (Martin Scorcese); Skyfall y Spectre (ambas de la saga de James Bond) y Alen: Convenant (Ridley Scot); entre otras.
Su obra teatral Red (Rojo, en español) aborda la vida del pintor Mark Rothko, su proceso de creación, su método de trabajo, la estructura de su pensamiento, sus opiniones como rocas y el didactismo de sus conversaciones, elementos que al fin plantean el propósito de la obra creativa de Rothko en su correlación con el personaje Ken, que asume Shalim.
La obra “Rojo claro sobre rojo oscuro”, que representa el período de madurez absoluta por el cual es reconocido el pintor, sirve de palanca para brindar un dibujo actuado de su ímpetu creativo. Shalim aporta la ingenuidad, esa alma nueva que crece a la sombra del baobab que es la personalidad del personaje de Orestes Amador.
Un real duelo de floretes, como enigma, es Rojo. Una invitación a mover las neuronas, a la vez que se conoce sobre un gran artista mundial.
