Tras el ADN del espectáculo...

Varias figuras del entretenimiento dominicano se han enfrentado a personas que aseguran ser sus hijos, teniendo que someterse a pruebas de paternidad para desmentir o confirmar, las cuales cuestan entre 10 y 19 mil pesos. Fernando Villalona ha estado últimamente en la palestra pública. Primero, con su defensa de Johnny Ventura con relación a la música de Omega “El Fuerte”; luego el “sí, pero no” de la película sobre su vida que se anunció el año pasado; después, sus presentaciones artísticas se incrementaron y tras anunciar su participación en la edición 16 del Latin Music, le tocó el turno en una fila en la que a nadie le gusta estar, la de supuestos hijos que solicitan una prueba de paternidad.

Fernandito quizás pensó que ya había atravesado muchos momentos amargos en su vida, pero ahora enfrenta la petición de Carolina Baldera, una joven de 28 años, casada, madre de un hijo y residente en Estados Unidos, quien alega que el intérprete de “Delirante amor” y “Dominicano soy” es su progenitor.

Ante las posibles conjeturas que han salido a relucir tras sus declaraciones realizadas en Telesistema (Canal 11), la joven destacó que no exige una prueba de ADN para comprobar lo que su madre, supuestamente, le confesó hace un año tras asistir a una fiesta del cantante, por interés, sino porque quiere tener un acercamiento padre-hija con Villalona, a quien dijo le ha enviado mensajes a su número privado sin recibir respuestas. “No es fácil que aparezca un hijo después de 28 años, yo entiendo que no es fácil… pero yo no soy culpable de esa situación (…) no busco hacer daño solo quiero comprobar eso (…) tener un contacto con él, es mi papá, (sería) lo normal”, expresó Baldera.

“El niño mimado”, como es también conocido el merenguero, no es el primer artista que enfrenta casos como este. En el showbiz local se han conocido varios reclamos de este tipo, donde el parentesco físico o la popularidad de las figuras son aprovechados para generar controversias, lo que provoca malestar en éstas al tener que ceder ante las solicitudes que, en su mayoría, quedan desmentidas.

Un ejemplo muy sonado fue el de Johnny Ventura y Altagracia Reyes, quien hasta se autodenominó “La Potranca”. El cantante declaró que fue al laboratorio a realizarse la prueba con la finalidad de comprobar que lo que la joven alegaba no era cierto. Su única condición fue que si salía negativa, que fue el caso, ella pagaría la prueba.

Y no es para menos. Las pruebas de paternidad o ADN son conocidas por sus altos costos, y en la República Dominicana no es la excepción. Los resultados salen a la luz en un período de cinco a 15 días laborables, dependiendo del laboratorio, y los costos por prueba van desde RD$ 10,000 a 19,000, tomando en consideración si es privada (solicitada por los padres o hijos) o legal (ordenada por un tribunal). Algunos laboratorios hasta cotizan las mismas en dólares.

Otros casos que se han visto en el país, en los que los resultados arrojan un 0.00%, son el de Bonny Cepeda y Robert Sánchez, de 34 años de edad; el de el ex Teke Teke, Carlitos Wey y la bailarina Rubí Morales, quien incluso pedía una manutención del supuesto hijo de ambos de 40,000 pesos.

En el plano internacional, con falsa alarma han sido mencionados y llevados al laboratorio Marc Anthony, Paul McCartney y José José, entre otros. Mientras que algunos resultados que sí han dado positivo son los de Juan Gabriel, Cristian Castro, Luis Miguel, Rubén Blades y Julio Iglesias.

Padres forzados a realizar la prueba

Un caso muy recordado fue el del bachatero Luis Vargas. Un día decidió llevar a Disney a sus cuatro hijos, los que tuvo con mujeres diferentes, de vacaciones. El consulado americano le pidió pruebas de paternidad y al recibir los resultados el artista se enteró que ninguno de los niños fue engendrado por él. También El Chaval vivió 15 años pensando que tenía un hijo con Beatriz Corniel, pero tenía sus dudas y terminó practicando dos pruebas de ADN, que salieron negativas. Con menos tiempo, pero también con sus dudas,  Doble T, del dúo Los Pepe, cuyo nombre de pila es Anderson Álvarez, practicó una prueba a una pequeña que su entonces pareja le atribuyó. Cuando realizó el estudio en el 2011, la pequeña, que tenía 1 año y ocho meses de vida, no era su hija.

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