En una sala de ensayo de Verón-Punta Cana, un grupo de niños repite una misma frase musical. No hay prisa. El gesto del maestro no es de corrección inmediata, sino de escucha. Uno de los violinistas, concentrado, vuelve a intentar. Esta vez el sonido es más limpio, más centrado. El maestro asiente, pero precisa: “Escucha mejor, respira con el arco”.
Ese pequeño ajuste contiene una revolución silenciosa. Ya no es simplemente enseñanza musical, es un cambio de naturaleza, el paso a un sistema de formación con estructura, medición y validación. Y eso es lo que, desde ya, comenzará a experimentarse en El Sistema Punta Cana con su reciente alianza con The Associated Board of the Royal Schools of Music (ABRSM), un salto cuántico en su camino, ya avanzado, en convertirse en un modelo educativo musical con validación global y con ya reconocimiento estatal.
UN NORTE CLARO
El Sistema Punta Cana, regenteado por la Fundación para la Expansión Cultural y Artistica de Punta Cana (Funeyca), ha sabido adaptar en su filosofía el ADN de su génesis inspiracional, el modelo venezolano del Maestro José Antonio Abreu. Principalmente, en su enfoque especial en jóvenes de estratos sociales vulnerables, no solo como ejecutantes musicales, sino como ciudadanos; así como comprendiendo -y estableciéndolo en, para quien suscribe, su mayor objetivo- construír una visión de la educación musical que trascienda de lo extracurricular a lo institucional.
En ese último objetivo se enmarca su reciente reconocimiento mediante habilitación sectorial por parte del Ministerio de Educación que marcó, en términos estructurales, una redefinición. Ahora, da un nuevo paso en ese norte con su alianza con ABRSM, que introduce un segundo nivel, el de la estandarización global.
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Para quien no está familiarizado por ABRSM, esta no es una escuela ni una universidad; es, más bien, un organismo que establece criterios de evaluación musical reconocidos en todo el mundo. Sus exámenes, estructurados por niveles -los llamados “grades”-, permiten medir el progreso de un estudiante con parámetros unificados en elementos como afinación, ritmo, articulación, musicalidad y expresividad, creando un lenguaje común. Así, un estudiante que aprueba un Grade 4 o un Grade 7 no está simplemente pasando una prueba, está demostrando que puede operar dentro de un estándar que es comprensible en Londres, en Nueva York o en cualquier institución que reconozca ese sistema.
Eso, en términos prácticos, es un pasaporte. No un pasaporte simbólico, sino uno académico que abre puertas, permite aspirar a becas y conecta métodos de enseñanza locales con estándares y circuitos internacionales. Eso, para un jovencito de Verón-Punta Cana que aspira a convertirse en músico, es una llave a cientos de oportunidades otrora inimaginables.
También es un cambio para la institución: enseñar para un sistema evaluable no es lo mismo que enseñar para la expresión libre. Son muchos elementos los que entran en el juego. Por solo mencionar cuatro: intonación (no solo tocar la nota, sino ubicarla con precisión en el espacio sonoro), pulso (entender el tiempo como una estructura compartida), fraseo (construir sentido dentro de la música) y articulación (decidir cómo nace y muere cada sonido).
El resultado es una transformación en la experiencia del aprendizaje: el estudiante deja de tocar para “no equivocarse” y comienza a tocar para entender.
LA GIRA DE MAYO: ALFABETIZACIÓN MUSICAL EN TIEMPO REAL

Por otra parte, en el contexto de la alianza con ABRSM, El Sistema Punta Cana tiene programado la realización de cinco conciertos en centros educativos públicos durante el mes de mayo. Un hecho que tiene una doble lectura implícita: no solo es ponerse a prueba en el fogueo, sino fortalecer un canal de alfabetización cultural. Escuchar una orquesta en vivo no es lo mismo que verla en una pantalla: el sonido tiene cuerpo, tiene dirección, tiene presencia física, se siente.
Para muchos de los estudiantes que asistirán a estos conciertos, será el primer contacto directo con la música sinfónica, y ese contacto puede ser determinante. Un niño que ve cómo se mueve un arco, cómo respira un flautista o cómo un director organiza el sonido colectivo no solo está recibiendo información. Está recibiendo una experiencia.
Y esa experiencia, si se articula dentro de un sistema educativo, puede convertirse en vocación.
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¿MODELO O EXCEPCIÓN?
Pero el análisis no puede quedarse en la celebración. La pregunta importante, la necesaria, es: ¿Estamos ante el inicio de un modelo o frente a una excepción bien ejecutada? La historia de la educación artística en América Latina está llena de proyectos exitosos que no lograron escalar. No por falta de calidad, sino por falta de estructura.
El caso de El Sistema Punta Cana parece, en principio, distinto. La combinación de habilitación estatal y certificación internacional crea una base sólida. Pero la sostenibilidad no depende solo de la estructura inicial, depende de financiamiento continuo, formación docente permanente, acceso equitativo para los estudiantes e integración real con el sistema educativo nacional. Si alguno de estos elementos falla, el modelo corre el riesgo de quedarse aislado.
Y ahí es donde las instituciones y relacionados -entre ellos, el periodismo cultural- tiene que hacer su trabajo: no solo contar lo que ocurre, sino preguntar qué puede ocurrir después.
LA MÚSICA COMO INFRAESTRUCTURA SOCIAL

Más allá de los detalles técnicos, la alianza ABRSM-El Sistema Punta Cana pone en la mesa una idea más amplia: la música como infraestructura de formación ciudadana. Tocar en una orquesta implica escuchar al otro, ajustar el propio sonido, respetar un pulso común, construir algo colectivo. En esencia, un ejercicio de convivencia; y en contextos donde las oportunidades son desiguales, ese tipo de formación puede tener un impacto que va más allá de lo artístico.
Con esta nueva etapa, El Sistema Punta Cana parece estar construyendo precisamente eso: un puente entre la vocación y la profesionalización. Un espacio donde la música no depende únicamente del entusiasmo, sino de un sistema que la respalda. Y eso es lo que convierte este momento en algo más que una buena noticia.
Finalmente, volvamos a la sala de ensayo: el niño vuelve a tocar la frase, el sonido fluye con mayor naturalidad. No es solo técnica, hay comprensión, el maestro sonríe. Ambos vibran en una sinergia cuyo núcleo es un sistema que les permite entenderla, medirla y proyectarla. Y eso es construir futuro.
