Andrew Wyeth en la realidad del realismo americano

Esta escuela se encarnó en la obra de muchos artistas que pintaron la realidad seca

El Realismo, en la pintura, siempre fue un problema desde sus inicios en Francia, cuando sus pintores proclamaban que ya había que dejar de pintar ángeles volando por los cielos o mujeres desnudas durmiendo sobre las olas del mar, o reyes, como arbolitos de Navidad, repletos de medallas por hazañas no realizadas.

Gustave Courbet sorprendió con una inmensa tela de él pintando en su taller, “l’atelier” pintado en 1855, actualmente en el Musée d’Orsay.

En “el entierro en Ornams”, cuatro hombres cargan un muerto que culmina en el cementerio con un hoyo de dimensiones tolstoianas, “… la tierra que necesita un hombre”, un perro y el cura con el sello en la mano para marcar el pasaporte del pasajero del ataúd. Fue pintado en 1850 y también está en el mismo museo ya mencionado, y que inspiró a Juan Bautista Gómez para hacer el suyo.

Jean-François Millet pintó los campesinos en su faena o escondidos detrás de las montañas de heno, y Daumier y otros, retrataron faunos correteando doncellas desnudas, o los abogados, con las mismas características terrenales de siempre. Su objetivo era pintar el mundo tal y como es, sin deformarlo ni ponerle maquillaje de concursos de belleza a las damas de extravagantes vestidos de tafeta.

Ese mismo realismo ocurrió, casi simultáneamente, en América y, mucho antes en Rusia.

En Rusia fue iniciado por “Los Ambulantes” que se decidieron a mostrar “la verdad social”, la vida del pueblo, las costumbres, la gente común… Tanto Ilia Repin, Vasili Pukirev, Aleksei Savrasov como Ivan Kramskoi y otros, no querían seguir pintando los caprichos de los zares, sus princesas y perros maquillados.

En Estados Unidos se destacó la escuela Brandywine, a la que se adhirieron los pintores de cowboys Charles Russel, Frederick Remington y otros de los que cabe destacar a Newell Convers Wyeth, decididos a pintar escenas históricas, campesinos, paisajes y gente común. Ese movimiento cogió fuerza tanto en Estados Unidos como en Rusia, después de la ll Guerra Mundial.

En los Estados Unidos, como modo de propaganda, el Congress for Cultural Freedom empezó a financiar “la libertad en el arte”, como si los artistas no hubiesen sido libres. Apoyaron el Arte Abstracto, el llamado Arte Contemporáneo y otras yerbas,

Los rusos, o mejor, los soviéticos, denominaron la corriente como Realismo Socialista para “enaltecer la vida de los obreros y campesinos” y fortalecer, con sus mensajes, el comunismo.

La propaganda del Congress se impuso en Estados Unidos y de ahí nace Warhol, Rothko, Pollock, Motherwells… pero al mismo tiempo fortaleció a aquellos artistas que creían en el Arte y no dieron su brazo a torcer.

De estos sobresalen Wislow Homer, Albert Bierstat, Thomas Eakins, Harnett y un hijo de Newell, Andrew Wyeth, quienes pintaron un perro como un perro sin tener que ponerle un letrerito para explicar “el concepto de que eso es un perro y no un gato”.

Tanto Wyeth como Grant Wood, realizaron las dos pinturas ícono de ese movimiento realista. Wood con “Gothic Americans”, una pareja de campesinos, de edad mayor, que posan con un tridente de heno y, Wyeth, con “Christine’s World”, un retrato de una joven con limitaciones físicas motoras que se arrastra en una sabana, para llegar a su casa, una granja que se ve, en la pintura, allá arriba de la colina.

Chistina Olson, una vecina de Wyeth, le sirvió de modelo para otros cuadros. Nadie se atrevió, como Wyeth a pintar, incluso de espaldas, a una mujer fuera de los cánones de belleza o fuera de familias de “abolengo”, desde aquellas figuras de Lionardo consideradas “grotescas o caricaturas”.

El propósito de callar el realismo americano no era otro que evitar que los pintores retrataran la realidad cruda, la gran depresión, la pobreza de los guetos, el racismo manifiesto en los linchamientos del KKK, que hoy día siguen existiendo; la delincuencia en las calles de New York, Chicago, San Francisco; la soledad, como la retrató de cuerpo entero Edward Hopper en una obra que nos recuerda a Vermeer por el uso magistral de las luces. El otro propósito era decirles a los soviéticos que ellos no tenían pintores libres que pudieran darse el lujo de hacer todos los disparates y garabatos, como ellos.

Pero Wyeth no le hizo caso, ni a la mafia instalada en el tope de la cultura y en los museos, para impedir todo asomo de “figurativismo”.

Para 1970 llegó a su pueblo, Chadds Ford en Pennsylvania, una enfermera alemana con su familia, un marido y 4 hijos, que lo inspiraría para crear una hermosa colección de 4 témperas, 9 drybrush, 63 acuarelas, 164 dibujos a lápiz y algunos óleos. Helga Testorf posó en secreto hasta 1985.

Betsy Wyeth no se inmutó cuando salieron a la luz las obras que incluía numerosos desnudos. Era una mujer amplia y conocía mejor que nadie a su marido y su libertad de artista.

Que tuvieran una relación amorosa o no, es una cuestión muy personal que no se rige por reglas absurdas de propiedad de nadie y no debe ser motivo de chisme.

Su hijo Jamie siguió con la misma brújula de su padre que había dejado, a su vez, su abuelo.
El Realismo Americano se manifestó en la obra de numerosos artistas que pintaron la realidad seca: enormes edificios que parecen nichos, como lo hizo Charles Sheeler con sus “windows” de 1952. Otros retrataron billetes de banco con una maestría y dominio técnico del dibujo y los colores, como lo prueba “reproduction” de John Haberle de 1888.

O’keeffe presentó los detalles de sus gigantescas flores y logró engañar a los “críticos” que creyeron que eran pinturas abstractas. Norman Rockwell ilustró la cotidianidad americana con su progreso de carros nuevos, electrodomésticos, tranvías, luz eléctrica, cines y sin que faltaran las travesuras infantiles, el juego de pelota y los chismes transmitidos por teléfono en más de 100 portadas de la revista The Evening Post.

Leon Golub denunció las arbitrariedades y torturas del ejército y, Alex Katz, con Roy Lichtenstein, pintaron en dos planos figuras del diario vivir y de de los comics.

Hoy el arte queda dividido en dos escuelas: 1. La del arte verdadero con raíces en el Realismo y, 2. El arte basura, sin valor estético, aunque con una cotización altísima entre una élite que solo entiende de dinero.
(Escrito sin Chatgpt ni IA).

Pintura
Jean François Millet pintó los campesinos en su faena o escondidos tras montañas de heno y Daumier y otros retrataron faunos corretenado doncellas desnudas…”

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