Casa Mella-Russo: Un viaje sensorial a través de las obras que guardan sus paredes

Casa Mella-Russo: Un viaje sensorial a través de las obras que guardan sus paredes
Casa Mella-Russo: Un viaje sensorial a través de las obras que guardan sus paredes
La apertura del centro se dio gracias a un gran equipo de profesionales que trabajaron arduamente en la realización de la obra

En la calle Duarte esquina Arzobispo Nouel de la Ciudad Colonial está ubicada la Casa Mella-Russo, centro cultural sin fines de lucro, que representa resultado de décadas de trabajo de su propietaria y directora, Altagracia Mella Russo, coleccionista de arte, y cuyo objetivo es apoyar a los artistas, curadores y gestores de arte.

El sentido de la Casa, además de ser otro museo en la Zona Colonial en el que reposan obras de grandes artistas, es que quien visite el lugar, viva toda una experiencia y se sienta parte de la historia que guardan las paredes de la edificación construida en la Época Colonial.

Poder aprovechar la riqueza histórica que guarda la Casa, retribuir la Ciudad Colonial para preservar su naturaleza como patrimonio de la humanidad y que el público pueda apreciar la organización cronológica de las obras en el centro, era el deseo de Altagracia antes de lograr la apertura del museo.
Pasaron 5 años de mucho trabajo, antes de lograr la reconstrucción, consolidación y puesta en escena de la Casa Mella-Russo, adquirida en el año 2016.

“La consolidación de esta Casa Mella-Russo ha tomado cinco años. Una hermosa propiedad llena de anécdotas y vivencias, que en esta etapa de historia, busca convertirse en referente de cultura dominicana contemporánea. Todo lo alcanzado hasta ahora, fue posible por la entrega del gran equipo de profesionales que arduamente han trabajado en la realización de la obra”, explica Altagracia Mella Russo.

En la misma, alberga su colección privada en la que encontraremos una fuerte presencia de artistas extranjeros, fruto de la migración masiva que ocurrió a finales de los años 30 y principio de los 40, entre ellos, Joseph Gausachs, José Vela Zanetti, Eugenio F. Granell, Andrés Bretón, Wilfredo Lam, George Hausdorf y el caso peculiar de Oswaldo Guayasamín, que siempre mantuvo una estrecha relación con la República Dominicana.

El resto de las obras que la componen son un viaje sobre la visión estética del país, desde el principio de los 90 hasta nuestros días, en el que se encuentran maestros locales como Celeste Woss y Gil, Iván Tovar, Domingo Liz, Rincón Mora, Yoryi Morel, Ada Balcácer, Darío Suro, Paul Giudicelli, Elsa Núnez, Clara Ledesma, Said Musa, Jame Colson, Guillo Pérez, José Cestero, Orlando Menicucci, Danilo de los Santos.

En el museo también reposan obras de las generaciones que cuestionan y replantean el dilema estético como Chiqui Mendoza, Ernesto Rodríguez, Hulda Gúzman, Patricia Castillo y Daniel Infante.

Al llegar al museo, que desde su entrada se puede apreciar la conservación de elementos originales de su construcción, combinados con materiales de la remodelación, desconoces el valor de cada rincón hasta que tienes la oportunidad de conversar con uno de los gestores culturales de la Casa que se encuentran en el lugar listos para hacerte descubrir la magia artística que histórica que guarda el centro.

Sobre su historia

La hoy Casa-Mella Russo, durante su trayectoria llegó a alojar un consultorio Médico, una escuela de música, un almacén de iglesia, un taller de joyería artesanal de ámbar y larimar, e incluso un estudio de grabación.

Una placa de cristal ubicada en la sala de entrada del museo, es la primera guía que inicia el recorrido y cuenta la historia de la Casa, sus antecedentes, primeras utilidades e inquilinos.
Dicho escrito cuenta que los primeros propietarios de los que se tiene registro oficial llevaban el apellido Bernal y se tiene constancia de que, las primeras personas con este apellido arribaron a la isla junto al colonizador español Ovando en 1502.
Según la historia, uno de los miembros de la familia Bernal, Juan Bernal, quien fue médico y miembro del Cabildo Eclesiástico de la Catedral junto con Tomás Portes, quien se convertiría en el Arzobispo años posteriores, cultivaron una estrecha amistad y se presume que por esta relación en el siglo XIX, la casa sirvió como almacén de la iglesia católica.

Más adelante, durante la unificación haitiana, fue residencia de Juana Quintanó y José Guieardo, militar retirado y dueño de estancias agrícolas y ganaderas.

La Casa también llegó a pertenecer a familiares de la gran artista dominicana, Casandra Damirón.

Esto sucedió después del cambio de siglo cuando estuvo bajo propiedad de Luisa Damirón, junto a sus hermanos Arturo Stable Damirón y José Stable Damirón, momento en que la residencia pasa a ser un consultorio dental, comercio de venta de acero y de útiles escolares. Perteneció a esta familia hasta la primera década del siglo XXI.

Posteriormente, el local funcionó hasta 2010 como una tienda de música y ese mismo año fue adquirida por Altagracia Mella Russo.
Desde entonces, se trabajó en el rescate de la estructura original del inmueble y durante ese proceso se realizó una labor de indagación arqueológica, encontrando capas de esta historia: arte taíno, arcos coloniales, crujías del almacén eclesiástico y patio interior de estilo colonial: así como lachada y tragaluces republicanos.

Los objetos encontrados, se consolidaron para ser exhibidos junto a las obras de artistas dominicanos y extranjeros, que representa en sí la razón de ser de Casa Mella Russo, la cual “busca conectar las huellas del pasado con el presente y posibles futuros”.

Dentro de los elementos bien aprovechados y conservados, hay un arco en piedras de aproximadamente 1 metro con 40 centímetros de altura, y que llama la atención por su ubicación y presencia estética. Para lo que fue utilizado, en su momento, era necesario doblarse para poder atravesarlo, hoy es parte de la decoración y estética del museo.

Antes, los historiadores presumían que era un portal secundario por donde pasaban los sirvientes, sin embargo en una conversación con una descendiente directa de un ex dueño de la propiedad, se supo que esa era la entrada del consultorio médico de su abuelo.

“Ese portal pequeño fue encontrado y se quiso introducir en la estética de la casa, y se determinó que podía ser un portal para el servicio, pero por una conversación con una descendiente directa de alguien que vivía aquí, una nieta, nos comentaba que era la entrada del consultorio de su abuelo. Los historiadores pensaban que ese era un portal secundario y que quizás era un paso de los sirvientes pero ella nos contó que era la puerta del consultorio”, explicó Jennifer Martínez, gestora cultural del museo.

Cuando Mella Russo compró la propiedad, era como una especie de plaza comercial, y según continúa explicando Martínez. Estaba dividida en varios locales que llegaron alojar el taller de larimar y ambar y el estudio de grabación, el cual también forma parte de la historia dominicana, ya que en dicho estudio se llegaron hacer grabaciones para “Radioguarachita”, debido a que pertenecía al esposo de una hija del dueño de “Radioguarachita” e incluso cuando se compró la propiedad encontraron discos en el lugar.

El taller de Said Musa a Casa Mella Russo

Al entrar, la edificación está dividida en dos salas, una que contiene la colección privada de la señora Altagracia, de la que ya hemos hablado, y otra que la encontraremos a su lado derecho.
En esta segunda sala, se encuentra la exposición temporal del artista Said Musa, Pintor, dibujante, escultor y ceramista dominicano de madre azuana y padre libanés. La magia de esta sala y de la exposición en sí, es sentir como si estuvieras en el propio taller del señor Said, y podríamos decir que ese objetivo está bien logrado. Las obras de arte expuestas en esta sala contienen elementos que de igual forma se encuentran físicamente en la habitación, y esto provoca una experiencia de conexión entre el visitante, el artista y el lugar donde crea su arte.

Dentro del salón de exposición del señor Said, hay una pequeña división con un proyector de imágenes que presenta un video del artista mientras realiza una obra de arte, instalada en el piso de abajo del museo. Este audiovisual aumenta aún más la experiencia de acercamiento entre el espectador, las obras, el taller donde se construye el arte y el mismo artista.

“Aquí vemos al señor Said, trabajando en su taller y eso que tiene ahí es el mural que tenemos allá abajo que tiene más de 3,000 piezas”, explicó Martínez.

Agregó que el maestro Said es un artista colaborador del museo, muy ligado a la casa y por su impresionante trabajo fue elegido para abrir con la primera exposición temporal. “Cuando ves el mural, te das cuenta de que sí tenía que ser él, es un mural impresionante y que retrata los sueños de la señora Altagracia, es como un reportaje visual, incluso de los tropiezos en la construcción y la consolidación porque ha sido un proyecto que le ha costado no solo en lo monetario, sino también en lo personal y físico. Es una gran obra… ella está muy conforme con el resultado”, continuó explicando.

Obra en cerámica del artista dominicano Said Musa .

Visitas por citas

Por el tema de la pandemia las visitas están siendo programadas por citas y las puertas están abiertas de 10:00 a.m. a 6:00 p.m., en caso de que alguna persona quiera entrar y no hay un recorrido guiado en curso, se deja entrar con ciertas restricciones.
“Si se fijan no es un lugar para que entre todo el mundo a venir a tirarse fotos con las obras, ese no es el interés, es más para aquellas personas que quieran disfrutar la experiencia y les interese lo que hay aquí. Si sales al patio te darás cuenta que todo tiene una relación: las plantas que están en el patio son endémicas, los sonidos, los elementos que están aquí, también forman parte de la historia, es una experiencia en todos los sentidos, hasta los aroma. Es para que vivan una experiencia enriquecedora y productiva”, indicó Martínez mientras mostraba la Casa.

Aparte de presentar las colecciones en la Casa, se tiene previsto realizar charlas, coloquios, presentaciones, con el fin de tratar de aportar al mundo artístico y cultural dominicano, y que no se trate “solamente de tener una casa bonita u otro museo en la zona colonial, sino que tenga más valor agregado y también aporte”.

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