Cuaresma, volver a Dios para renovar la vida III

Introducción
La Cuaresma es siempre un camino, un itinerario espiritual que la Iglesia nos propone para volver al centro de nuestra vida: Dios. En este camino hemos reflexionado ya sobre la necesidad de mirarnos con sinceridad y reconocer nuestra fragilidad, y también sobre la importancia de volver a descubrir a los demás, porque la fe cristiana nunca se vive en aislamiento.

Pero para que esas dos realidades, el encuentro con uno mismo y el encuentro con los demás, sean auténticas, hay una condición fundamental: el silencio. Sin silencio interior la vida espiritual pierde profundidad y la voz de Dios queda ahogada por el ruido de tantas preocupaciones.

El mensaje para la Cuaresma de 2026 del papa León XIV nos ayuda precisamente a redescubrir este aspecto. En su texto titulado “Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión”, el Santo Padre recuerda que la Iglesia nos invita en estos cuarenta días a “poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas”.

Ese retorno al centro de la vida comienza, precisamente, por aprender a escuchar.
1-El ruido que llena nuestra vida
Una de las características más evidentes de nuestro tiempo es el ruido. Vivimos rodeados de palabras, de opiniones, de mensajes, de discusiones y de estímulos permanentes. Las redes sociales, los medios de comunicación y el ritmo acelerado de la vida moderna generan una agitación continua que muchas veces nos impide detenernos.
Pero el ruido más peligroso no siempre es el exterior. Existe también un ruido interior, hecho de preocupaciones, temores, resentimientos, ambiciones y distracciones. Ese ruido interior paraliza el corazón.
Por eso el papa León XIV insiste en que la conversión comienza por la escucha. Estar dispuestos a escuchar a Dios y a los demás es el primer signo de que el corazón desea cambiar y abrirse a una vida más centrada.
La Cuaresma, entonces, se convierte en una invitación a detenernos en medio del bullicio. A crear espacios donde la voz de Dios pueda encontrar lugar en medio de nuestra vida.
2-Jesús buscaba el silencio
Cuando recorremos los Evangelios descubrimos un rasgo muy significativo de la vida de Jesús. A pesar de estar rodeado de multitudes, de discípulos y de personas que buscaban su ayuda, el Evangelio nos dice muchas veces que se retiraba a lugares solitarios para orar.
Jesús buscaba el silencio.
Este detalle del Evangelio revela algo muy importante. El silencio no es una evasión de la realidad, como muchos pueden llegar a creer. Es, por el contrario, una fuente de claridad y de fuerza interior. En esos momentos de silencio, el Hijo hablaba con el Padre y renovaba su misión.
También nosotros necesitamos esos momentos. Sin ellos corremos el riesgo de vivir en la superficie de la vida, reaccionando continuamente a lo que sucede, pero sin la profundidad necesaria para discernir el sentido de nuestras decisiones.
La Cuaresma es el tiempo propicio para a recuperar esos espacios donde el corazón pueda volver a Dios.
3-El silencio que nos permite conocernos
En el primer momento de nuestra reflexión cuaresmal hablábamos de la necesidad de mirar nuestro interior. Pero ese ejercicio exige silencio.
Cuando el ruido se apaga, el ser humano empieza a encontrarse consigo mismo. Aparecen las preguntas más profundas de la vida. Surgen y salen a flote también nuestras fragilidades, nuestras incoherencias y nuestras heridas.
Esto no siempre es cómodo. Sin embargo, es necesario para que exista una verdadera conversión.
El silencio nos permite reconocer nuestra pobreza espiritual, pero al mismo tiempo nos abre a la experiencia de la misericordia de Dios. Solo quien se reconoce necesitado puede abrirse plenamente al amor de Dios, que siempre busca nuestra salvación.
4-El silencio donde Dios habla
La tradición de la Iglesia siempre ha enseñado que Dios habla en el silencio del corazón.
El papa León XIV, en su mensaje cuaresmal, invita precisamente a “hacer más atento nuestro oído a Dios”, porque la escucha de su Palabra es el primer paso del camino de conversión.
Dios no suele imponerse con estruendo. Su voz es muy discreta. Y se manifiesta de distintas maneras en cada persona. Alguien puede sentir como una intuición interior; otro una llamada clara a cambiar de vida y otro una invitación simple a confiar.
Pero para percibir esa voz es necesario el silencio.
Cuando aquietamos el ritmo y cuando dejamos de llenar cada momento con palabras o distracciones, se abre un espacio donde la presencia de Dios puede hacerse más clara.
5-El silencio que purifica nuestras palabras
El mensaje cuaresmal del Papa León XIV introduce también una propuesta muy concreta y profundamente actual: ayunar de palabras que hieren.
El Santo Padre invita a “desarmar el lenguaje”, renunciando a las palabras duras, a las críticas destructivas y a los comentarios que lastiman a los demás.
Este ayuno del lenguaje tiene una relación directa con el silencio. Muchas veces nuestras relaciones se deterioran porque hablamos demasiado rápido y escuchamos demasiado poco.
El silencio educa la palabra.
Quien aprende a callar también aprende a escuchar. Y quien escucha comienza a comprender mejor a las personas que tiene a su alrededor.
6-El silencio que nos abre al clamor de los demás
El papa León XIV recuerda que la escucha no debe dirigirse solamente a Dios, sino también al clamor de los que sufren. La Cuaresma, dice el papa, debe ayudarnos a hacer más atento nuestro oído a los más necesitados.
Cuando el corazón vive en constante agitación, es difícil percibir el sufrimiento de los demás. La prisa nos suele volver insensibles y el ruido interior nos hace centrarnos únicamente en nuestras propias preocupaciones. Nos hacemos pocos empáticos. Pero cuando el corazón aprende a callar, la mirada hacia los demás cambia.
Empezamos a percibir la soledad de muchos, las luchas ocultas que otros viven en silencio, las heridas que no siempre se expresan con palabras. El silencio, lejos de aislarnos, nos hace más atentos y compasivos.
7-Volver al mundo con un corazón renovado
El silencio cuaresmal es una preparación para volver al mundo, a la cotidianidad, con un corazón renovado.
Después de retirarse a orar, Jesús regresaba siempre al encuentro de las personas. Volvía a los caminos, a los pueblos, a las casas donde la gente esperaba su palabra.
Algo parecido puede suceder también en nuestra vida.
Cuando aprendemos a cultivar momentos de silencio, regresamos a nuestras responsabilidades con mayor serenidad. Las dificultades no desaparecen, pero el corazón se vuelve más fuerte para enfrentar las dificultades de la vida. Los conflictos no se esfuman, pero aprendemos a afrontarlos con más sabiduría.

Conclusión
CERTIFICO que la Cuaresma nos educa en el silencio. Es tiempo para escucharnos, escuchar a Dios y escuchar a los demás. Y así tener, como nos dice el papa León, la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atentos nuestros oídos a Dios y a los más necesitados.

DOY FE en Santiago de los Caballeros a los seis (6) días del mes de marzo del año del Señor dos mil veintiséis (2026).

Posted in Certifico y Doy Fe, CulturaEtiquetas

Más de cultura

Más leídas de cultura

Las Más leídas