Elementos básicos para hacer un verdadero nacimiento en tiempos de Navidad (2 de 2)

Introducción

El nacimiento gozoso de Jesucristo, la primera Navidad, marcó definitivamente la historia. Más aún: la introdujo en la eterna felicidad.

Así, cada Navidad nos marca a todos de alguna manera, año tras año. Más aún: nos coloca de nuevo en el camino de la eterna felicidad, si la hemos perdido.

La Navidad del presente año me marcará por haber redactado en ella estos 10 elementos básicos para hacer una verdadero nacimiento en tiempos de Navidad, que son:

1. EL NIÑO JESÚS
2. LA VIRGEN MARÍA
3. SAN JOSÉ
4. EL PESEBRE
5. LA CUEVA
6. EL BUEY Y EL ASNO
7. LOS ÁNGELES
8. LOS PASTORES
9. LOS MAGOS
10. LA ESTRELLA

5. Los ángeles

Los ángeles ejercieron un amplio ministerio y presencia en la Encarnación y Nacimiento del Salvador y lo seguirían ejerciendo en su ministerio público.

Así, el Ángel del Señor anunció a Zacarías el nacimiento de Juan, el Bautista (Lucas 1, 11-20); a María, de la misma manera, la Encarnación y Nacimiento de Jesús (Lucas 2, 26-38); a José que no temiera en tomar a María por esposa, porque lo engendrado en ella era del Espíritu Santo (Mateo 1, 20-21); igualmente después del nacimiento, que huyera a Egipto para proteger al Niño de Herodes (Mateo 2, 15-15); y, una vez muerto éste, que retornara a tierra de Israel (Mateo 2, 19-25).

Volveremos a encontrar a los ángeles durante la vida pública de Jesús: por ejemplo, después que el Señor venció al tentador en el desierto para servirle (Mateo 4, 11); en la agonía del huerto de los Olivos para consolarlo (Lucas 22, 24); en el sepulcro vacío después de la resurrección, para anunciar que no estaba allí (Juan 20, 11-15).

La presencia de los ángeles en el nacimiento se realizó de manera gloriosa, alegre, y ejerciendo un ministerio ante los pastores.
Traigamos de nuevo, ante nuestros ojos, el hermoso relato de Lucas 2, 8- 14.

“Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El ángel les dijo. “No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.

Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace”.

El Evangelista Lucas dice que los ángeles, una vez cumplida esta misión, dejando los pastores, se fueron al cielo.

En las representaciones de la Navidad, los ángeles aparecen unas veces, junto a los pastores, como dice el texto bíblico; otras veces, sobre la cueva solos o portando también su glorioso canto de alabanza: “Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que ama el Señor”; en algunas ocasiones no aparecen los ángeles y se coloca sólo el texto de su himno; en algunas representaciones están también de rodillas ante el Niño, junto con María y José, e incluso con algunos pastores.

6. El buey y el asno

El dato del nacimiento del Hijo de Dios en un pesebre y en un establo llevó inmediatamente la mente de los primeros cristianos a aquel texto de Isaías 1, 3: “Conoce el buey a su dueño y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no conoce, mi pueblo, no entiende”.

Aunque el relato evangélico de San Lucas no habla explícitamente del “buey y del asno” fue fácil, sin embargo, unir el tema “pesebre-establo” y los animales “buey y asno” e incluir el texto de Isaías 1, 3 en las representaciones de la Natividad. De esa manera, con este detalle, se enriqueció el significado doctrinal de la Navidad.

El símbolo del buey y del asno introduce en el mensaje de la Navidad una temática con un contenido muy fuerte, la que trae San Juan en su Evangelio cuando el Hijo de Dios entra al mundo: “Vino a su casa y los suyos no lo recibieron” (Juan 1, 11), sin embargo el mundo animal, el buey y el asno, lo reconocieron y lo recibieron.

Simbolizan, además, la creación entera. También por eso, alrededor de los nacimientos, se colocan árboles, flores, lagos, rocas y otras cosas para significar que las criaturas todas reconocen al enviado de Dios y que Él vino a salvarlas y a santificarlas.

7. Los magos

En contrapartida con los pastores, los magos representan a todos los demás pueblos de la tierra no judíos y a los sabios y ricos. Simbolizan a los que investigan sobre Dios, lo quieren conocer y encontrar, a los que salen en busca de Él y lo encuentran, porque Dios siempre da senales para que se le pueda reconocer: a los pastores les dio “un niño envuelto en pañales colocado sobre un pesebre” y a los Magos “una estrella”. Ellos escudriñan en la creación y en las ciencias: “Se presentaron en Jerusalén, diciendo:

¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarle”. Y son confirmados por las Sagradas Escrituras: el lugar donde debía nacer el Mesías es “en Belén de Judá, porque así está escrito por medio del profeta: Y tu Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá, porque de ti, saldrá un caudillo, que apacentará a mi pueblo Israel” (Mateo 2, 2-6).

Los Magos son presentados en los nacimientos en camino hacia la cueva, montados en camellos o dromedarios o a pie, no con los demás personajes junto al pesebre; el Evangelio dice “unos Magos”, pero la tradición fijó el número en tres y les dio nombres, Gaspar, Melchor y Baltasar; representan las diferentes razas de la tierra, poniendo de relieve en uno de ellos la raza negra; son vestidos según las costumbres de los pueblos, para acentuar la diversidad de culturas y la universalidad de la salvación; van los tres solos o acompañados de un séquito, también representativo de las distintas razas, pueblos y culturas.

La iconografía navideña tiene otra escena de los Magos, que recoge su llegada a Belén. El Evangelio de Lucas la describe así: “Entraron a la casa; vieron al niño con María, su Madre y postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra” (Mateo 2, 10- 11).
Desde antiguo, se ha visto simbolizado en estos regalos la Realeza (el oro), la Divinidad (el incienso), la Pasión (la mirra) de Cristo.

Este relato bíblico de los Magos se plasma en las representaciones pictóricas no en una cueva, sino en una casa, donde María Madre está sentada con el niño en sus piernas y los Magos de rodillas adorando al Niño- Dios y ofreciéndole sus dones de oro, incienso y mirra; los personajes que les acompañan, si los hay, también están de rodillas.

Dentro de las celebraciones litúrgicas de la Navidad, alrededor de los Magos hay otra celebración, el 6 de enero, distinta de la Natividad, el 25 de diciembre. Se la conoce con el nombre griego de Epifanía, que significa manifestación o revelación”. Es la fiesta de “la catolicidad”, de “la universalidad” de la salvación y de la Iglesia.

En República Dominicana, como en otros países, la “fiesta de los Reyes Magos”, el 6 de enero, como le llaman popularmente al día de la Epifanía del Señor, tiene una fuerza familiar y cultural especial. En él los niños reciben como una sorpresa, regalos y dones. Varios gobiernos han tratado de convertir ese día en laborable, pero la gente se resiste y lo hace, de hecho, no laborable.

8. LA ESTRELLA

Sin lugar a dudas que la Estrella es uno de los símbolos más conocidos y apreciados en la Navidad: aparece en lo alto de los nacimientos; o guiando a los Magos o sobre la casa donde encontraron al Niño Dios; e incluso sobre la mayoría de los arbolitos de Navidad.

Se le representa con cinco, seis u ocho picos. La “estrella cristiana” y tradicional, desde los orígenes del cristianismo, tiene ocho picos, no cinco o seis. A veces, se toman tres o dos de esos ocho picos, se alargan y se dejan caer sobre la escena del nacimiento, como tres o dos haces de luz.

Tomo de mi libro Nuestra Señora de la Altagracia. Edición pastoral, págs. 23- 24, la explicación breve y completa de este hermoso e importante símbolo tan bíblico, tan universal y tan propio de la Navidad. Así, pues, la estrella:

Es símbolo de Dios que está en el cielo; de Dios que se manifiesta (se deja ver, oír y sentir) y que guía; de Dios que ilumina en la oscuridad; de Jesucristo, como Dios y Rey; del cumplimiento de las profecías sobre el Mesías.

Tiene una relación con “la estrella que brillará sobre Jacob”, profetizada por Balaam (Números 24, 17); con la estrella de los Magos (ver Mateo 2, 1-12); y con Jesucristo mismo, “el lucero radiante de la mañana” (Apocalipsis 22, 16).

Ella es símbolo de luz y nos recuerda que la Natividad, Epifanía de Dios, es una fiesta de luz (ver lsaías 60 1-6).

Los ocho picos simbolizan el cielo, la eternidad. La creación, que es temporal, duró en realizarse siete días. El octavo día, el que le sigue, es la eternidad, el día que no tiene fin.

Los tres o dos haces, que se desprenden de la estrella y caen sobre la escena, simbolizan la acción divina y celestial en los acontecimientos históricos de la salvación. Cuando son tres, aparece con más claridad que esa acción es labor conjunta de las tres divinas personas, la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Es símbolo que se aplica al ser humano, cuando este brilla por alguna razón, cuando sirve de guía, cuando es luz para los demás. Todo ser humano está llamado a ser estrella en algún sentido, siempre en relación con Dios. Cuando alguien se considera o es considerado la “única estrella”, intenta, consciente o inconscientemente, desplazar a Dios y a los demás.

Conclusión

CERTIFICO que los textos reproducidos aquí fueron tomados de mi libro “Elementos básicos para hacer un verdadero nacimiento en tiempos de Navidad”.

DOY FE en Santiago de los Caballeros, a los cinco (5) días del mes de enero del año del Señor 2022.

Mantente informado!

Recibe en tu correo actualizaciones diarias
de las noticias más importantes de la actualidad.