Madre de los favores y Señora de la libertad

Introducción

Cada 24 de septiembre, el corazón del pueblo dominicano se estremece de gratitud y esperanza al celebrar a Nuestra Señora de las Mercedes, patrona de la República Dominicana. Desde los albores de nuestra historia colonial, su imagen maternal ha acompañado los pasos de este pueblo, que la invoca con confianza como la Virgen de los favores. Ella, que supo decir un “sí” generoso a Dios, sigue siendo para nosotros el signo de que el cielo se inclina para socorrer a los hijos necesitados.

En la Virgen de las Mercedes reconocemos a la mujer creyente que acompaña a su pueblo en los caminos de la historia, mostrándonos a Cristo, el mayor favor que Dios nos ha concedido. Y al mismo tiempo, como Madre de los cautivos, nos sigue invitando a vivir en la verdadera libertad de los hijos de Dios, rompiendo las cadenas que aun oprimen a nuestro país y a nuestras conciencias.

En esta columna quisiera contemplar a la Virgen de las Mercedes como madre, intercesora y maestra de libertad, y descubrir qué significa para nosotros, dominicanos de hoy, ser un pueblo que camina bajo su manto.

1-Los orígenes. La llegada de la devoción a la isla
La devoción a Nuestra Señora de las Mercedes llegó a nuestra isla con los primeros misioneros de la Orden de la Merced, fundada en Barcelona por san Pedro Nolasco en 1218, en tiempos en que la cristiandad enfrentaba el drama de los cautivos. Aquellos frailes mercedarios, al llegar al Nuevo Mundo en el siglo XVI, trajeron consigo la imagen de María que ellos veneraban como Redentora de los cautivos.
En la isla de La Española, hoy República Dominicana, los mercedarios fundaron conventos y difundieron la devoción a la Virgen. Las crónicas hablan de que desde los primeros tiempos coloniales el pueblo la reconoció como protectora en las dificultades, invocándola en sequías, epidemias, invasiones y terremotos.

Por siglos, la Virgen de las Mercedes ha sido invocada en los momentos cruciales de nuestra historia. En 1844, los Padres de la Patria depositaron en sus manos el nacimiento de la República. En 1849, el Congreso Nacional la proclamó oficialmente Patrona de la República Dominicana, reconociendo que su protección no ha faltado en los momentos de mayor peligro y prueba.

2-La Madre de los favores
El pueblo dominicano llama a María la Virgen de los favores. El primer y mayor favor que nos concedió fue el don de su Hijo Jesucristo, en quien encontramos el perdón, la vida nueva y la verdadera libertad.
Pero junto a ese favor supremo, el pueblo ha acudido a ella en todas las necesidades: en los tiempos de escasez de lluvias, en los azotes de las epidemias, en los terremotos, en los desastres naturales y en las luchas por la dignidad nacional. Cuántos dominicanos y dominicanas, de todos los tiempos, han visto en la Virgen de las Mercedes un rostro materno que escucha y auxilia.

María no obra por sí misma los prodigios y milagros; ella intercede ante Dios y nos conduce a Cristo. Sus favores son, sobre todo, favores espirituales. Por ejemplo, la paz del corazón, el alivio en la enfermedad, el consuelo en la pérdida, el estímulo para la reconciliación y la esperanza que renace cuando las fuerzas humanas parecen agotarse.

3-Señora de la libertad
Desde su origen en la Orden de la Merced, María fue venerada como Madre de los cautivos, de aquellos que sufrían la esclavitud o la opresión. En nuestro suelo, esta advocación encontró una resonancia profunda, porque nuestra historia también ha conocido cadenas que degradan la dignidad humana: la esclavitud colonial, la opresión política, la pobreza persistente, y aun hoy tantas formas modernas de dependencia y exclusión.

La Virgen de las Mercedes, que acompañó a los cautivos en sus prisiones y alentó a los mercedarios a ofrecer incluso su propia vida para liberar a los oprimidos, nos sigue llamando a trabajar por la libertad plena de nuestro pueblo. Más que la libertad exterior, la libertad interior que nos hace hijos de Dios, capaces de vivir en la verdad, en la justicia y en la fraternidad.

Cada fiesta del 24 de septiembre es una invitación a romper cadenas: las de la indiferencia, la corrupción, el egoísmo, la violencia, la exclusión de los más pobres. María, que nos muestra a Cristo Redentor, nos dice al corazón: “No teman; confíen. Sean libres para amar y servir”.

4-Presencia maternal a lo largo de la historia
A lo largo de más de cinco siglos, la Virgen de las Mercedes ha sido como un hilo de luz que une generaciones y épocas. Ha estado presente en los campos y en las ciudades, en los templos y en los hogares humildes, en la vida de campesinos y soldados, de madres y de niños.

Su santuario en el Santo Cerro, donde la tradición cuenta que Cristóbal Colón plantó una cruz en el tiempo de la conquista, y el templo de la calle Las Mercedes en Santo Domingo, son signos visibles de esa cercanía maternal que ha acompañado el caminar de la nación.

Quien mira con ojos de fe la historia de nuestro país descubre que, en los momentos más oscuros, siempre hubo una lámpara encendida ante su imagen: en los días de la Independencia, en las guerras de restauración, en los tiempos de catástrofes naturales y de crisis sociales. Esa presencia de María es presencia del Dios que no abandona a su pueblo.

5-Un llamado para el presente
Celebrar la solemnidad de Nuestra Señora de las Mercedes es, ante todo, una llamada a renovar nuestra vida cristiana y nuestra responsabilidad social.

La Virgen nos sigue recordando que Dios nos quiere libres y solidarios, constructores de paz y cuidadores de la creación. Su fiesta debe comprometernos con la búsqueda de la fraternidad, a promover la justicia, a cuidar la familia, a acompañar a los más débiles: los pobres, los migrantes, los enfermos, los privados de libertad.

Como pueblo dominicano, necesitamos redescubrir a María como madre de la esperanza, capaz de unirnos más allá de diferencias políticas y sociales. Bajo su manto podemos aprender a trabajar juntos por un país donde la libertad no sea solo un ideal, sino una realidad verdadera.

6-Caminemos bajo su manto
La Virgen de las Mercedes ha acompañado a nuestro país desde los albores de la historia colonial hasta los desafíos del presente. La hemos invocado como Madre de los favores y como Señora de la libertad, y ella nos sigue mostrando a su Hijo, que es el Camino, la Verdad y la Vida.

Hoy, al contemplarla una vez más, le pedimos que nos ayude a romper todas las cadenas que nos esclavizan y a m caminar con esperanza hacia un futuro más fraterno.

Que esta fiesta anual que acabamos de celebrar sea un impulso renovado para vivir como hijos libres, responsables y solidarios, conscientes de que bajo el manto de María podemos avanzar confiados, como pueblo y como Iglesia, hacia los nuevos horizontes que Dios nos prepara.

Conclusión

CERTIFICO que la Virgen de las Mercedes nos ha acompañado en cada etapa de nuestra historia, alcanzándonos favores de Dios con su intercesión.

DOY FE en Santiago de los Caballeros a los veintiséis (26) días del mes de septiembre del año del Señor dos mil veinticinco (2025).

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