Nuestra Señora de la Altagracia, Madre protectora y esperanza del pueblo dominicano

Introducción
CEn estos días de novena, el corazón del pueblo dominicano vuelve su mirada a Nuestra Señora de la Altagracia, Madre protectora y presencia maternal constante en nuestra historia. Ella ha acompañado el caminar de nuestra nación, sosteniendo la fe de los sencillos, consolando y avivando la esperanza en los momentos difíciles. Como pastor que ha reflexionado y escrito largamente sobre su figura, vuelvo a contemplarla no solo como un símbolo religioso, sino como una Madre viva, cercana y encarnada en la identidad dominicana.

1-María, Madre cercana y protectora del pueblo
Nuestra Señora de la Altagracia es, ante todo, Madre. No una madre distante, sino cercana, atenta a los clamores de sus hijos. Desde los orígenes de nuestra historia, el pueblo dominicano ha experimentado su protección en momentos de dificultad, enfermedad, violencia y peligro. Ella ha sido refugio y consuelo. Su maternidad se expresa claramente en la confianza con la que este pueblo se acerca a ella, seguro de ser escuchado y acogido.

2-La Altagracia y el misterio de la Encarnación
La imagen de la Virgen de la Altagracia nos presenta a María contemplando el misterio del nacimiento de Jesús. Ella nos enseña a detenernos ante el Dios que se hace pequeño, pobre y cercano. Somos invitados por María al silencio contemplativo, a reconocer la grandeza de Dios que se manifiesta en la humildad. Desde la Altagracia, aprendemos a acoger a Cristo en nuestra vida personal, familiar y social.

3-Madre de la fe sencilla y profunda
La devoción a la Virgen de la Altagracia ha crecido en el corazón de un pueblo de fe sencilla, pero firme. Es una fe que se expresa en peregrinaciones, promesas, oraciones y hasta lágrimas derramadas ante su imagen. Un servidor fue testigo de esto muchas veces, durante mis doce años como Rector de la Basílica, y luego durante mis 8 años como Obispo de la Diócesis. María valora esta fe humilde, porque nace del corazón y se traduce en confianza total en Dios. De ella aprendemos a tener una fe de entrega, perseverancia y fidelidad en medio de las pruebas, no de palabras.

4-Altagracia, escuela de esperanza
Nuestro pueblo ha vivido momentos de sufrimiento, incertidumbre y crisis. En todos ellos, María ha sido signo de esperanza. Como Madre, viene a decirnos que Dios no abandona a sus hijos y que, aun cuando la noche parece oscura, siempre amanece. La Virgen de la Altagracia, queridos todos, nos anima a no perder la esperanza, a seguir luchando por un país mejor, con justicia verdadera para todos, solidario con los que más necesitan, pero siempre sostenidos por la certeza de que Dios camina con nosotros.

5-María, modelo de humildad y servicio
En la Altagracia contemplamos a una María humilde, totalmente disponible a la voluntad de Dios. No busca protagonismo; señala siempre a su Hijo. Esta actitud es una llamada para todos nosotros: pastores y fieles, autoridades y ciudadanos. En María tenemos el ejemplo de verdadero servicio, que es el que se realiza con humildad, entrega y amor desinteresado, poniendo el bien del otro por encima del propio interés.

6-Madre que une y convoca
Nuestra Señora de la Altagracia es un punto de encuentro para todos los dominicanos, dentro y fuera del país. Ante ella se reúnen personas de distintas edades, condiciones sociales y realidades de vida. María nos convoca a la unidad, recordándonos que somos hermanos y que estamos llamados a construir juntos una nación donde reine el respeto, la justicia y la paz.

7-María nos conduce siempre a Cristo
Finalmente, la Virgen de la Altagracia no se queda en sí misma. Toda auténtica devoción mariana nos lleva a Jesucristo. María nos dice, como en Caná: “Hagan lo que Él les diga”. En esta novena, ella nos invita a renovar nuestra relación con su Hijo, a escuchar su Palabra y a vivir conforme al Evangelio. Solo así nuestra devoción puede ser verdadera y fecunda.

Que Nuestra Señora de la Altagracia, Madre protectora del pueblo dominicano, siga cubriéndonos con su manto y conduciéndonos siempre al encuentro vivo con Jesucristo, Señor de nuestra historia.

Conclusión
CERTIFICO que el pueblo dominicano se viste de fiesta estos días al celebrar la novena en honor de su Madre espiritual, la Virgen de Altagracia.

DOY FE en Santiago de los Caballeros a los dieciséis (16) días del mes de enero del año del Señor dos mil veintiséis (2026).

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