Santiago Apóstol, testigo del Evangelio y patrono nuestro

Introducción

Al celebrarse estos días la novena en honor de Santiago Apóstol, patrono de nuestra arquidiócesis y de la ciudad de Santiago de los Caballeros, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones sobre la figura de este gran apóstol, uno de los más cercanos al Señor, cuya vida y testimonio siguen iluminando el caminar de nuestra Iglesia.

Como cuarto obispo y segundo arzobispo de esta amada arquidiócesis, que tuve el honor de pastorear después del ministerio fecundo de monseñor Juan Antonio Flores Santana, puedo atestiguar cómo la devoción a Santiago ha tejido hondamente la identidad espiritual de este pueblo.

Es oportuno, entonces, que al rendirle tributo, también nos acerquemos más profundamente a su vida, a su vocación y a su misión. Porque más allá de los gestos externos, que ciertamente fortalecen la identidad de nuestro pueblo, la devoción a un santo nos debe llevar a imitar sus virtudes, a dejarnos tocar por su ejemplo, y sobre todo, a acercarnos más al Señor Jesús, a quien él sirvió con tanta radicalidad.

1- Su vocación
Santiago, llamado también el Mayor para distinguirlo de otro apóstol del mismo nombre, era hijo de Zebedeo y hermano de Juan, el evangelista. Vivía en Galilea y se ganaba la vida como pescador en el lago de Genesaret. Fue precisamente allí, en la cotidianidad de su labor, donde Jesús pasó y lo llamó a seguirlo.

El Evangelio de Mateo (4, 21-22) narra cómo Jesús, al ver a los dos hermanos en la barca junto a su padre, los llamó. Y ellos, “dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron”. Esta prontitud en la respuesta nos revela inmediatamente una disponibilidad interior, una apertura radical al misterio de Dios. Santiago deja todo para seguir al Maestro, sin condiciones ni seguridades, abrazando una vida nueva que lo llevará, con el tiempo, hasta el martirio.

Este pasaje también nos interpela. ¿Qué estamos dispuestos a dejar por Cristo? ¿Qué barcas, redes o apegos nos impiden seguir al Señor con mayor libertad? Santiago, queridos todos, nos recuerda que la vocación cristiana, sea laical, sacerdotal o consagrada, exige decisión.

2- Testigo privilegiado de la vida de Jesús
Entre los doce apóstoles, Santiago ocupó un lugar especial. Junto con Pedro y su hermano Juan, formó parte del círculo más íntimo de Jesús. A estos tres los llevó consigo en momentos muy significativos de su ministerio: la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5,37), la transfiguración en el monte Tabor (Mt 17,1), y la agonía en el huerto de Getsemaní (Mc 14,33). Estos tres momentos revelan dimensiones esenciales del misterio cristiano: la vida, la gloria y la cruz.

Santiago contempló con sus propios ojos el poder de Cristo sobre la muerte, su gloria anticipada como Hijo de Dios, y su humanidad en la hora del sufrimiento. Así, fue preparado para anunciar el Evangelio y para comprender en lo más profundo lo que significa ser discípulo: compartir la vida del Maestro, en la luz y en la oscuridad.

Nuestra Iglesia arquidiocesana, en comunión con toda la Iglesia universal, también es llamada a vivir esas tres dimensiones: celebrar la vida en los sacramentos, irradiar la gloria de Dios en el testimonio y abrazar la cruz en la fidelidad cotidiana.

3- El hombre de carácter fuerte
Jesús apodó a Santiago y a su hermano Juan “Boanerges”, que significa “hijos del trueno” (Mc 3,17). Esta expresión nos habla de un carácter impetuoso, probablemente apasionado, vehemente. De hecho, en el Evangelio de Lucas (9, 54), cuando unos samaritanos no quisieron recibir a Jesús, los dos hermanos preguntaron si debían hacer caer fuego del cielo sobre ellos. Jesús los reprendió, mostrando que su camino era el de la misericordia, no el del castigo.

Este detalle evangélico es muy humano y profundamente alentador. Dios no llama a personas perfectas, sino a quienes, desde su fragilidad, se dejan moldear por el amor. El carácter fuerte de Santiago fue transformado progresivamente por su contacto con Jesús. Lo que antes era ímpetu iracundo se convirtió en celo apostólico. Su fuego interior ya no fue destructivo, fue evangelizador.

Nuestra arquidiócesis, con tantas comunidades vivas y apasionadas por el anuncio del Reino, puede encontrar en este “hijo del trueno” un verdadero patrono: alguien que nos enseña a canalizar nuestras pasiones hacia el bien, la justicia, el compromiso con los más pobres y la edificación de una sociedad mejor.

4- Primer mártir del colegio apostólico
El libro de los Hechos de los Apóstoles (12, 1-2) nos dice que Santiago fue el primero de los apóstoles en entregar su vida por Cristo. Fue decapitado en Jerusalén por orden del rey Herodes Agripa, hacia el año 44, en un intento de aplacar la creciente comunidad cristiana.

Este hecho es significativo. El primero llamado entre los doce fue también el primero en sellar con su sangre su testimonio. En la lengua griega, “mártir” significa testigo. Santiago fue fiel hasta el final, sin retroceder ante la persecución, y con su muerte glorificó al Dios que lo había llamado y elegido.
En nuestros tiempos, si bien no enfrentamos persecuciones sangrientas como las de los primeros siglos, sí existen formas más sutiles pero igualmente peligrosas de marginar la fe: la indiferencia, el secularismo, el relativismo moral, la violencia social. Santiago nos enseña a no tener miedo, a sostenernos con firmeza en la verdad, incluso cuando sea incómoda y hasta contracultural.

5- Apóstol de Hispania y patrono de pueblos enteros
Una antiquísima tradición sostiene que Santiago predicó el Evangelio en Hispania (lo que hoy es España), llevando la Buena Nueva hasta los confines del mundo entonces conocido. Aunque no existen documentos históricos concluyentes sobre esta misión, la tradición ha sido tan fuerte que generó una de las peregrinaciones más importantes del cristianismo: el Camino de Santiago, que culmina en la catedral de Compostela, donde se veneran sus reliquias.

Desde la Edad Media, Santiago fue considerado el protector de los reinos cristianos de la península ibérica. Su figura fue asociada a la defensa de la fe y a la unidad del pueblo cristiano. La célebre expresión “¡Santiago y cierra, España!” reflejaba esa convicción popular de que el apóstol marchaba al frente del pueblo creyente en tiempos de lucha.

En nuestra ciudad de Santiago de los Caballeros, llamada así en su honor desde la época colonial, su presencia es también fundacional. Ha dado nombre a calles, parroquias, instituciones educativas, y sobre todo ha inspirado generaciones de creyentes que encuentran en él un modelo de vida cristiana. Nuestra arquidiócesis le ha confiado su protección, y año tras año renueva su devoción con entusiasmo.

6- Una devoción que sigue viva
La devoción a Santiago Apóstol no es mera costumbre folclórica. Como enseña el Concilio Vaticano II, los santos “nos ayudan con su intercesión, pero también nos dan ejemplo” (LG 50). Honrarlo es pedir su ayuda en nuestras luchas, pero también comprometernos a vivir como él: centrados en Cristo, dispuestos a seguirlo sin condiciones, con el corazón lleno de celo por el Reino.

Durante mi ministerio como arzobispo de Santiago de los Caballeros, pude constatar el amor y devoción que se le profesa a Santiago. Todo muestra una piedad que merece ser fortalecida con buena catequesis y formación.

7- Un modelo para nuestra Iglesia arquidiocesana
Hoy más que nunca, nuestra Iglesia necesita apóstoles como Santiago, que sean valientes, ardientes, dispuestos a vivir su fe con pasión. Necesitamos laicos comprometidos que anuncien el Evangelio en el mundo del trabajo, en la política, en la cultura. Necesitamos familias cristianas que eduquen en la fe a sus hijos, sacerdotes santos que acompañen al pueblo con entrega, religiosos y religiosas que sean signo de la radicalidad evangélica.

Santiago Apóstol, nuestro patrono, no fue perfecto, pero fue generoso. No lo entendió todo desde el principio, pero nunca dejó de seguir a Jesús. Su vida entera fue un proceso de conversión que culminó en la entrega total. A él nos encomendamos, para que interceda por nosotros y nos ayude a vivir una fe firme, coherente, misionera.

Que su ejemplo nos impulse a renovar nuestro compromiso con la Iglesia y con Cristo. Y que la celebración de su fiesta patronal sea un punto de partida para renovar nuestra vida cristiana.

Conclusión
CERTIFICO que estos datos los he ofrecido motivado por la figura de Santiago Apóstol, El Mayor, patrón insigne de nuestra arquidiócesis y nuestra ciudad.

DOY FE en Santiago de los Caballeros a los dieciocho (18) días del mes de julio del año del Señor dos mil veinticinco (2025).

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