Introducción
Iniciamos septiembre, conocido en la Iglesia como el “mes de la Biblia”. Es un tiempo privilegiado para volver a la fuente de nuestra fe: la Palabra de Dios. En septiembre recordamos la memoria litúrgica de San Jerónimo, el gran traductor y comentarista bíblico, quien dedicó su vida a hacer que la Sagrada Escritura llegara al pueblo de Dios en un lenguaje comprensible. Su célebre frase sigue resonando con fuerza: “Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo”.
La Biblia no es un simple libro, como muchos dicen y creen, ni una obra de literatura antigua que despierta curiosidad histórica. Es el Libro de los libros, la Palabra viva que Dios dirige a su pueblo, y en ella encontramos la voz del Señor que nos habla hoy. A través de sus páginas descubrimos el misterio de la salvación y aprendemos a ver nuestra vida desde la mirada de Dios.
Conscientes de esta riqueza, quiero proponer en esta columna varios puntos de reflexión que pueden ayudarnos a redescubrir la centralidad de la Biblia en nuestra vida personal, familiar, eclesial y social.
1-La Biblia, Palabra de Dios para todos los tiempos
Una de las grandes tentaciones de nuestro tiempo es relegar la Biblia a los museos, como si fuera un libro del pasado, sin relación con la vida concreta de los hombres y mujeres de hoy. Sin embargo, la Escritura sigue siendo actual porque es Palabra de Dios viva y eficaz (Heb 4,12).
Cada página está impregnada del soplo del Espíritu Santo, y por eso la Biblia no es letra muerta, sino palabra que ilumina, consuela, corrige y anima. En sus relatos encontramos también nuestra propia historia. Las luchas, los sufrimientos, las esperanzas y las búsquedas que narra la Biblia son las mismas que atraviesa el corazón humano en todas las épocas.
Cuando el creyente se acerca a la Escritura con fe, descubre que Dios le habla personalmente. La Biblia es una carta de amor escrita también para cada uno de nosotros.
2-San Jerónimo, maestro y traductor de la Palabra
La celebración del mes de la Biblia en septiembre se debe a la memoria de San Jerónimo, el 30 de este mes. Su vida es un testimonio elocuente de amor apasionado por la Palabra. Retirado en Belén, dedicó años de estudio, oración y trabajo a traducir la Biblia al latín, la llamada Vulgata, que se convirtió en el texto oficial de la Iglesia durante siglos.
San Jerónimo nos hace recordar, queridos todos, que la Biblia requiere esfuerzo, estudio y dedicación. No se trata de leerla superficialmente, como quien hojea un periódico, sino de entrar en el misterio que encierra cada palabra inspirada. La Sagrada Escritura pide ser leída con humildad, con la fe de quien sabe que Dios está detrás de esas páginas.
El santo también nos enseña que no hay auténtico conocimiento de Cristo sin la Escritura. Por eso, para el cristiano, acercarse a la Biblia no es opción secundaria, es una necesidad vital.
3-La Biblia en la vida de la Iglesia
La Iglesia es, por naturaleza, una comunidad fundada sobre la Palabra de Dios. En la liturgia dominical, cada vez que se proclaman las lecturas, es Cristo mismo quien habla a su pueblo.
La constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II nos recuerda que la Palabra de Dios tiene la misma dignidad que el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía. Esto significa que así como veneramos y adoramos al Señor presente en la Hostia consagrada, también debemos acoger con reverencia y amor la Palabra proclamada en la liturgia.
En la vida pastoral, todo proyecto evangelizador debe tener a la Biblia en su centro. No hay catequesis verdadera, ni formación cristiana profunda, sin una sólida iniciación en la Sagrada Escritura. La Palabra es semilla que hace fecundar.
4-La Biblia en la vida familiar
Si la familia es llamada “Iglesia doméstica”, entonces la Biblia debe ocupar un lugar de honor en ella. Es un signo profundamente bello cuando en un hogar se encuentra la Biblia abierta, y allí es leída y compartida en común.
No se trata de tenerla como adorno, sino de hacerla alimento de la vida diaria. En la familia se pueden realizar pequeños momentos de oración con la Biblia: leer juntos el Evangelio del día, reflexionar en comunidad, dejar que los niños escuchen desde pequeños las historias bíblicas que forman su imaginación de fe.
Una familia que ora con la Palabra de Dios construye su casa sobre roca firme. En tiempos de prueba y de crisis, esa Palabra será la fuerza que sostendrá la unidad, la esperanza y el amor entre sus miembros.
5- Lectura orante de la Biblia: la lectio divina
Una forma privilegiada de acercarse a la Biblia es la práctica de la lectio divina, la lectura orante de la Palabra. Esta tradición, nacida en los monasterios, está llamada hoy a ser redescubierta por todos los fieles.
La lectio divina consiste en cuatro pasos fundamentales:
- Lectura: leer el texto con atención, sin prisa, descubriendo lo que dice en sí mismo.
- Meditación: preguntarse qué me dice personalmente a mí este pasaje.
- Oración: responder a Dios con un diálogo sincero desde el corazón.
- Contemplación: permanecer en silencio ante el Señor, dejando que su Palabra transforme la vida.
Este método no requiere grandes conocimientos académicos, sino disponibilidad interior. Con la lectio divina, la Biblia deja de ser un libro externo y se convierte en alimento que nutre el alma.
6- La Biblia como fuerza transformadora en la sociedad
La Palabra de Dios no solamente ilumina la vida personal y comunitaria, sino que también tiene fuerza transformadora para la sociedad. Allí encontramos principios de justicia, fraternidad, misericordia y paz que siguen siendo válidos para el mundo actual.
El mensaje de los profetas denuncia con valentía las injusticias y llama a la conversión. El Evangelio de Cristo proclama la dignidad de cada ser humano, especialmente de los pobres y marginados. Si nuestra sociedad asumiera de verdad la enseñanza bíblica, muchos de los males que hoy nos aquejan, dígase violencia, corrupción, desigualdad, pérdida de valores, encontrarían respuesta.
La Biblia nos invita a construir una civilización del amor. No se trata de imponer un modelo religioso a la fuerza. Se trata de dejar que la Palabra inspire la vida pública y oriente las decisiones en favor del bien común.
7- El desafío de acercar la Biblia a las nuevas generaciones
En el mundo digital en que vivimos, las nuevas generaciones están más acostumbradas a pantallas que a libros. Esto plantea un desafío a la pastoral bíblica: ¿cómo hacer que los jóvenes descubran la belleza de la Palabra de Dios?
Hoy existen aplicaciones, redes sociales, videos y recursos digitales que facilitan el acceso a la Biblia. Pero más allá de la tecnología, lo esencial es que los jóvenes vean testigos que viven de la Palabra. No basta con recomendarles leer la Biblia. Necesitan ver adultos, padres, sacerdotes, catequistas, que se alimentan de ella y la ponen en práctica.
La mejor forma de transmitir el amor a la Biblia a los jóvenes es mostrar que ella cambia la vida, que no es un libro aburrido ni pasado de moda.
8- Un compromiso personal en este mes de la Biblia
El mes de la Biblia ha de ser una oportunidad para renovar un compromiso personal. Cada uno puede preguntarse: ¿qué lugar ocupa la Biblia en mi vida? ¿La leo con regularidad? ¿La dejo iluminar mis decisiones?
Podemos proponernos en este mes un gesto concreto: leer cada día un pasaje del Evangelio, participar con más atención en la liturgia de la Palabra, iniciar un grupo de lectura bíblica en la parroquia, enseñar a los niños a familiarizarse con la Escritura.
La clave está en permitir que se convierta en criterio de vida.
Conclusión
CERTIFICO que al iniciar este mes de septiembre, he querido ofrecer orientaciones y motivaciones para vivir y aprovechar la Biblia como Palabra de Dios que es.
DOY FE en Santiago de los Caballeros a los cinco (5) días del mes de septiembre del año del Señor dos mil veinticinco (2025). l
