Este sábado 3 de octubre, a la 1:00 de la tarde, The Met: Live in HD abre en Santo Domingo su temporada operística 2026-27 con Così fan tutte, de Wolfgang Amadeus Mozart y Lorenzo Da Ponte, en Caribbean Cinemas de Downtown Center. La función será transmitida en directo desde el Metropolitan Opera de Nueva York y tendrá una repetición (encore) el miércoles 7 de octubre a las 6:30 de la tarde. Es una buena puerta de entrada a la temporada porque pocas óperas resultan tan actuales bajo una apariencia tan clásica: una historia sobre amor, confianza y manipulación que podría trasladarse sin demasiado esfuerzo desde la Nápoles de 1790 hasta nuestras relaciones mediadas por teléfonos, cuentas de redes sociales falsas y pruebas de fidelidad.
La producción que llegará a las pantallas dominicanas acaba de regresar al Met el pasado 23 de septiembre, después de seis años de ausencia. Su anterior reposición, prevista en 2020, quedó interrumpida por la pandemia. La puesta en escena de Phelim McDermott traslada la acción a un Coney Island inspirado en los años cincuenta, con parque de diversiones, motel, artistas circenses y esa mezcla de inocencia, artificio y vulgaridad luminosa que convierte la historia en un gigantesco laboratorio emocional.
El experimento de Don Alfonso
Sospechar de la pareja tiene hoy herramientas que Mozart jamás pudo imaginar: teléfonos revisados a escondidas, cuentas de redes falsas, mensajes enviados por terceros y pruebas de fidelidad que circulan en redes como si el amor pudiera someterse a un examen de laboratorio. Incluso, en TikTok existe una tendencia llamada “loyalty test”, que implica todo lo antes descrito.

Pues, para entrarle a Così fan tutte, cambie la pantalla por la Nápoles de 1790, el resto le resultará familiar: la comedia empieza como un juego; pero Mozart y Da Ponte saben desde el principio que nadie saldrá intacto. Ferrando y Guglielmo están convencidos de que sus prometidas, Dorabella y Fiordiligi, les serán siempre fieles, pero Don Alfonso, un cínico que presume conocer mejor la naturaleza humana, les propone una apuesta: los jóvenes fingirán marcharse, regresarán disfrazados y cada uno intentará seducir a la novia del otro. Despina, la criada, se convierte en cómplice del engaño.
El experimento está contaminado desde el comienzo porque Don Alfonso no busca averiguar qué ocurrirá; sino que organiza las condiciones necesarias para demostrar lo que ya cree. Administra información, construye identidades falsas y coloca deliberadamente a las parejas frente a situaciones diseñadas para quebrar sus certezas.
El título, Così fan tutte, puede traducirse aproximadamente como “Así hacen todas”, una formulación incómoda (y, en esta época, políticamente incorrecta) porque la supuesta inconstancia femenina aparece como tesis inicial. Sin embargo, la propia ópera termina revelando algo bastante más complejo: los hombres manipulan, las mujeres descubren deseos inesperados y todos comprueban que conocían mucho menos a sus parejas, y a sí mismos, de lo que imaginaban.
Mozart sabe lo que ellos ignoran
La verdadera grandeza de Così fan tutte surge cuando la música empieza a contradecir las certezas de los personajes. El Met describe la partitura como elegante en la superficie y extraordinariamente penetrante en su capacidad para mostrar alianzas, cambios de ánimo y evolución psicológica.
Fiordiligi proclama en “Come scoglio” que permanecerá firme como una roca frente a cualquier tentación, pero Mozart escribe para ella una línea vocal llena de saltos enormes y desplazamientos extremos. Mientras el personaje presume estabilidad, su voz parece incapaz de permanecer quieta. Más adelante, en “Per pietà”, aquella seguridad se ha resquebrajado y la música adquiere una intimidad dolorosa.
Ferrando vive otro recorrido. En “Un’aura amorosa” canta convencido de que el amor de Dorabella resistirá cualquier prueba, y Mozart le concede una música de enorme ternura, transformando momentáneamente la comedia en vulnerabilidad auténtica.
Ese contraste ha sido una de las virtudes más celebradas en las primeras críticas de esta reposición, especialmente el tono lírico y la vulnerabilidad del tenor Duke Kim como Ferrando, y el Don Alfonso, que el bajo-barítono Gerald Finley encarna como un cínico sofisticado antes que como una simple figura cómica. La mezzo-soprano Samantha Hankey, por su parte, ha recibido elogios por la intensidad de su Dorabella, mientras que la soprano Federica Lombardi ha sido destacada por la amplitud y brillo de su Fiordiligi.
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El amor después de la prueba
La elección de Met Ópera de ambientarla en Coney Island resulta particularmente interesante porque convierte el engaño en espectáculo: la estética estridente y artificial del parque de diversiones termina chocando con la belleza y seriedad emocional de Mozart: todo parece una farsa hasta que la música obliga a tomarse en serio lo que los personajes sienten.
Ahí reside la modernidad de Così fan tutte: Don Alfonso reconocería nuestras cuentas falsas, los mensajes enviados para “probar” a una pareja y la obsesión por obtener certezas absolutas sobre sentimientos que nunca pueden medirse del todo. La cuestión deja entonces de ser quién fue fiel y quién cedió. Después del experimento, nadie puede regresar al punto de partida porque todos saben algo que antes ignoraban y Mozart parece dejarnos una pregunta mucho más incómoda que cualquier apuesta: si necesitamos poner a prueba el amor para saber si existe, ¿qué queda de ese amor cuando el experimento termina?
