Hablar de cultura es hablar de la sociedad que queremos construir. No se trata únicamente de preservar nuestro patrimonio o promover las artes; se trata de cultivar la sensibilidad, el pensamiento crítico, la capacidad de diálogo, la convivencia y la empatía. Por eso, invertir en cultura es invertir en ciudadanía.
Pero toda política cultural necesita instituciones capaces de sostenerla, con memoria, reglas, profesionales competentes para que sus decisiones respondan al interés cultural y no a cada coyuntura.
Nuestra Bienal Nacional de Artes Visuales ofrece una oportunidad para pensar en ello. Creada en 1942, es el certamen más antiguo del país y la primera bienal de su tipo en América. Su historia está vinculada a un momento decisivo de institucionalización de las artes dominicanas, impulsado por Rafael Díaz Niese, cuya visión comprendió que el desarrollo cultural requería estructuras capaces de permanecer.
Después de más de ocho décadas, es oportuno preguntarnos qué estructura necesita la Bienal para honrar ese legado.
Podríamos imaginar una Bienal con una instancia operativa autónoma, estructura y normas permanentes; con convocatorias transparentes, criterios públicos de selección, jurados independientes y participación de artistas, críticos, curadores e historiadores del arte. Una institución con presupuesto, archivo y rendición de cuentas, cuya continuidad trascienda cada gestión.
No se trata de separar la cultura del Estado, sino de fortalecer su relación. El Estado tiene la responsabilidad de garantizar recursos y condiciones para el desarrollo cultural; las instituciones, a su vez, deben contar con reglas que protejan sus procesos y aseguren pluralidad, transparencia y libertad de creación.
La Bienal pertenece a la historia del arte dominicano y también a todos los ciudadanos. Quizá este sea un buen momento para pensarla no como una exposición que ocurre cada dos años, sino como una institución cultural permanente, capaz de preservar la memoria y abrir caminos hacia el futuro. Porque cuando un país invierte en cultura y construye instituciones sólidas para sostenerla, no está adornando su desarrollo, sino cultivando su futuro.
