Hay vidas que no necesitan adornos: son, en sí mismas, una obra de arte. La de Cristian Aníbal Martínez Villanueva —Crismar— es una de ellas.
Presentar “Nuevas páginas del Nuevo Mundo” es, en realidad, recorrer una trayectoria que desborda disciplinas y geografías. Porque, como mismo afirma el autor, “la vocación artística no se hace, se nace”.
Nacido en Santo Domingo en 1939, creció en un hogar donde el arte y la ingeniería convivían con naturalidad. Su padre, Bienvenido Martínez Brea, fue responsable de obras emblemáticas como los estadios Quisqueya, Cibao y Tetelo Vargas, así como el Palacio de Bellas Artes. Pero más allá del concreto, impulsó una idea visionaria: integrar el arte en la vida pública desde la escuela.
En ese ambiente, rodeado de artistas y conversaciones intensas, se formó una sensibilidad temprana. Desde niño construía estructuras con cajitas de fósforos. Más tarde, su formación en Italia —entre Roma, Vinci y Asís— le reveló una verdad que marcaría su obra, pues sentía que todo está interconectado en el arte y la cultura.
Trabajó en ruinas romanas, exploró la historia desde sus cimientos y entendió el arte como continuidad. Bajo el nombre de Crismar, su obra recorrió ciudades como París, Jerusalén y Tokio. Sin embargo, su regreso a la República Dominicana fue decisivo.
En Santo Domingo ha creado una huella tangible a través del Baluarte del Conde, la Puerta de la Misericordia, la Plaza de la Bandera, espacios del Mirador Sur y los jardines del Faro a Colón. También intervino espacios cotidianos —aeropuerto, bibliotecas, metro— que millones habitan sin conocer su autor.
Pero su mayor búsqueda ha sido otra; la del mundo precolombino. Investigador, gestor cultural y estudioso de la cosmovisión taína, ha dedicado décadas a reconstruir una memoria fragmentada.
Nuevas páginas del Nuevo Mundo responde a ese empeño con el apoyo de Rizek Cacao S.A.S. y Fundación Propagás.
No es solo un libro: es un acto de memoria. Una invitación a mirar nuestra historia desde adentro.
