Cuba: Un nuevo ajiaco a partir de la crisis (2 de 2)

El ajiaco criollo es un plato típico cubano que combina viandas, especias y carnes, con sabor intenso y exótico.

El tercer componente de este ajiaco multiétnico de Cuba es aportado por África. Cuando los negros llegaban a Cuba convivían en barracones, y generalmente se les añadía la marca humillante del calimbaje, similar a la aplicada al ganado vacuno. El tatuaje con hierro candente era imborrable y señalaba la pertenencia a la dotación de un amo.

Los barracones se caracterizaban por el hacinamiento extremo. El clima carcelario reinante en ellos y en las plantaciones originó una fuerte represión de los instintos, que condicionó un escape coyuntural en el “baile de tambor” o en la cimarronada. Ese sentido de liberación y euforia desenfrenada que nació en el pecho del esclavo durante los efímeros momentos de este tipo de manifestación se transfieren al contemporáneo carnaval caribeño, por las características de este tipo de fiestas, típicas de esta región

La plantación dejó una profunda huella en la fuerte carga sexual que aflora en los cantos y bailes del carnaval antillano. Ciertamente la cultura africana es rica en lo que a erotismo se refiere, más aquí se trata de una sexualidad reforzada, e incluso patológica, fruto de los traumas sexuales del esclavo de plantación y no por el ancestro africano del esclavo. La esclavitud terminó creando distorsionados patrones de comportamiento sexual que los racistas justificaron inventando el mito del sadismo del negro, la inmortalidad de la negra y la lujuria de la mulata.
Por tanto, son los distorsionados patrones de comportamiento sexual engendrados por la plantación y no la sexualidad subyacente en la cultura africana, los que imprimen a las expresiones danzarias esa sensualidad desbordada que las caracteriza. En el propio carnaval santiaguero contemporáneo se manifiestan rasgos de esa cultura ancestral, por ejemplo: el canto más obsceno es el que logra hacer un coro de más voces y se apagan poco a poco los coros menos obscenos.

Ha de tomarse en cuenta que a los esclavos no se les proporcionaba regularmente asistencia médica para la curación de sus enfermedades, y la mayoría de ellos la obtenían de las plantas, pero esos conocimientos adquiridos, empíricamente, estaban avalados por sus creencias religiosas como símbolo de protección y fe. Estas costumbres han sido heredadas y sus estudios se agrupan hoy bajo el término Fitoterapia, una rama de la Medicina Natural y Tradicional (MNT) que ha aportado numerosos medicamentos contra dolencias y enfermedades, y muchos de ellas provienen de estas culturas ancestrales, otras recientes, o que no responden a tradición alguna.

A lo largo de trescientos setenta y seis años que duró la esclavitud en Cuba se produjo una masiva importación de negros esclavos africanos que fueron desgarrados de sus tierras y traídos al Caribe para suplir la fuerza de trabajo esclava resultado de la abolición de los aborígenes. Ellos, los esclavos africanos son, quizás, el aporte más trascendente de España al Caribe y a Cuba. Ese africano es el tercer gran ingrediente de ese ajiaco que se produjo en estas tierras con los múltiples grupos humanos que convivieron en un mismo espacio para poder constituir este collage caribeño. No hay un solo aspecto de la historia colonial de Cuba en la cual la mano, el trabajo, el sudor y la sangre de un esclavo africano no haya estado presente. La arquitectura colonial de La Habana, reconocida por la UNESCO como patrimonio cultural de la Humanidad, presentada frecuentemente como ejemplo de la huella hispánico-europea, fue construida ladrillo por ladrillo, adoquín por adoquín, por esclavos negros, y este no es el único aspecto trascendente; en el habla coloquial de los cubanos hay una representación y uso extraordinarios de expresiones africanas.

Voces Bantús, Yorubas y Mandingas son reconocidas como herencia cultural de lo africano en el Caribe, sus africanismos son hoy motivos de estudios especializados y, palabras como bongó, fufú, burundanga, chenche, ashé y otras, son componentes activas del habla coloquial del cubano. En la cultura popular cubana, en su música, en sus bailes y cantos, hay una presencia muy activa y evidente de los tambores africanos que aportan las bases rítmicas que, sumadas a las melodías aportadas por las guitarras españolas y los instrumentos de vientos de metales llegados de Europa, constituyen la percusión de la nueva versión musical que nos lleva a afirmar que la tumbadora, el bongó, el chequeré y los tambores batá son los que dan la identidad de la música popular cubana, pudiéndose hablar hoy de Son, Danzón, Mambo, Guaracha o del Chachachá, sin embargo, es el mundo espiritual de Cuba, en su religiosidad en donde se encuentra la mayor relevancia de la cultura africana en este país.

Los sistemas religiosos africanos se fueron sincretizando con el catolicismo de Cuba, religión traída por los españoles a América, creando santerías nacionales como la Regla Conga y hasta el Vudú en cierta religión y que tiene otra explicación muy distinta a la haitiana. Es muy común oír decir que la religión católica es mayoritaria en Cuba, pero quienes así piensan pasan por alto el hecho de que hay una doble atención, pero sobre todo saber que cualquier cubano, independientemente de su raza, de su condición social, de su posición socio-económica es conocedor y practicante de las características básicas de la religión popular, o de la religión afrocubana, Así resulta interesante saber que al producirse el sincretismo religioso en Cuba, los Dioses africanos no perdieron su naturaleza original y se fueron identificando con los santos de la Iglesia Católica y es de ahí que los nombres de la Santería se mueven con nombres iguales en las dos religiones y se trasbordan de un espacio a otro.

Babalú, Lemuá y Changó coinciden con Santa Bárbara, San Pedro, San Lázaro, Obatalá, con la Virgen de las Mercedes, Yemayá; la Virgen de Regla, San Juan, como Ogún; y la más importante de todas; Ochún, que en la Santería simboliza a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, Diosa del oro, es la Patrona Católica de Cuba, que como símbolo identitario es la virgen mulata.

Con estos tres ingredientes. A decir: el aborigen indoamericano, con sus características originarias, asentados en estas tierras, el componente europeo representado por España y el componente africano se constituye ese ajiaco que se ve expresado en el arte culinario cubano, con ingredientes multinacionales y que debe seguir siendo objeto de estudio para poder entender la crisis y al pueblo cubano de hoy desentrañando sus raíces.
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Connected Worlds: The Caribbean, Origin of Modern World. “This project has received funding from the European Union´s Horizon 2020 research and innovation programme under the Marie Sklodowska Curie grant agreement Nº 823846. Dirigido por Consuelo Naranjo Orovio desde el Instituto de Historia-CSIC”.

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