República Dominicana posee una literatura de calidad apenas conocida en círculos muy estrechos que merece ser disfrutada por las nuevas generaciones de lectores, las cuales podrían entender que la gran creación literaria pertenece a quienes viven en permanentes actividades culturales, con presencia en publicaciones, plataformas electrónicas y redes sociales. Ocurre con obras de la escritora montecristeña Ida Hernández Caamaño, como Viajera del polvo, de poemas, y El amor todos los días, de relatos, que entendemos merecedoras de un mayor conocimiento en los círculos literarios nacionales.
Un sabor criollo, abandonado hace tiempo por escritores dominicanos fascinados con la globalidad, atrapa desde la primera línea hasta la última a todo el que gusta de la gran literatura, en los textos de Hernández Caamaño. El poema “Desde el lejano tren de Manzanillo”, recrea el productivo poblado costero de Montecristi que vio nacer a la autora, se convierte en inspirador de su canto cuando expresa con un lirismo muy escaso en estos tiempos: “Otra vez, retorno al norte/en mi sueño postrero/ vuelvo al norte/ regreso a la frontera/ viajando entre la sombra del recuerdo/ hacia la extraña línea/ hacia el eterno vuelo”.
En el prólogo a El amor todos los días, el reconocido escritor José Alcántara Almánzar destaca que Hernández Caamaño dio a conocer muchos de sus relatos, 16 en totalidad, en las revistas Ysabela y Mujer única, con transgresiones alejadas del maniqueísmo, contrario al afán de la española Corín Tellado, en sus novelas rosa, siempre comprometida con un final feliz.
El prologuista argumenta que “El amor todos los días hace de la digresión su nota distintiva. En ellas encontramos resentimiento (“Extraña luna de miel”), infidelidad (“Encuentros”), celos (“La boda”). Señala que también hay “orientaciones y prácticas anatemizadas por la sociedad”, en “La flor del diamante”, “Primer amor” y “Era un ladrón”, con romances de un sacerdote con una joven, una relación homosexual y la pasión incestuosa de dos hermanos, en la que Antonio mata a su cuñado Ulises.
Ambos libros resultan lecturas cautivadoras, sorprendentes y fascinantes.
