El trío matamoros y fantasía cubana

Antonio Gómez Sotolongo
Especial para elCaribe

El Disco de Oro del Trío Matamoros
Siro, Cueto y Miguel enlazaron sus nombres en un trío de voces, guitarras, maracas y claves para hacer lo que más les gustaba, para interpretar un ritmo cadencioso que, en Oriente, el oriente de Cuba, allá por las primeras décadas del siglo XX, comenzó a pujar, a lidiar por imponerse a otros géneros musicales cubanos ya establecidos.

Era el son, un género que iba a ocupar a bailadores e intérpretes durante todos los años del siglo XX, un género de la música cubana que profesionales ilustres moldearon una y otra vez. El Trío Matamoros, llegado a La Habana en 1928, se convirtió de inmediato en una agrupación mayor. Fueron sumados el bongó, la trompeta y el contrabajo llegando así al septeto, formato idóneo entonces para la interpretación del nuevo género que capeaba en los salones de baile.

El fonograma titulado «El Disco de Oro del Trío Matamoros», apareció en el catálogo Kubaney con el número 095-2 y en la línea Caribe del sello. La obra es un compendio de las más representativas piezas, grabadas por algunas de las agrupaciones que Miguel Matamoros fundó durante las primeras décadas de la vigésima centuria. Aunque la cubierta no aporta datos al respecto, muy probablemente estas piezas vieron la luz originalmente interpretadas por El Trío Matamoros, El Cuarteto Maisí, El Conjunto Matamoros y el Septeto Matamoros. Cada una de estas agrupaciones, asumió un formato instrumental que se estableció como patrón en la historia posterior de la música bailable cubana. Tenemos también en este registro una curiosidad discográfica.

En la pieza Tú sí, Yo no, del propio Miguel Matamoros, se incluyen dos saxofones. Muy probablemente, fue esta una de las primeras ocasiones en las que esos aerófonos entraron a un estudio de grabación para interpretar un son. «El Disco de Oro del Trío Matamoros», es una joya de la discografía latinoamericana, ante todo, por lo inusitado de su fidelidad, por el inapreciable valor de contener en un fonograma veinte piezas representativas de un género musical que, nacido en Cuba, se expandió por todo el orbe y pudo influir en la obra musical de autores muy diversos. Veinte piezas que han de conocerse, inevitablemente, para valorar el curso de la música popular bailable americana, para escudriñar los recodos en los que el son cubano aún se hospeda.

Fantasía Cubana de Roberto Sánchez Ferrer

Roberto Sánchez Ferrer (La Habana, 1927), era en 1958 director Musical del canal 2 de la TV cubana. Por entonces ya sus cualidades como arreglista y director de orquesta lo señalaban como uno de los jóvenes músicos más prominentes de su generación. Al frente de una orquesta de más de cincuenta músicos interpretaba, en la naciente televisión de la mayor de las Antillas, obras del repertorio popular en versiones de gran complejidad y belleza.

En ese mismo año Mateo San Martín (La Habana, 1930-Miami 2014) tuvo la feliz idea de producir algunos discos con buena parte del repertorio de aquella magnífica orquesta dirigida por Sánchez Ferrer y fue entonces que aparecieron los fonogramas «La música de Osvaldo Farrés», «Alegría pascual», «Esther Borja» y «Fantasía cubana», este último disco resulta ser una verdadera joya de la discografía cubana, una pieza que contiene títulos imprescindibles en el catálogo de la música popular americana.

Pero además, los integrantes de la orquesta que se presenta en este fonograma y quienes interpretaron las diez piezas preciosas que contiene, fueron renombrados músicos que integraron la Orquesta Filarmónica de La Habana y agrupaciones bailables de primera línea por aquellos años. Artistas criollos y de otras latitudes, dejaron su impronta en los surcos de este disco increíble, una pieza que ahora, gracias a las modernas tecnologías, nos llega renovado.

Entre ellos, podemos escuchar al violinista Alexander Prilutchi, quien brilló en el puesto de Concertino de la Filarmónica, institución con la que interpretó además grandes obras del repertorio concertante bajo la dirección de maestros de la altura de Frieder Weissmann, Erich Kleiber y Massimo Freccia. Un músico de esta envergadura es el Concertino de esta orquesta que dirige Roberto Sánchez Ferrer, es Alexander Priluchi quien interpreta los solos de María la O (C-1), Almendra (C-4), Que rico Mambo (C-5) y Panamá (C-7).

Está también en este disco increíble José Antonio Fajardo (1919-2001) flautista, compositor y director quien integró, entre otras, las orquestas de Neno González, Paulina Álvarez, Arcaño y sus Maravillas, Antonio María Romeu y quien fuera creador de su propia orquesta, Fajardo y sus Estrellas. Es este el solista que escuchamos en Son de la loma (C-2) y La engañadora (C-3).

Las maderas de la Orquesta Filarmónica de La Habana gozaron siempre de altísimo prestigio y aún ruedan leyendas en Cuba que dan cuenta de la admiración que sintieron renombrados músicos al escucharlas. En La bayamesa (C-8), Roberto Sánchez Ferrer escribió el dúo de Sindo Garay para las voces del oboe y el corno inglés, que son interpretados por Duane Voth y Onofre Servera respectivamente. En Amorosa guajira (C-6) aparece el virtuoso clarinetista Juan Jorge Junco, y en No puedo ser feliz (C-9) el solo está adjudicado al fagotista Louis Salomons.

También, los cornos de la Filarmónica alcanzaron muy alto nivel técnico y artístico para su época, y he aquí que podemos escuchar al legendario Maestro Fernando Bencomo, en el solo de ¿Y tú qué has hecho? (C-10).

Integrada por músicos de gran solvencia, la orquesta de Roberto Sánchez Ferrer se presenta en esta «Fantasía cubana» como un testimonio del alto nivel que había alcanzado ya, en los últimos años de la década del 50, la producción musical en la mayor de las Antillas. En este disco increíble tenemos un documento de gran valor histórico, un testimonio que nos da a conocer, de primera mano, los derroteros de la música popular cubana y de cómo los géneros bailables pudieron estilizarse y llegar a producciones de muy alta elaboración instrumental.

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(*) Historiador. Master en investigación musical por la Universidad Internacional de Valencia, España. Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio (AHCE). Licenciado en Música por la Universidad de las Artes de Cuba. Contrabajista Principal de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana.
Correo-e: [email protected]


Esta página es una colaboración especial para este suplemento.

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