Hilda Leonor Arzeno Carrasco nació en Santo Domingo el 29 de diciembre de 1985. Cursó sus estudios primarios en el Colegio Bautista Fundamental y se graduó de bachiller en el Instituto Politécnico Pilar Constanzo, posteriormente obtuvo su licenciatura en la carrera de Comunicación Social en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Trabajó como conductora en varios programas radiales en la capital dominicana y es autora de dos libros; Instinto femenino, que reúne una selección de publicaciones de un blog del mismo nombre, creado por ella misma, y luego publicó ¿Gorda yo?, que narra la experiencia de una persona obesa que decide someterse a una cirugía bariátrica para perder peso.
Qué fue lo que te decidió a estudiar periodismo?
Comencé a hacer radio a los 14 años, fue la presidenta del club de periodismo de mi escuela, recuerdo una maestra maravillosa, Cándida Ortega, periodista, inspiro en mí no solo escribir sino esa pasión de colectar información, por buscar noticias, por crear textos, participaba en todas las olimpiadas de literatura de mi escuela, fue así como escribir se fortaleció y me llevó a hacerme locutora, recién graduada comencé a hacer radio en 2003, y todo esto abrió paso a estudiar periodismo, pero mi gran pasión es comunicar, es la radio, creo que cada quien tiene talentos natos, los míos están frente a un micrófono, creo que surge magia cuando puedo conectar con mi audiencia, amo contar historias pero amo más escucharlas. Cuando hacía radio recién terminaba el bachillerato y fui a inscribirme en Medicina quería ser doctora, y justo en la fila de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra en un análisis rápido dije hago radio, soy locutora, amo esto, me cambié y tomé las pruebas para Comunicación Social, así fue como me gradué y por mucho tiempo también fue un gran orgullo formar a otros egresados con sus pasantías en mi espacio de radio, así transcurrieron más de diez años haciendo radio diaria.
¿Qué te impulsó a escribir?
Creo que canalizo mis emociones a través de las letras. Es una manera de conectar conmigo y con mi entorno. Escribo de toda la vida, cuando me aburría en clases de la escuela escribía poemas, canciones textos libres… siempre llenaba mis mascotas con notas que surgían solas. Y lo que más me motivo fue cuando surgieron las plataformas blog, me formé en el primer grupo de periodistas por la universidad de Barcelona, y el despacho de la primera dama y la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, auspiciaron esta formación; y ahí surgió mi primer blog, www.instintofemenino.com que inicialmente era un blog anónimo sobre estereotipos, encuentros y todo lo que se me ocurriera contar, desenfadadamente. Y también dio como fruto mi primer libro que lleva el mismo nombre, Instinto femenino, confesiones inusuales de una mujer.
¿Cómo se fue gestando tu libro Gorda yo?
Gorda yo fue como gritar la historia silente del sobrepeso, siempre me forjé una autoestima fuerte, que compensaba el gran sobrepeso que les pesaba mas a los demás que a mí; así que decidí contar mi historia de vivir con obesidad a través de un libro y recorrer toda mi historia con la parte vivencial de una bariatrica y el proceso médico que fue contado de la mano con dos profesionales extraordinarios; Jesús Abreu, cirujano plástico, y Edgar Leino, médico de cirugías bariátricas. Así que en colectivo hablé por todas aquellas que saben lo difícil que es vivir con sobrepeso en América Latina.
¿Cómo fue el proceso que te tocó vivir entre la cirugía, el postoperatorio y tu reincorporación a la vida con un cuerpo “nuevo”?
Fue muy fácil, porque en mi mente aun con 380 libras yo me sentía de 90, 60, 90 era una gorda que se creía una “Kardashian”, mi autoestima estaba por encima de lo que los demás pensaran, así que para mí la transición la viví a través de las reacciones, fue como normalizar lo que realmente para los demás no era normal. Así fue como descubrí que el obeso era como una cosa extraña, y que dejar de serlo te volvía a convertir en mortal.
¿Qué representó la gordura en tu existencia?
Descubrir cómo la infelicidad de los demás se drena ante los defectos de los otros. Cómo la gente siente asco de escenarios que no son propios. Descubrí que a veces somos nosotros mismos que no nos queremos o que nos rechazamos antes de que los demás lo hagan. Cada quien tiene sus parámetros de belleza lejos de los estereotipos sociales. Fui amada y deseada con todos esos kilos, así que ninguna de las historias de camino sobre el amor, sobre la higiene o todo lo negativo que implica la obesidad, era parte de mi realidad, pero sí parte de la percepción social. Si pudiera guiar obesos, mi mejor consejo sería cirugías mentales, y no existen, así que les desearía paz interior, aprender a amarse y dejar de buscar aprobación en los kilos, eso trae lo contrario, frustración y pérdida de la vergüenza por sentir que se pierde o no se cumple el propósito una y otra vez.
¿Cuántas dietas empezaste y abandonaste finalmente?
Duré 28 años de mi vida sin saber qué era no estar a dieta. Las conocí todas. Las probé todas, incluso pastillas, té, ayuno, todo lo que prometiera ponerme flaca. Y en ese camino también entendí que a veces las dietas son una tortura elegida y que tienen efectos contrarios; es como trabajar provocando tu propio cortisol.
¿Qué significó la maternidad?
Todo. Porque me cambió radicalmente. Primero gané 100 libras, y a partir de ahi el sobrepeso me ganó, no podía ir al cine, no cabía en una silla, ya mis caderas eran muy anchas, y la maternidad me enseñó que no se debe vivir a medias, ya no era el sobrepeso; era que mi normalidad ya no existía. Y entonces decido por mi hija, por mi salud, volver a estar más saludable para disfrutar la crianza de mi niña, hoy, casi 14 años después, vuelvo a la maternidad, con una historia distinta, sin sobrepeso, con la comodidad de disfrutar el trayecto con más sabiduría y madurez.
¿Por qué te fuiste del país?
Migré para darle mejores oportunidades de educación a mi hija, la vida en comunicación en nuestro país muchas veces es más la proyección en imagen que en dinero, y yo nunca fui un talento que vendiera imagen, más vendía cerebro, así que el trayecto se tornó cuesta arriba, comparado con la calidad de vida que quería para mí y para mi hija, así que migrar no fue planificado pero estratégico, ocho años han servido para que mi hija se eduque con dos idiomas nativos y que pueda avanzar y tener otras oportunidades distintas a las mías.
¿Cómo te adaptaste a ese exilio autoimpuesto?
Creo que uno nunca se adapta, uno se resigna. Migrar es como dejar la mitad en otro puerto con la excusa de regresar alguna vez. Cambiarme de rubro fue muy duro. Aquí al llegar me pregunté qué habilidad tenía, ademas de comunicar que me permitiera trabajar con la misma calidad, la respuesta fue “cocinar”, siempre me creí buena cocinera. Y así comencé ese trayecto en este país, varios negocios, muchos empleos, hasta llegar a tener la destreza, la certificación y los conocimientos para que me llamen Chef, así que he ganado la dicha de reconocer en mí, y en otros, esa fuerza indomable de adaptarnos a un sistema, eso somos los latinos, una máquina de adaptación a la fuerza, unos seres capaces de reponerse ante todo y florecer en medio de la nada, con las manos peladas, hacemos crecer un imperio solo con la voluntad.
