“Dejé de ver el arte solo como vocación y empecé a entenderlo como industria”

Dexire Rodríguez es actriz, productora y Project Manager en Btanc. Graduada de la ENAD, gestiona producciones cinematográficas, videoclips y comerciales con estándares internacionales. Rechaza la narrativa del sacrificio artístico y entiende el arte como industria sostenible, mientras lidera desde la sensibilidad creativa y la visión estratégica con narrativas locales de ambición global. Considera que su mayor aporte distintivo al ecosistema cultural dominicano parte de una mirada integral que cruza la sensibilidad artística de la interpretación con la visión estratégica de la producción y la gestión. Considera que el audiovisual no solo es una expresión creativa, sino también un sistema cultural y económico. Desde su práctica busca provocar conversaciones sobre ética, desarrollo de ideas y la necesidad de narrativas locales con ambición y estándares globales, al tiempo que apuesta por un cine y un audiovisual sostenibles, colaborativos y críticos.

¿En qué momento comprendiste que era posible construir una carrera sostenible en las artes en RD, y qué estructuras mentales o profesionales tuviste que desmontar para lograrlo?
Comprendí que era posible cuando dejé de ver el arte solo como vocación y empecé a entenderlo como industria. Aunque mi familia me apoyó, yo dudaba de su viabilidad en República Dominicana, así que mantuve un “plan B”: estudiaba teatro en la ENAD y psicología en la UASD. Al avanzar en Bellas Artes y surgir oportunidades como actriz, entré en contacto con la industria cinematográfica local y visualicé, por primera vez, una estructura que permitía sostener una carrera artística. Ese descubrimiento me llevó a desmontar la idea del arte como sacrificio o inestabilidad y a tomar una decisión consciente: cambiar de carrera y formarme

Te graduaste de la ENAD en 2022, pero tu carrera derivó hacia la producción audiovisual. ¿Fue evolución orgánica o decisión estratégica? ¿Qué vacíos detectaste en tu formación teatral?
Fue una decisión estratégica. Entré a Bellas Artes soñando con ser actriz de cine, sin conocer siquiera el teatro. Allí descubrí mi pasión por las tablas y participé en mi primer cortometraje, Como agua de mayo, con el que gané Mejor Actriz en Femujer 2022. Ese rodaje en pandemia me acercó a la estructura detrás de cámara y despertó mi interés por la producción. Al mirar atrás entendí que producir había sido una constante: organizaba eventos desde el colegio y producía obras en la ENAD de forma empírica. Cuando tomé conciencia de lo que significaba producir, ya lo venía haciendo. Ahí comenzó mi formación consciente como productora y mi decisión de posicionarme estratégicamente, entendiendo también que la producción ofrece mayor estabilidad económica que la actuación.

¿Como Project Manager en Btanc, cuáles son las competencias indispensables para gestionar producciones donde coexisten estándares internacionales con realidades presupuestarias locales?
Más allá de la gestión presupuestaria, la competencia clave es la alineación humana y creativa del equipo. En Btanc trabajamos desde una filosofía donde la pasión y el compromiso con la visión del proyecto son el verdadero motor. Contamos con un equipo interno altamente comprometido y obsesivo con el detalle, lo que permite optimizar recursos sin comprometer calidad. El presupuesto es importante, pero no es el centro; cuando todos están alineados con el resultado que se quiere lograr, el dinero se convierte en un incentivo, no en el único impulso. La clave está en liderazgo, comunicación clara y coherencia entre visión y ejecución.

Has trabajado en cine, videoclips y comerciales. ¿Cómo dialoga tu experiencia como actriz con tu rol de productora?
Definitivamente es una ventaja haber estado en ambos lados del proceso. La ENAD no forma solo actores, sino artistas integrales: nuestra formación abarca historia del arte, escenografía, dirección, iluminación, maquillaje y creatividad. Todo ese conocimiento se ha traducido positivamente en mi rol como productora, porque me permite entender el propósito creativo de cada proyecto. No me limito a administrar recursos; acompaño procesos creativos con sensibilidad, criterio y respeto por la visión artística.

El audiovisual dominicano sigue siendo mayoritariamente masculino en roles de liderazgo. ¿Qué dinámicas de género has enfrentado y cómo has construido autoridad profesional en ese contexto?
Más que el género, el mayor reto ha sido la edad. Comencé como productora con apenas 20 años y una apariencia aún más joven, lo que en una industria jerárquica y adultocéntrica supuso una desventaja. Tuve que construir temple, carácter y una presencia profesional más firme, incluso “crear” una versión más madura de mí para ser tomada en serio. Ha sido un proceso continuo, aún en construcción, pero también lleno de pequeñas victorias que me han permitido consolidar autoridad desde la experiencia y el trabajo sostenido.

¿Cómo defines el rol del productor en el proceso creativo? ¿Puedes ilustrarlo con un proyecto donde tu gestión transformó la visión original?
El productor es un mediador creativo. En contextos donde se exigen estándares internacionales con presupuestos locales, la sensibilidad creativa es fundamental. Ajustar conceptos, tiempos y recursos sin afectar la esencia ni la calidad del proyecto es una de las responsabilidades más importantes del rol. La producción no solo sostiene la visión: la traduce, la protege y la hace posible.

El boom audiovisual ha evidenciado déficits en profesionalización y pensamiento estratégico ¿Cuáles son las áreas críticas que el sector debe atender para consolidarse como industria?
El boom trae visibilidad y volumen, pero no necesariamente industria. Para consolidarse, el sector debe atender brechas estructurales: fortalecer el desarrollo de proyectos, la formación continua del talento, modelos de negocio sostenibles, marcos legales claros, liderazgos responsables y estrategias de distribución pensadas desde el inicio. Solo así se puede construir un ecosistema que priorice la calidad, la coherencia y la proyección a largo plazo por encima de la inmediatez.

En un sector donde la competencia y rotación son frecuentes, ¿cómo se construyen relaciones laborales duraderas y ética profesional colectiva?
Trabajo con un equipo interno con el que me siento muy cómoda, pero no creo en los “anillos cerrados”. Me mantengo en constante búsqueda de nuevos técnicos, tanto para abrir oportunidades como para refrescar los resultados creativos. También creo mucho en la colaboración entre productores. En el set fomentamos una cercanía humana: más que empleados, somos una familia que entiende el trabajo como un espacio de juego responsable, donde el respeto y el compromiso son innegociables.

Estudias cinematografía mientras trabajas. ¿Contemplas la dirección como horizonte creativo o tu apuesta es consolidarte como productora ejecutiva con visión autoral?
Mi apuesta es consolidarme como productora. Me interesa seguir siendo puente para materializar ideas creativas y acompañar procesos hasta convertirlos en resultados extraordinarios.

¿Qué estrategias concretas recomendarías a jóvenes que aspiran a profesionalizarse sin reproducir esa narrativa de precariedad?
Vengo de una familia humilde y eso nunca fue un obstáculo. Existen múltiples vías de formación gratuita o de bajo costo: mi base viene de instituciones públicas como la ENAD y la UASD. Todo depende de la disposición a formarse y crecer. Hay una idea que me repito constantemente: no es tu responsabilidad nacer en precariedad, pero sí lo es quedarte en ella. No podemos victimizarnos; hay que tocar puertas, y si es necesario, romper algunas de ellas.

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