Miguel D. Mena es un reconocido editor, hacedor de cultura y difusor de la literatura dominicana tanto en nuestro país como en Europa, se caracteriza además por un trato afable, jamás abandona la sonrisa que es una característica de su actitud afable y, como todo hombre interesado en producción literaria dominicana, recibe cada libro que se le acerca con un actitud abierta, se interesa por las personas que escriben y siempre tiene una palabra de aliento, pero detrás de esa actitud amable y sonriente, hay un conocedor y lector incansable, como también un hombre que no teme a los desafíos.
¿A qué te dedicas concretamente?
Yo fundamentalmente soy editor y dirijo el proyecto Cielo Naranja, que este año cumple sus primera cuatro décadas, nos dedicamos fundamentalmente a rescatar las obras literarias de autores dominicanos, a recuperar obras de la literatura clásica dominicana, de impulsar autores modernos, hemos publicado doce tomos de estudios sobre Pedro Henríquez Ureña y una serie de monografías sobre otros autores más actuales como Rita Indiana, Fabio Fiallo, Junot Díaz y desde hace cuatro o cinco años tenemos una biblioteca cubana y una biblioteca puertorriqueña, sobre autores como Eugenio María de Hostos, con esta actividad queremos organizar un encuentro en el que los amigos se encuentren, porque aquí no hay lugares que los escritores frecuenten, no celebran sus cumpleaños porque los escritores son tacañísimos además.
¿Cuál es tu profesión?
En realidad yo soy sociólogo, me gradué en la UASD en 1987, pero me he interesado por el urbanismo más recientemente, lo que yo hago es sociología de la arquitectura, que es una disciplina dentro de la sociología que se plantea la construcción del espacio urbano dentro de una dimensión social, hice también un doctorado en la Universidad Libre de Berlín, esta visión de la sociologías es pensar la ciudad, yo vivo en Berlín y estoy constantemente viajando a República Dominicana no solo porque acá están mis raíces sino también porque lo que me interesa es rescatar las obras de nuestros autores, además de los que ya te mencioné Janett Miller, por ejemplo…
¿Cómo fue tu acercamiento a la literatura?
Comenzó desde niño, primero mi interés por entender esos signos que eran la escritura, la fascinación de aprender a leer y cuando aprendí a leer también estaba la pasión por acercarme a las historias de los viejos, que a veces eran muy fantásticas, y así continué estableciendo desde muy joven una red de amigos interesados en la lectura y en los libros, y esto es una cosa que nunca he dejado de hacer. He trabajado también como diplomático durante 17 años, entre Berlín y Santiago de Chile, y en ese tiempo he rescatado. He trabajado en la recopilación de las obras de Pedro Henríquez Ureña, ya llevamos catorce tomos y también de otros poetas como Franklin Mieses Burgos, Juan Sánchez Lamouth, José Joaquín Pérez Salomé Ureña, entre otros.
¿Cuáles son tus lecturas favoritas?
Me gusta leer de todo, pero leo fundamentalmente a mis amigos, ahora leo mucho a una poeta llamada Thais Espaillat, me encanta la obra de Homero Pumarol, creo que es uno de los autores básicos, y después, en cuanto a literatura en general me encanta la obra de (Franz) Kafka y Nietzche… César Vallejo me parece que es el más esencial los latinoamericanos, y después Eliseo Diego, un cubano que a mí me ha tocado mucho.
¿Cómo surge Cielo Naranja?
Cielo Naranja surge como una inquietud, es decir, libros que a mí me hubiera gustado tener y que ya no se editaban o que estaban mal editados, mal hechos incluso, y entonces me puse a hacer el trabajo de armarlos, de darles forma y de editarlos de una manera que se pudieran leer bien, que fueran ediciones que valieran la pena leer, que tuvieran un formato como a mí me gustaba, ese fue el principio de Cielo Naranja.
¿Hay algún descubrimiento importante que hayas hecho en tus recorridos por bibliotecas del mundo?
Se puede decir que sí, yo he recuperado un texto de Borges en el que Borges hace una reseña de una obra de Pedro Henríquez Ureña, ese texto no figura en las obras completas de Borges, porque originalmente se publicó en un periódico, y las pocas copias que se conservaban estaban tan mal que seguramente el editor de esas obras completas la desechó por eso. Yo lo recuperé, lo leí y releí muchas veces, conseguí reconstruirlo, imagínate, cómo te suena que un dominicano consigue recuperar una obra casi desconocida de Jorge Luis Borges, ahí Borges discute con Pedro Henríquez Ureña el concepto de la expresión, porque precisamente el primero que habla de una cultura latinoamericana en América Latina es Pedro Henríquez Ureña, originalmente el editor fue el mismo editor de la obra de José Carlos Mariátegui, el texto de Borges que yo rescaté fue publicado recientemente por un intelectual argentino muy reconocido que se llama Daniel Link.
¿Tú crees que hay una especie de malsana o envidiosa competencia entre los escritores y los intelectuales dominicanos de este tiempo?
No es competencia, es más bien una especie de evitación, una falta de diálogo y una falta de comprensión de lo que es el otro. En Buenos Aires por ejemplo, tú te vas a un café y todo el mundo está hablando, la gente se junta, discute, se lee, se critica y nadie toma una crítica como una descalificación. Aquí los escritores en su mayoría somos pobres, me incluyo, y la mayoría es un poco arribista, nadie invita a su casa, algunos son expobres que ahora tratan de aparentar que tienen más, entonces tampoco te invitan a su casa porque tienen miedo de que se note que alguna vez fueron pobres, esa es una de las características o la causa de la falta de diálogo.
¿Qué consejo les darías a los jóvenes que están comenzando el camino de la literatura?
Primero que se empapen de realidad, que vayan a los barrios, que vayan a la playa, que hablen con la gente, que traten de volcar eso en un papel y después, seguramente la literatura vendrá por añadidura, y será una literatura más real que la que se puede imaginar o inventar entre cuatro paredes.
Editorial
Cielo Naranja surge como una inquietud, es decir, libros que a mí me hubiera gustado leer y ya no se editaban (..) me puse a armarlos y editarlos”
