“Mi deseo es seguir contribuyendo a que crezca la literatura dominicana”

Ericarol siempre sintió curiosidad por la vida de su bisabuelo, que emigró desde Santa Domenica Talao, un pequeño pueblo de Italia, y por la historia de sus hijas, todas con nombres de países y criadas por él. Esa imagen le intrigó desde siempre, y es a partir de ahí que surgió en ella la semilla que luego se fue desenrollando como un hilo narrativo hasta convertirla en una novela que lleva por nombre “Las hijas de Enrico Russo”. “Mis novelas suelen tener personajes femeninos que buscan libertad, y este libro no es la excepción. Quería explorar qué significa romper con el orden establecido, especialmente en una ciudad como Santiago de los Caballeros donde todo el mundo cree conocerse, pero los secretos abundan”, subrayó la escritora dominicana.

¿Qué importancia tiene formar parte de una comunidad de autoras en República Dominicana?
Estamos en un momento clave. República Dominicana sí lee, sí escribe y está llena de talento. Necesitamos más espacios sin egos ni poses, donde podamos crecer juntas. La comunidad literaria femenina debe consolidarse ahora, porque lo que estamos haciendo tiene fuerza, propósito y mucho futuro.

¿Desde tu experiencia, cómo definirías el panorama editorial dominicano?
Hay mucho talento y un deseo genuino de contar historias. Lo que aún nos falta es un sistema eficiente de distribución que permita que los libros lleguen a todas las librerías del país, sin excepción. Esa ausencia limita el alcance de muchas obras valiosas. Además sería de gran ayuda que las librerías y los clubes de lectura apoyen con más intención a los escritores dominicanos, que resalten nuestras obras en sus redes sociales con mayor constancia y entusiasmo, dando visibilidad a los libros locales que ya forman parte de su catálogo o que acaban de llegar.

¿Qué tan difícil es lograr visibilidad y sostenibilidad como autora hoy?
Tal vez soy ingenua, pero creo que la visibilidad está al alcance si salimos de la caja y buscamos formas creativas de darnos a conocer. Hay que trabajar todos los días en eso, invertir tiempo o recursos, o encontrar maneras orgánicas de hacerlo. La sostenibilidad, por otro lado, requiere persistencia. Muchas personas se rinden si su primer libro no tiene el impacto esperado, pero como dijo Junot Díaz en el Festival Mar de Palabras: “Si tú no defiendes tu libro, nadie más lo hará por ti.” Y tiene toda la razón.

¿Sientes que hay una nueva ola de voces femeninas emergiendo en la literatura nacional?
Sí, sin duda. Siempre estuvimos ahí, pero ahora la ola se ha convertido en un tsunami. Las escritoras dominicanas estamos alzando la voz con fuerza y desde múltiples perspectivas. No es una moda, es que nos atrevimos. Es un movimiento legítimo y potente.

¿Enrico Russo es el personaje central de tu tercera novela, qué representa para estas hijas y para ti como autora?
Simboliza el patriarcado y sus heridas sin sanar. Es un hombre marcado por su pasado, que transmite esas cicatrices a su descendencia. Para sus hijas, es un protector… a veces en exceso. Para mí, representa a mi bisabuelo Enrico Sassone, a quien no conocí, pero cuya presencia fue constante en las historias familiares. Esta novela fue mi forma de sanar algo con él, de reconstruir su figura desde la ficción, y al mismo tiempo hacerle un homenaje. Su dualidad, la del hombre severo pero amado me pareció fascinante para explorar literariamente.

¿Qué fue lo más desafiante de narrar un drama familiar?
Curiosamente no lo sentí como un desafío, la historia fluyó con naturalidad, como si ya estuviera escrita en algún lugar dentro de mí. No tuve que forzar giros ni planificar demasiado; simplemente dejé que se contara sola.

¿Escribiste esta historia para un público en específico?
No pensé en un público específico cuando la escribí, solo quería contar esta historia desde el amor a mis raíces. Sin embargo, la recepción ha sido muy variada. Tanto hombres como mujeres se han sentido tocados por ella. Creo que conecta especialmente con quienes disfrutan de personajes intensos, de historias familiares, de secretos, y de procesos de transformación. Es una novela que atrapa, pero también que invita a mirar hacia dentro, hacia lo que heredamos y lo que elegimos transformar.

Esta es tu tercera novela de ficción, ¿qué diferencia sientes con respecto a tus obras anteriores?
Siento que esta novela está más acabada, más sólida. Hay una madurez como escritora que se percibe en cada página. Me tomé el tiempo necesario para contar esta historia como debía contarse, sin apuros, con más conciencia del oficio.

Además de escribir, acompañas a otras autoras dominicanas en sus procesos de publicación ¿Qué te motivó a asumir este rol?
Publicar mi primer libro fue un regalo para mí. El proceso fue sencillo, transformador y hermoso. Me cambió la vida. Desde entonces, he querido que más mujeres vivan esa experiencia. Me siento muy orgullosa de haber acompañado ya más de 25 publicaciones, entre propias y de otras autoras. Es un legado que me llena de alegría.

¿Qué tipo de necesidades y bloqueos encuentras con más frecuencia en las mujeres que asesoras?
El bloqueo más común es la creencia de que no tienen tiempo o dinero. Pero en realidad, lo que hay es miedo. Miedo a mostrarse, a creer que sus historias no importan. Se sabotean sin saberlo. Yo les recuerdo siempre que todos tenemos un libro dentro… solo hay que dar el primer paso. Acompañadas o no, pero darlo.

¿Qué esperas que el lector se lleve al cerrar Las hijas de Enrico Russo?
Espero que al cerrar el libro, el lector piense en sus raíces, en sus abuelos y bisabuelos, en esas generaciones que nos precedieron. Que encuentre en la historia un llamado a sanar heridas familiares a través del reconocimiento y la gratitud. A las mujeres que aún no se atreven a contar su historia, les diría que no tengan miedo. Que sus ideas importan, que sus palabras tienen valor. Esas historias pueden sanar, inspirar y acompañar a otras. Y eso es algo invaluable.

Opinión
Estamos en un momento clave. Nuestro país sí lee, sí escribe y está lleno de talento. Necesitamos más espacios sin egos ni poses, donde podamos crecer juntas”.

Consideración
La comunidad literaria femenina se debe consolidar ahora, porque lo que estamos haciendo tiene fuerza, propósito y mucho futuro”.

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